Opinión Nacional

El metiche caribeño

El intruso de Fidel Castro alerta al presidente de los E.U., sobre un posible río de sangre o guerra civil en Venezuela, en caso de que Obama aliente la salida de Chávez del poder. Pues, bien, ese río de sangre ya lo tenemos los venezolanos desde el 99 cuando Chávez asumió el poder. ¿Acaso les parece poco el baño de sangre del 11 de abril del 2002? ¿Y la astronómica cifra de homicidios hasta la fecha, acaso no cuenta?

Este metiche que desde el 59 viene sistemáticamente fusilando a decenas de miles de adversarios y empujando al exilio a cientos de miles de cubanos; qué en el 62 puso en vilo la paz del continente por querer sembrar la isla con misiles nucleares provenientes de Rusia, y que en el 67 invadió nuestras costas con el apoyo de los comunistas de la región, y en el 73 orquestó el asesinato del presidente Salvador Allende, no tiene moral ni mucho menos autoridad para advertirle a nadie lo que pueda suceder en Venezuela en el futuro inmediato, a no ser que desde Cuba tengan ya diseñado el cronograma de la revuelta civil para nuestra nación. No tendría nada extraño.

En el país, por arte y magia del seudo comunista Chávez, hay no menos de 100.000 cubanos apostados en territorio patrio, listos para obedecer a una orden que les llegue de Miraflores o de la propia isla, tal cual como los Castros planearon hacerlo en chile en donde la contrarrevolución les salió al encuentro.

Este asesino kagalitroso con licencia para invadir, matar y saquear a la nación, lo que le preocupa, no es el río de sangre que ya lo tenemos, sino el chorro de petróleo que se le va a cerrar a Cuba cuando Chávez pierda el poder en Venezuela.

El río de sangre donde puede producirse es en cuba, como estos pillos no hallen pronto a otro pendejo a quien esquilmar. Chávez y sus secuaces irrumpieron violentamente contra el Pacto Social en Venezuela, que desde el 58 aseguraba precisamente la alternabilidad en el poder y alejaba el fantasma del golpe y de las dictaduras militares y comunistas en la región. Al no existir ahora sino un juramento de guerra a muerte entre los golpistas, es entendible que no duerman pensando que los van a madrugar en cualquier momento. Esa pesadilla tampoco deja dormir a los monarcas de Cuba, que llevan 53 años usufructuando el poder sobre una montaña de cadáveres y presos políticos.


 
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