Opinión Nacional

El todo por el todo

Una constitución es un pacto de convivencia nacional que “define el régimen básico de los derechos y libertades de los ciudadanos, y los poderes e instituciones de la organización política” de un estado, según el Diccionario de la Real Academia Española. Su buen funcionamiento depende, en el caso de las constituciones democráticas, de la aceptación general del gobierno electo, de su legitimidad, a cambio del compromiso constitucional de ese gobierno (inevitablemente electo por la mayoría) de efectivamente respetar y hacer respetar los derechos individuales y colectivos de quienes habitan en su territorio, en particular los de la(s) minoría(s) que hubiese(n) podido votar en su contra. El estado democrático actúa como gran facilitador de esa convivencia, promulgando leyes justas, impartiendo justicia, defendiendo la soberanía y asegurando que la obligación de solidaridad con los pobres y con los más vulnerables y su integración económica, social y política se realice de la manera más eficaz y rápida posible. Romper ese pacto fundamental genera, sobre todo en la(s) minoría(s), ya sean sociales, políticas, étnicas o religiosas, el fundado temor de su supervivencia, e inevitablemente genera caos y anarquía, cuando no conflictos armados internos de increíble crueldad, como fue el caso de la guerra civil española y la más reciente de Yugoslavia. La gobernabilidad así rota solo se restablece de dos maneras: Negociando un nuevo pacto que vuelva a consagrar el respeto de la(s) minoría(s), o por la fuerza, cuando el bando ganador le impone su visión a los perdedores.

El 15 de Agosto de 2007 entra en la historia del país como la fecha en la que un gobernante electo democráticamente le propuso a los venezolanos, en un acto de una violencia y soberbia sin precedentes, votar a favor de una nueva constitución en la que sacrificarían sus derechos y obligaciones ciudadanas para adoptar, en un acto de fe, el credo socialista como dogma regulador de la sociedad, de la economía y de la nación, y a su no tan humilde persona como el Gran Sacerdote Vitalicio de ese credo. No menciono al individuo, ni a su expresión política, el ciudadano, porque ambos de hecho dejan de existir como sujetos de derechos y deberes, para fundirse hasta desaparecer en consejos comunales, comunas y otras expresiones no electas del Poder Popular (Art. 136 de la propuesta presidencial). La propuesta presidencial es de un radicalismo, de una enormidad tal que reconfigura de manera fundamental el panorama político venezolano, además de profundizar la polarización de tal manera que ya no hay la menor posibilidad de ubicación equidistante entre lo que antes del 15 de Agosto era el “oficialismo” y lo que era la “oposición”. La nueva división es entre demócratas y “comunistas”, por llamarlos de alguna manera; ya no hay espacio para los “ni-ni”. Por eso también es derrotable, si acaso el electorado llega a comprender lo que esta en juego.

Nuestro Presidente (nuestro, porque fue electo libremente para ser el presidente de todos los venezolanos, en cumplimiento de la Constitución de 1999, que acepto porque consagra los derechos de la minoría de la cual formo parte, y porque este gobierno aun respeta mis derechos, entre otros el de escribir en su contra), había expresado muy al inicio de su primer mandato que Venezuela debería navegar también “en el mar de la felicidad cubano”. Mas tarde, cuando la Conferencia Episcopal le pidió información sobre el contenido del Socialismo del Siglo XXI, respondió que se leyeran a Marx y a Lenin. Nuestros hermanos cubanos, sin embargo, ya llevan 48 anos que dejaron de ser ciudadanos (por la fuerza), para pasar a ser servidores de un estado que lo domina todo y súbditos de un partido poseedor exclusivo de la verdad, el Partido Comunista de Cuba (PCC).

El articulo 5 de la Constitución de Cuba describe al PCC como “ martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, …fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”. Debajo del PCC esta el estado, y debajo del estado el pueblo. La nomenklatura privilegiada esta en el partido, y encima del partido solo el Líder Máximo, quien puede o no tener otros títulos, como Primer Secretario del PCC, Presidente del Consejo de Estado, Presidente del Consejo de Ministros, etc. A veces los tiene todos juntos. Es un ser infalible, a menos que El mismo reconozca algún error, y es reelecto indefinidamente, o continuadamente, como dice Cilia Flores. Cuando se enferma o muere le sucede el hermano. Una monarquía constitucional absoluta, pero socialista. O comunista, si se quiere, pero ciertamente no democrática.

