Opinión Nacional

El sujeto huye cobardemente

La historia política venezolana está marcada profundamente por
las huellas de la violencia irracional y la lucha incesante por el poder. En medio de esas turbulencias y remolinos violentos se fueron configurando y desconfigurando los proyectos político-ideológicos, bien para construir o destruir a la patria.

Con ese relampagueo intenso, de avances y retrocesos se fue
trazando el camino de una cultura política que se insertó en las estructuras del sistema político instalado tras el derrumbe de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. A partir de esos destellos, en los amaneceres de 1958 se intentó construir un sistema político con fachada de democracia representativa, que vista desde un punto real sólo alcanzó a representar los intereses de las poderosas elites políticas, económicas y religiosas que se
habían adueñado de todos los espacios de poder, y donde las grandes mayorías
quedaron excluidas de la participación.

Con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1998, esas minorías
excluidas lograron la oportunidad para avanzar hacia otros espacios, con lo
cual también alcanzaron un mayor protagonismo. Las puertas que impedían el
acceso hacia los patios interiores de la democracia fueron derribadas. Fue
ese cambio brusco el que dislocó a las elites venezolanas, que súbitamente
vieron reducidos sus espacios de privilegios.

Sin argumentos posibles para reaccionar y mucho menos para dar
la batalla política, los sectores elitescos, particularmente las cúpulas de
los partidos tradicionales se rindieron, quedando muchos de ellos en una
situación bastante precaria. Durante esa primera etapa estratégica, se
cumplieron los objetivos planteados por el nuevo proyecto político, que
apuntó hacia la consolidación y logro de las reformas estructurales del
Estado venezolano.

Tal vez, por descuido o un exceso de confianza no permitió
ver que los sectores elitescos desplazados comenzaban organizarse, y no
precisamente para la revancha electoral. En un principio fueron las fuerzas
internas, luego se le suman las corrientes externas. Es decir todo un
entramado de carácter micro y macro, que estructura un proyecto para atacar
las bases fundamentales del nuevo sistema político y debilitarlo. Sobre la
base de la táctica del Golpe de Estado, se activa un plan a fines de 1991 y
comienzo del 2002. El resultado de ese plan perverso fue la salida temporal
del Presidente legitimo de Venezuela. Bajo ese esquema se instaura el día
12 de abril la dictadura de Carmona Estanga, que sin vacilamiento desmantela
la base institucional del Estado venezolano.

Esa efímera dictadura se desvanece ante la pisada firme del
Texto Constitucional. El poder vuelve inmediatamente a sus dueños legítimos
y a quien el pueblo había otorgado el mandato. A partir de allí ruedan las
caretas y los sectores opositores dejan ver claramente sus intenciones. En
diciembre de 2002 nuevamente se activan los resortes del fascismo y se
inicia la „operación saboteo‰ contra el Estado, contra la industria
petrolera y contra la población venezolana.

Derrotados por segunda vez, las fuerzas opositoras se disipan.

Se produce la ruptura y el desmantelamiento de la llamada Coordinadora
Democrática se hace inevitable. De una manera descarada comienza el éxodo,
inclusive algunos huyen de la manera más burda sin ni siquiera dar la cara
por los actos de traición a la patria. Eso se llama cobardía.

El hombre que durante tres meses y diario se mostró desafiante
huyó cobardemente. Desesperado quizás sintió en sus manos el frío de los
barrotes de la celda que le esperaba. No obstante pudiera ser que le faltó
el valor y espíritu para asumir sus propios errores. Esa inconsistencia es
la que ha caracterizado a esta clase política opositora, cuyo discurso
reivindicativo no encaja en el molde de la realidad presente. Si observamos,
por un lado hablan de la lucha por la defensa de la libertad y la
democracia, momentos cuando hay ejercicio pleno de la libertad y una
práctica de la democracia como nunca antes; tanto así que es el gobierno y
la democracia que ellos quieren enterrar, la que otorga el salvoconducto
para que el sujeto huya cobardemente.

(*): Politólogo. MSc. Ciencias Políticas

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