Opinión Nacional

El Principio del Fin, o Los Notables

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. El 10 de agosto de 1990 un grupo de Notables publicó una carta dirigida “Al ciudadano Carlos Andrés Pérez, Presidente de la República; a los ciudadanos senadores y diputados al Congreso Nacional; a los partidos políticos representados en el Congreso». En ella afirmaban, entre otras cosas que “Venezuela atraviesa una difícil y peligrosa situación política, económica y social. Los mecanismos y las orientaciones por medio de las cuales se ha desarrollado la acción de Estado y la vida nacional en todas sus manifestaciones, por lo menos desde 1958, ya no corresponden ni a las necesidades de desarrollo económico y social, ni a la realidad económica y política del país, ni mucho menos, a las líneas y objetivos fundamentales de la gran reorientación política y económica que, de manera tan poderosa, está ocurriendo en el mundo de hoy.” Y proponían algunas ideas, como “hacer efectiva la representación democrática, la participación popular, y lograr una economía productiva para una sociedad más libre, más justa, más segura de sí misma. (…) Reforma del Sistema Electoral vigente para sustituirlo por mecanismos de real participación del electorado, con circunscripciones delimitadas para elegir a un solo candidato uninominalmente, y alguna forma suficiente para mantener la representación proporcional de las minorías. Legislación específica que defina y determine las actividades de los partidos políticos, su democracia interna, sus recursos, sus finanzas, su publicidad y la duración y costo de las campañas electorales. (…) Hacer pronto y eficazmente todas las modificaciones necesarias para asegurar la independencia, la respetabilidad y la eficacia del Poder Judicial. (…) Preparar y promulgar sin retardos un cuerpo legal que sustituya la actual legislación que, de forma inconexa, incompleta, y hasta contradictoria, define y castiga los delitos de corrupción administrativa.” Todo aquello sonó como música angelical a los oídos de muchos, que no se imaginaban que se estaba abriendo la Caja de Pandora, y que muchos de esos planteamientos iban a despertar un monstruo terrible que amenazaría de muerte la vida republicana.

Firmaban Arturo Luis Berti, Alfredo Boulton, Miguel Ángel Burelli Rivas, María Teresa Castillo, Jacinto Convit, Tulio Chiossone, José Román Duque Sánchez, Arnoldo Gabaldón, Ignacio Iribarren, Eloy Lares Martínez, Ernesto Mayz Vallenilla, Domingo F. Maza Zavala, José Melich Orsini, Hernán Méndez Castellanos, Pastor Oropeza, Pedro A. Palma, Rafael Pizani, Carlos Guillermo Rangel, José Vicente Rangel, Alfonzo Ravard, Elías Rodríguez Azpúrua, Isbelia Sequera Segnini, José Santos Urriola, Arturo Úslar Pietri, Martín Vegas.

No podían imaginar que sus ideas iban a ser torcidas, y que pronto aquella iniciativa serviría para que un grupo de militarcitos aventureros intentara un par de golpes de Estado y, para que poco después, en un juicio amañado, demostrativo de que en Venezuela no había Estado de Derecho, se destituyera, como un eco de sus peticiones, a Carlos Andrés Pérez. A partir de ese momento la Democracia venezolana entraría en un despeñadero y el gobierno caería en manos de un verdadero irresponsable, fascistoide, propiciador de la corrupción y que generaría la verdadera ruina del país. Muchos de esos “notables” han muerto y algunos se convirtieron en cómplices y actores del fascismo criollo, en varios casos para arrepentirse tardíamente. Sus nombres, los de todos, lamentablemente, quedaron manchados ante la historia.

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