Opinión Nacional

El mendigo del Caribe

Desde su ascenso al poder, Fidel Castro se ha destacado sólo en tres cosas: por la brutal represión a la que ha sometido a su pueblo durante cuarenta y pico de años, por su hambre insaciable de aduladores y jalabolas que ensalsen sus infinitas virtudes de dictador alucinado y megalómano y, lo más importante, por esa capacidad increible de mendigo que le ha servido para vivir por años de la caridad internacional, de una izquierda siempre solidaria con el dinero ajeno. Eso y no otra cosa es Castro: un brutal represor, un megalómano y un mendigo. Todo lo demás, toda esa mitología barata sobre la Revolución y sobre la supuesta dignidad de un pueblo que hace muchos años ya que no recuerda que carajo es lo que esa palabra significa, todo eso no es más que propaganda barata, esa con que la izquierda siempre ha alimentado el resentimiento y la ignorancia en nuestro continente. Porque si la derecha ha sido racista y clasista, la izquierda no ha sido otra cosa que resentida e ignorante.

Ahora bien, da tristeza ver al pueblo de uno seguir el mismo «mar de la felicidad» que siguiera el pueblo cubano en el pasado. Da tristeza verlo atrapado bajo el encanto de un aprendiz de sátrapa, rindiéndole pleitecía a otro, decano de todos. De verdad, da tristeza. Quiero pensar que buena parte del país rechaza esta indigna situación; que algo de dignidad queda aún entre mis compatriotas; suficiente para aborrecer y sentir náuseas ante el espectáculo deprimente de dos dictadores que se reunen para una sesión de melcocha, de mutua adulación.

No obstante, la verdad no es otra que esta: en Chávez, Castro finalmente ha conseguido otro bolsillo lleno que desflorar, en cuenta de su Revolución eterna y universal. Despues de todo, desde que a causa de Gorbachov perdiera la teta ilimitada de la fenecida URSS, no le ha quedado otra que rendir su duro trasero a la patada inclemente del capital internacional del turismo, que ha vuelto a hacer de Cuba la letrina y el burdel del Caribe, una vez más.

Pero, bueno, es cierto que dicutir el asunto es estéril, como bien dijera el «poeta de la revolución». Ellos tienen el poder, y harán lo que les venga en ganas con él, incluida la calistenia genital con todos los dictadores del mundo, siempre y cuando hayan sido ungidos con el rojo sangre del resentimiento.

En fin, creo que esta noche derramaré algunas lágrimas por mi país, una por cada día que albergue al mendigo del Caribe; aunque creo que serán muchas las que derramaremos todos hasta que despertemos de esta pesadilla en la que irresponsablemente nos hemos metido. Dios quiera que así sea.

El mendigo del Caribe

Samuel Sotillo Hermoso

Viernes, 27 de octubre de 2000

Desde su ascenso al poder, Fidel Castro se ha destacado sólo en tres cosas: por la brutal represión a la que ha sometido a su pueblo durante cuarenta y pico de años, por su hambre insaciable de aduladores y jalabolas que ensalsen sus infinitas virtudes de dictador alucinado y megalómano y, lo más importante, por esa capacidad increible de mendigo que le ha servido para vivir por años de la caridad internacional, de una izquierda siempre solidaria con el dinero ajeno. Eso y no otra cosa es Castro: un brutal represor, un megalómano y un mendigo. Todo lo demás, toda esa mitología barata sobre la Revolución y sobre la supuesta dignidad de un pueblo que hace muchos años ya que no recuerda que carajo es lo que esa palabra significa, todo eso no es más que propaganda barata, esa con que la izquierda siempre ha alimentado el resentimiento y la ignorancia en nuestro continente. Porque si la derecha ha sido racista y clasista, la izquierda no ha sido otra cosa que resentida e ignorante.

Ahora bien, da tristeza ver al pueblo de uno seguir el mismo «mar de la felicidad» que siguiera el pueblo cubano en el pasado. Da tristeza verlo atrapado bajo el encanto de un aprendiz de sátrapa, rindiéndole pleitecía a otro, decano de todos. De verdad, da tristeza. Quiero pensar que buena parte del país rechaza esta indigna situación; que algo de dignidad queda aún entre mis compatriotas; suficiente para aborrecer y sentir náuseas ante el espectáculo deprimente de dos dictadores que se reunen para una sesión de melcocha, de mutua adulación.

No obstante, la verdad no es otra que esta: en Chávez, Castro finalmente ha conseguido otro bolsillo lleno que desflorar, en cuenta de su Revolución eterna y universal. Despues de todo, desde que a causa de Gorbachov perdiera la teta ilimitada de la fenecida URSS, no le ha quedado otra que rendir su duro trasero a la patada inclemente del capital internacional del turismo, que ha vuelto a hacer de Cuba la letrina y el burdel del Caribe, una vez más.

Pero, bueno, es cierto que dicutir el asunto es estéril, como bien dijera el «poeta de la revolución». Ellos tienen el poder, y harán lo que les venga en ganas con él, incluida la calistenia genital con todos los dictadores del mundo, siempre y cuando hayan sido ungidos con el rojo sangre del resentimiento.

En fin, creo que esta noche derramaré algunas lágrimas por mi país, una por cada día que albergue al mendigo del Caribe; aunque creo que serán muchas las que derramaremos todos hasta que despertemos de esta pesadilla en la que irresponsablemente nos hemos metido. Dios quiera que así sea.

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