Opinión Nacional

El paquete socialista

El Gobierno Nacional -después de su reelección-, comenzó el año anunciando una serie de medidas destinadas a profundizar el proceso de cambio socialista iniciado en Venezuela; a partir de 1999. El paquete gubernamental nos ofrece un contenido diverso de opciones “bien intencionadas”, discutibles y de relativa novedad en el campo de las decisiones públicas.

El estatismo se ofrece como un primer referente del paquete socialista. El modelo de desarrollo venezolano ha sido tradicionalmente estatista. Con los anuncios oficiales, no nos queda duda, que esa tendencia se acentuará de ahora en adelante. La Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV), ha sido una de las primeras sentenciadas; así también la Electricidad de Caracas (EDC), la no renovación de la concesión al canal independiente Radio Caracas Televisión y últimamente, la anunciada expropiación de un pequeño aeropuerto privado aledaño al Área Metropolitana de Caracas, son claros y categóricos indicios de la particular visión que tiene el “núcleo pensante” del gobierno, del papel del Estado en la Venezuela del siglo XXI.

El centralismo es otro de los componentes del “paquetón socialista” anunciado en las primeras de cambio del presente año. Y es que, para la cúpula gobernante la descentralización del poder y de la toma de decisiones resulta una situación ¿intolerable? para los supremos intereses de la revolución. De allí que, resulte incompresible para una “racionalidad geométrica”, la existencia de una amplía diversidad de municipios en el país, unos pequeños y otros grandes, más o menos poblados, rurales y urbanos, autónomos, culturalmente integrados y con posibilidad de elegir libremente (hasta el presente) sus autoridades.

En nuestro país, el desarrollo fue abordado durante siglos desde un punto de vista centralista y concentrador, con muy escasos resultados satisfactorios en el ámbito regional. Pues bien, ahora resulta que, pese a los logros innegables del proceso de descentralización emprendido en el país desde 1989, se pretende impulsar de nuevo el centralismo.

Otra muestra adicional del paquete es la concentración del poder que se propicia; mediante el proceso habilitante. La delegación de facultades legislativas en el Ejecutivo Nacional de parte de la Asamblea Nacional está programada para un largo período, de año y medio y previo además a la realización de una reforma constitucional; y coloca en una situación de precariedad absoluta la división formal de los poderes, que aún se mantenía en el país. En nuestra opinión, de la combinación del enfoque centralista prevaleciente en el ejercicio del poder, con este largo proceso de “delegación legislativa”, no puede esperarse una mayor apertura en el diseño, ejecución y control ciudadano de las políticas gubernamentales.

La propuesta de organización del partido único para los militantes del oficialismo es también parte del paquete. Y al revisar, la historia de grandes revoluciones conseguimos la existencia de un partido único, que dirige al pueblo (y que termina sustituyéndolo) en la conducción de tales procesos. Y aquí, al parecer no podía faltar ese icono. A principios de esta década ya el gobierno, anunciaba la creación del “Comando Supremo de la Revolución” como un intento de darle la dirección adecuada al proceso revolucionario. Ese comando supremo fracasó. Ahora el partido único o unificado (en su denominación ligera) es un nuevo intento del Presidente Chávez para consolidar el control sobre la actividad de sus operadores políticos.

El otro componente del paquete socialista, es la ideologización del pueblo venezolano. Se trataría de impregnar de la utopía socialista a cada uno de los habitantes del país; mediante un proceso de adoctrinamiento masivo. La educación popular es un claro intento de homogeneizar el pensamiento de los venezolanos y venezolanas. Y este componente resulta vital para los planes de largo plazo del gobierno nacional. De todos son conocidos, los reiterados intentos oficiales por consolidar un criterio de aceptación unánime sobre su gestión; empero también es público y notorio sus reiterados fracasos en torno a este propósito. Lo que ocurre es que el equipo de gobierno no termina de entender y aceptar que Venezuela es una nación plural y con un gran arraigo liberal y democrático.

¿Es qué acaso ahora los venezolanos y venezolanas tendremos que estudiar al marxismo del siglo XIX y sus múltiples desarrollos posteriores de carácter leninistas, trotskistas, estalinistas e incluso maoísta? ¿Será qué tendrán que desempolvarse aquellos viejos manuales ideológicos chinos o soviéticos, que traían en la segunda página una foto autografiada del Presidente Mao o de Lenín; según la casa editorial? No cabe duda que, el substrato ideológico del paquete socialista, contiene una visión nostálgica de algunos pensadores socialistas europeos, con una visión euro-centrista del mundo y de la civilización. Quizás el ardid de presentar a nuestro Libertador Simón Bolívar, como uno de los precursores del “socialismo científico”, sea un intento por mercadear mejor las añejas teorías revolucionarias europeas en el pueblo venezolano. Craso error, porque con la historia no se juega.

El paquete socialista marca también unos lineamientos en el campo internacional, donde el anti-norteamericanismo y la alineación con el gobierno cubano reciben una alta valoración en el seno del “núcleo directivo” oficial. En ese mismo esquema, se han establecido y consolidado alianzas con otros países ideológicamente cercanos como Bolivia e Irán, este último en un marco extra-continental. La política exterior socialista descansa en el manejo estratégico y audaz de una bonanza fiscal petrolera, que encierra dialécticamente terribles debilidades y dependencias.

La suma de los componentes del paquetón socialista apunta hacia el establecimiento en nuestro país, de un modelo de “democracia formal” cada vez más restringida, donde el desempeño preponderante del Estado en la economía sería fundamental; al igual que el control ideológico-político del pueblo y expresiones asociativas. Y no cabe duda, que desde el alto gobierno se ha trabajado y se trabaja con tesón en función de ese “proyecto revolucionario”. Por supuesto, que la implantación de esta serie de medidas tendrá un alto costo político, económico y social, que quizás la nueva elite gobernante no haya previsto o simplemente no le interese ponderar. Sin embargo, y aunque todo parezca calculado, el resultado puede ser también el rechazo popular de semejante paquete.

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