Opinión Nacional

El gran traidor al descubierto

Nada más que ver. Nada más que oír. Varios días consecutivos de discursos, actos, amenazas, mentiras y exageraciones con el fin de cambiar la historia de cuanto sucedió entre el 11 y el 13 de abril de 2002 mostraron de cuerpo entero la verdadera naturaleza del régimen y la enfermiza personalidad de quien lo preside. Un hombre que traicionó su juramento militar al salir de la Academia, golpista y subversivo de profesión, comunista emboscado en las sombras de las sucesivas conspiraciones en las que ha estado envuelto. Traicionó la Constitución “moribunda” del 61 sobre la cual juró al asumir en 1999. También la “más perfecta Constitución del mundo”, según sus propias palabras, promulgada ese mismo año y hecha sobre la base de sus caprichos y desviaciones. Ya no se trata de simples aunque sistemáticas violaciones al orden jurídico. En estos días se decretó formalmente la muerte del Derecho como instrumento para regular la vida en sociedad, las relaciones entre los ciudadanos y las de estos con el estado-gobierno. Hugo Chávez acabó formalmente con el constitucionalismo en Venezuela. El desmoronamiento institucional de la República viene siendo la lógica consecuencia de la gran traición. Somos el reino mundial de la ajuricidad. El camino hacia la tiranía abierta está despejado. Es una tragedia enorme, pero tengo la convicción más plena de que estamos al principio del final del drama.

Este hombre, enfermo de tiranía, está más solo que nunca. Cada día representa menos a la nación. Pero, que aislado de la realidad luce en medio del poder que detenta. ¡Que engañosas pueden ser esas multitudes artificiosas que parecen respaldar cuando en realidad aíslan, que simulan fervor pero son una barrera infranqueable que impide al poderoso escapar! De tantas trampas y maniobras de su autoría es incapaz de detectar las que tiene a su alrededor en las que está cayendo peligrosamente. La soledad de Chávez ha sido patética por estos días, como patético empieza a ser él mismo. No confía en nadie y nadie puede confiar en él. Nada le funciona. Bajo su mando solo brillan la ineficacia y la espantosa corrupción del presente. En sus presentaciones públicas, enjaulado por múltiples anillos de seguridad, rodeado de militares y paramilitares, uniformados o no, a los cuales apela en búsqueda de la lealtad perruna que sabe ausente entre los verdaderos profesionales de las armas, trata de aparentar fortaleza disimulando sus enormes temores con groseros desplantes que no solo reflejan vulgaridad y mal gusto sino también una inseguridad que lo hace dormir peor que de costumbre. Está entrampado. Él lo sabe.

Venezuela se desmorona. Desaparece como república democrática. Cuanta tristeza nota uno en el ciudadano común ante la perspectiva anunciada de una presidencia vitalicia para el señor Chávez. Intentará todo. Violencia y represión. El pueblo lo considera un gran fraude. La noche ha sido larga. Pronto amanecerá.

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