Opinión Nacional

El pájaro de Neruda

Valparaíso es el puerto más importante de Chile, y hasta que apareció el Canal de Panamá fue la ciudad más importante de Chile. Más que Santiago. Hoy podrá haber perdido algo de esa importancia, pero nada de su belleza y su interés, con sus funiculares, sus casas de madera, sus calles retorcidas que adornan los cerros y su hermosa vista del Océano Pacífico. Tal como La Guaira, no tiene partida de nacimiento. Se hizo de hecho y sin las ceremonias que usaban los españoles para fundar pueblos y ciudades, aunque se sabe, o se supone, que el primer español en establecerse allí fue Juan de Saavedra en 1576, treinta y cinco o treinta y seis años después de que Pedro de Valdivia llegara al valle de lo que hoy es Santiago y en un cerro que se llamaba Huelén, y hoy se llama Santa Lucía, fundó con todas las de la ley la ciudad que hoy es capital de Chile,
Allí en los cerros de Valparaíso, en un recodo cualquiera, está “La Sebastiana”, una de las tres casas del poeta Pablo Neruda (las otras son “Isla Negra”, al sur, y “La Chascona”, en Santiago). La casa recibió el nombre por el gallego que la construyó inicialmente, a quien el poeta y unos amigos se la compraron. Hoy es una unidad, pero inicialmente los amigos tenían parte del primero y del segundo piso, que al convertirla en museo en 1992 se integraron del todo al resto de la casa, a ese resto en el que está, marcadísima, la personalidad de Neruda.

Es un pequeño edificio de varios pisos y muchos colores, escaleras y rincones, integrado, como todo Valparaíso, a la pendiente. La vista desde ella es preciosa. Al pie está el puerto, luego la bahía y al otro lado, Viña del Mar, la ciudad de descanso de los habitantes de Santiago, pero que tiene su propia vida y su propio ritmo.

El poeta y Matilde, su mujer, ocupaban “La Sebastiana” a ratos, especialmente en las noches de Año Nuevo para ver los fuegos artificiales, que se lanzan desde las embarcaciones que ocupan la bahía. A veces también la usaban para descansar, sin recibir sino a los más íntimos amigos, sobre todo después de que le fuera otorgado el Premio Nobél, cuando en Santiago o en Isla Negra lo acosaban los periodistas y los curiosos.

Muchos son los detalles nerudianos de la casa. En el primer piso, por ejemplo, llama la atención la chimenea diseñada por el propio Neruda, que parece un barril y recibió del poeta el nombre de “tinaja de humo”, y cerca de ella hay un caballito de madera, un mecedor para niños, que recuerda que todo buen poeta conserva dentro de sí alma de niño. Más arriba hay un gran “bar”, una barra que impresiona por su tamaño. Cuentan que Neruda personalmente se instalaba allí a preparar sus cócteles (de varios de ellos dejó recetas escritas y en la barra hay una, de uno llamado “Coquetón”, que es una excelente muestra de humor terrenal). Hacia fuera, en el sitio desde donde se disfruta la mejor vista, está la mesa en donde el poeta escribía, y sobre ella, un coro-coro, un ibis rojo, embalsamado. Más arriba está el dormitorio con su enorme cama de cabecera de bronce, desde donde la vista es preciosa. Dicen que a Neruda no le gustaba en realidad navegar, sino ver el mar desde la distancia, y desde allí debe haber disfrutado enormemente. El baño ocupa buena parte del piso, y está dividido en secciones. Hay también un espacio en donde tenía muy pocos libros, porque no iba a Valparaíso a leer, sino a contemplar el paisaje. La puerta que comunica el dormitorio con la terraza está tapizada con un gran retrato de Walt Whitman, y en los folletos que entregan a los visitantes narran que “Cuando la estaba encuadrando, el carpintero le preguntó si era ‘la foto de su papá’ y Neruda, después de titubear un instante, le contestó: ‘Sí, es mi papá… en la poesía’ ».

Pero debo confesar que lo que más me impresionó de “La Sebastiana” fue el pájaro disecado que cuelga encima de la mesa. Me llamó la atención que un hombre de la sensibilidad de Neruda aceptara el espectáculo de un pájaro muerto. Y me llamó la atención que el pájaro muerto viniera de las costas de Falcón, en Venezuela. Y me hizo pensar: Chile se ocupa de sus poetas, y hace museos de sus casas, y por eso tiene dos Premios Nobél y dos Premios Cervantes. Chile tiene gobiernos excelentes, como el de Ricardo Lagos y el de la señora Bachelet. Venezuela ignora a sus poetas, y tiene un gobierno pésimo, que daña a todos los venezolanos. Y hasta a los pájaros.

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