Opinión Nacional

El voto de los independientes

No nos es extraño encontrar con frecuencia que cada vez son más los ‘independientes’, al escudriñar acerca de las simpatías políticas de la gente. Eso quizá respondería al escenario nada grato en que se desenvuelve la campaña política para las próximas elecciones de alcaldes y gobernadores. Habría que dejar bien claro que ser ‘independiente’ no es malo si, con ello, con honestidad de conciencia, nos diferenciamos sinceramente de algunas posiciones con las que no logramos encajar del todo. Eso está bien, sin embargo, sospechamos que al posicionarse de esta forma se desvela un afán de distanciarse de colores y toldas que percibimos sinuosos y entretejidos en una maraña de situaciones poco serias por el cambio de rumbo de partidos de uno y otro bando, según la conveniencia del momento.

En política se ve de todo. Muchas ‘estrategias’ han sido utilizadas en la historia del mundo para llegar al poder, pero una cosa es utilizar ‘estrategias’ para alcanzar el mando, _como moverse con pericia en un pantano de cocodrilos hambrientos dispuestos a tragase hasta a un antiguo aliado con tal de lograr imponerse_, y otra cosa muy distinta es la habilidad que se tenga para conectar con el soberano y convencerle de que su respaldo haría que la administración de su municipio o estado fuera mejor.

Hasta el momento solo lo primero se ha visto. Lo segundo está aún por verse y no queda mucho tiempo como para tener esperanzas de que la situación cambie. Los ‘independientes’ tienen poca fe en que la realidad de un giro y en lugar de encontrar un ‘todo contra todos’ en una cruzada política donde los enfrentamientos entre viejos compañeros de partido han sido lo llamativo, se presenten programas tangibles a desarrollar y no demagogia electoralista como ha sido siempre.

Si consideramos que el voto de los independientes, cada vez mayor en número y en su amplia distribución en el territorio nacional, es indispensable para cualquiera que quiera ganar, su conquista debería estar entre las prioridades de los candidatos y, por lo que se ve, no parece ser así. Al contrario, el mensaje que llega es que ser independiente es ser indiferente y esto no es necesariamente correcto. A lo mejor, la posición ‘independiente’ podría traducirse en exigir un poco más de seriedad y rectitud de intención en los candidatos, o quizá en el rechazo a las actuaciones de quienes pretender arrebatarnos un voto por creerse merecedores de confianza en un país donde la anti-política ha hecho estragos por culpa de esas mismas actuaciones que regresan desde el pasado y hoy se repiten.

Las alianzas políticas necesarias han tenido lugar muchas veces y los distanciamientos entre viejos aliados también, pero sin olvidar que la conexión con los ciudadanos es lo determinante para lograr ser electo y ejercer el cargo público. Y ése es precisamente el quid del asunto. Pareciera que la gente no encuentra el ‘enlace’ con el candidato, sino que lo enlaza con algún partido conveniente del momento. Pareciera que no lo ‘siente’ ligado verdaderamente a su municipio, sino que lo ‘resiente’ en su actitud frente a un anterior amigo que se cambió el color de la camiseta. Pareciera que no lo ‘ve’ sino en época electoral y rodeado de desconocidos que nunca antes estuvieron allí. Y en un país donde la emocionalidad es perenne, este es un asunto que no debería ser olvidado por actores políticos que desconocen que es al pueblo al que se le presentan.

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