Opinión Nacional

El libro en la historia

La más antigua escritura que conserva la especie humana es una tablilla de arcilla donde se esculpían signos en forma de cuña que luego eran cocidas en hornos y puestos al sol hasta que secara y de esta manera se obtenía una modalidad de escritura que la paleografía histórica ha denominado escritura cuneiforme. Ello sucedió aproximadamente en el siglo IV antes de nuestra era en el Sur de la antigua Mesopotamia. En el principio las grafías que se representaban en estas tablillas de barro aludían a pictogramas que se referían a objetos, formas de animales o a alguna parte del cuerpo humano por ejemplo. Posteriormente, con el devenir de los siglos, la escritura como todo organismo vivo y dinámico pasó a expresarse bajo la modalidad de ideogramas. Los chinos y los egipcios fueron grandes exponentes de esta singular forma de escritura. En la India, e incluso en Indochina, se utilizó la corteza de árboles y las palmeras como soporte para la elaboración de formas artesanales y primarias de lo que hoy conocemos como el libro en tanto objeto de transmisión de conocimiento. Los griegos y los romanos usaron tablillas de madera ( dealtatae) o recubiertas de una cera especial (ceratae) que permitía su utilización varias veces; pues la ductilidad de la cera permitía el borrado para volver a escribir sobre la superficie nuevamente. Ya en el siglo III ( a.C) el papiro sustituyó a la arcilla como soporte ideal para contener los caracteres escriturales y aunque endeble y altamente frágil por su poca resistencia a la humedad; el papiro adquirió rápidamente una difusión impresionante por toda el Asia Menor, Asiria, Babilonia, sumeria, los pueblos Caldeos y el antiguo Egipto. Las tiras de papiro que se conservan en la actualidad tienen un máximo de largo de unos 40 metros y están bajo custodia del Museo Británico. El salto histórico que representó la sustitución del papiro por el pergamino no tiene precedentes en la evolución espiritual de la humanidad. El mayor auge del pergamino se alcanzó aproximadamente en el siglo II y III ( d.C). Su origen, como su nombre lo indica, se atribuye a que fue elaborado por primera vez en la ciudad de Pérgamo. El pergamino se confeccionó con pieles de animales que eran cuidadosamente tratadas, plegadas en forma de pliegues y cosidas en forma apropiada para tales fines. Los códices más antiguos están escritos en finos pergaminos contentivos de escrituras sagradas y existen evangelios que se conservan en estos soportes que antecedieron al libro en su largo y complejo devenir histórico. La escritura romana debe su nombre a la capital del Imperio hacia el siglo II y III (después de Cristo) y sirvió para conservar los capita o iniciales de los capítulos de los primeros códices latinos.

El ha significado para el homo sapiens un indescriptible y poderosísimo instrumento de hominización de la especie; a tal punto que los seres humanos no sabríamos qué hacer si tal objeto no hubiese evolucionado con la portentosa rapidez con que lo ha hecho la humanidad hasta el presente. ¿Estaríamos, acaso, en la edad de hierro planetaria? Recientemente el joven ensayista y poeta venezolano Fernando Báez ha realizado un aporte sustantivo al desarrollo cultural de la humanidad con su maravillosa obra: Historia Universal de la destrucción de libros: de las tablillas creto-micénicas al libro electrónico. Libro que tuve el privilegio de leer y corregir a petición de su autor cuando tan solo era un manuscrito que estaba en proceso de escritura.

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