Opinión Nacional

El infierno del presidente

La Biblia menciona un sitio llamado infierno para describir el lugar donde se cree van a parar las almas de los impíos. Su nombre fue tomado de los crematorios de desechos inorgánicos de las ciudades pobladas de la época. Es así como surge entre la gente la idea del infierno que recoge la Biblia. Pero la misma Biblia apunta también, que ese infierno fue creado para el inmortal diablo y sus ángeles, razón por la que se emplea la figura de los crematorios urbanos por ser lugares donde el fuego nunca se apaga y el humo tampoco se extingue.

Partiendo de esta égida, el infierno tan temido por los religiosos, puede hallarse paralelamente ubicado en algún lugar de la III, IV o V dimensión humana, o en el estado mental o espiritual del individuo. De allí que, el presidente, bajo sus actuales circunstancias, pueda estar viviendo su propio infierno, y al que lo tienen sometido las autoridades cubanas con la anuencia del gobierno venezolano y de su propia familia. Porque, para alguien como Chávez, debe resultar un triple infierno tener que permanecer secuestrado, entubado tal vez en contra de su voluntad, y sometido a las erróneas decisiones de terceros. Es un tormento físico, mental y moral, que no le permitirá descansar como él hubiese deseado.

Pienso que Chávez a pesar del gran amor que le profesó a Fidel y a la Cuba comunista, habría preferido morir en su propio país, rodeado de su familia y de su gente, en un chinchorro y con las alpargatas puestas. Por ello me atrevo a asegurar que el presidente está viviendo su propio infierno, por haberle confiado a esos indoctos la suerte de su propia vida. Yo habría escogido estar en sus zapatos pateando la mesa, pero jamás en su lecho de enfermedad dando pataditas de ahorcado. Su familia, si no quiere vivir con esa carga moral por el resto de sus días, debe exigirle a los Castros que le devuelvan su enfermo, y a los imberbes de Maduro y Cabello, a que lo transporten de inmediato a su país de origen. Tal vez recobre el aliento y haga un llamado a la paz y a la concordia, y desenmascare a sus traidores.

Cualquiera sea el giro que tome su desgobierno a partir del 10 de enero, en manos de Maduro o de Cabello, eso no le devolverá la salud ni la vida al presidente. Sus herederos del poder en Venezuela, y su beneficiario principal en Cuba, saben de antemano que no podrá levantarse a caminar, ni correr, ni hablar, mientras lo mantengan secuestrado y amordazado para esconder la cruda realidad que rodea su enfermedad. De producirse un desenlace fatal, habrá que exhumar su cadáver, tal como hicieron con el libertador Simon Bolívar, para saber si murió enfermo o envenenado.

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