En Cuba la participación política no puede sino estar dirigida a la construcción del socialismo, y curiosamente también el articulo 70 propuesto por nuestro Presidente comienza diciendo “Son medios de participación del pueblo, en ejercicio de su soberanía y para la construcción del socialismo….”. Quienes antes se quejaban de haber sido excluidos (“Ahora Venezuela es de todos”) ahora pretenden excluir constitucionalmente a todos los que no están de acuerdo con ellos. Es lógico, porque un gobierno marxista-leninista no concibe avanzar hacia la sociedad comunista sino mediante la lucha de clases. Lea usted ahora también los sibilinamente redactados artículos 112, 136, 141, y 158 de nuestra mal llamada reforma constitucional, que tratan de soberanía, poder popular, y –tangencialmente, pero ya prefigurando constitucionalmente su establecimiento – del estado, sociedad y democracia socialistas. Léase además las propuestas relativas a la concentración del poder en la persona del Presidente, que son la mayoría y que van desde el sometimiento del Banco Central hasta los ascensos de todos los oficiales de la FFAA y a su propia reelección indefinida, y únalo todo a los esfuerzos por establecer el PSUV como partido único de la revolución. Sabrá entonces que de aprobarse la reforma en Diciembre habremos entrado ya en aguas territoriales del mar de la felicidad.

Pero Venezuela no es Cuba, ni Chávez es Castro, ni el mundo de hoy es el de los bloques polarizados de la post guerra, al menos eso dicen los que se consideran expertos en la materia. Ello haría que en Venezuela no se pueda imponer un totalitarismo comunista por la fuerza, o que al menos en un inicio habría que tratar de hacerlo electoralmente. Pedirle a una nación entera que renuncie voluntariamente a su condición de hombres y mujeres libres equivale sin embargo a la cuadratura del círculo, pero es lo que se nos propone, nada menos. Por otra parte hay que reconocer que no es tampoco un reto del todo descabellado, si se cabalga sobre el carisma indiscutible de Chávez, sobre un movimiento opositor desarticulado, y sobre el chorro de dinero que se ha redirigido hacia los pobres. Y además, con un texto pérfidamente bien pensado que solo entiende quien tenga una sólida formación jurídica y política.

Es por ello que es esencial para el gobierno que la propuesta se vote en bloque y mediante el procedimiento rápido de la reforma, aunque para cambios de este calibre la Constitución exija claramente la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Hay otras razones de peso: el techo de la popularidad del Presidente es cada vez mas bajo porque la gente comienza a no diferenciar entre su persona y la pésima gestión de su gobierno, los estudiantes con toda probabilidad van a prender nuevamente la calle, y, si a la gente le dan el tiempo para comprender la enormidad de lo que se le ha propuesto votaría masivamente y rotundamente en contra. Favorecen al gobierno, quien lo duda, el efecto narcotizador del dinero en circulación y el miedo a las listas Tascon y Maisanta, factores ambos que han producido en más de uno un cómodo y paralizante síndrome de Estocolmo.

A nadie escapa que, de ser aprobada por vía de reforma, la nueva Constitución tendría un vicio de origen tan grande que su ilegitimidad seria inocultable, poniendo en peligro la ya muy precaria gobernabilidad democrática. Chávez necesita de una mayoría muy considerable para aprobar una constitución tan radical y también seguir gobernando como autócrata. Al menos una ventaja de la magnitud de la que le saco a Rosales en Diciembre, pero ni siquiera así podría volvérsele a considerar un gobernante legítimo.

Las últimas encuestas de Hinterlaces y Datanalisis prevén sin embargo un resultado reñido y hasta la posibilidad del rechazo, dependiendo del comportamiento de quienes integran el rubro “abstención”. De ganar en Diciembre por un margen estrecho Chávez tendría en sus manos una Constitución que en el papel le permitiría ejercer el poder como autócrata y llevar a Venezuela al totalitarismo, pero que seria extraordinariamente difícil de llevar a la práctica. Tendría que echarle mucha agua a su vino radical, decepcionando a los duros que lo apoyan, pero atemorizando igual a sus seguidores más moderados, así como a la gran mayoría que solo quiere trabajar y vivir en paz. En definitiva, fracturando nuevamente su propia base política y debilitando su autoridad, un proceso continuado y de larga data que se inicio con la salida de Miquilena del gobierno.

Si a pesar de ello promulgase en los primeros seis meses del 2008 leyes “habilitadas” dirigidas a hacer realidad el espíritu y propósito de una nueva constitución totalitaria, el país probablemente se sublevaría, con consecuencias imprevisibles para todos. Para Chávez esta es la jugada decisiva, de la cual depende absolutamente todo. Coinciden su momento de mayor poder, al menos aparentemente, con el de su mayor vulnerabilidad desde que fue electo por primera vez a la Presidencia. En la misma medida iría en aumento la tentación de echar mano de la represión, pero la represión también acerca la caída. Aunque no se manifiesten, sus adversarios y opositores mientras tanto siguen creciendo, y el precio del petróleo también.

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