Opinión Nacional

El tiempo no

El ser humano se caracteriza por pensar en un mañana y además se ha acostumbrado a dividirlo, a fraccionarlo, a ponerle un valor. A ese tiempo, que como una Santísima Trinidad lo han dividido en tres: en pasado, presente y futuro. Hemos asumido como cierto que nuestra vida es tan sólo lo que sucede en este estadio que se sintetiza como el inexorable fluir de los segundos, casi al ritmo del corazón.

El extraordinario físico Albert Einstein señaló “que el pasado, presente y futuro no son más que ilusiones”. Quizás sea una de sus mayores verdades, pues al observar a Latinoamérica nos damos cuenta por simple observación que el tiempo no existe en absoluto. Somos un conjunto de naciones estáticas, donde el mañana es hoy y el pasado lo vamos modificando de acuerdo a nuestros intereses. Donde el presente es una entelequia, producto de un conjunto de sainetes mal dirigidos con guiones chucutos y con actores de tercera. Donde el reparto se acomoda a la circunstancia y la ideología es el pillaje de cualquier bando o color. La palabra vivir ha quedado rezagada sólo a 1% de los hombres y mujeres que habitan estas tierras, un 70% sobrevive y el resto se está muriendo de menguas.

Para Latinoamérica y su política el universo es estático y tampoco hay ningún cambio en el universo real igual que nuestra sociedad enferma de mediocridad, de egoísmo, de avaricia con su gran toque de impunidad, donde la libertad, justicia y fraternidad son mas relativas que el propio tiempo. En Latinoamérica, tanto el movimiento como los cambios también son una mera ilusión. Hablamos de ir hacia adelante cuando corremos hacia atras. Hablamos de progreso cuando nos empobrecemos. Hablamos de grandeza cuando nos hundimos en nuestro propio lodazal.

Pero ese tiempo que es una ilusión nos define también un espacio y ese espacio nos hace ser más que una ilusión. Somos el resultado de una mezcla que no queremos ni hemos podido definir aún, porque la definición nos haría comprometernos con nosotros mismos y con los demás, es decir con los otros y el compromiso es inaceptable como admitir las diferencias que deben haber en los otros, inclusive en nuestras propias diferencias.

El tiempo no existe, pero sí Latinoamérica con su carga positiva y negativa; con su lenguaje de doble articulación y con un pueblo que aún está a la deriva, igual que Colón. 

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