Opinión Nacional

¿El Zulia Independiente?

El problema de los nacionalismos es materia que una visión dialéctica de la historia no puede dejar a la deriva. En el caso del Zulia el tema es de acuciosidad, pues, con èl se cuela màs que un verdadero regionalismo, una tendencia a esconder grandes verdades, que la mayorìa de las veces anulan la participaciòn del citadino. Los regionalistas a ultranza como el abogado Vinicio Nava, el autor del libro El Zulia Glorioso, es una muestra. El hombre con el impetù que lo caracteriza, con un amor sin dudas por el terruño, no comprende que su òptica estrecha sobre la entidad federal, sòlo favorece a bellacos como Julio Portillo y compañìa; mientras èl sigue anclado en el siglo 19. Por el otro lado se encuentran personjaes como el mèdico Luis Gullermo Hernàndez, individuo que asume el proceso regional como si se tratara ùnicamente de una biblioteca; al galeno nunca se le ha visto tomar posiciòn clara sobre el acontecer zuliano, imposible; si sabemos que desde los inicios fue un ferviente partidario de Marcos Pèrez Jimènez, despuès de Arturo Uslar Prieti y hasta de los adecos viejos y nuevos; con semejante ejemplo, no creo que se trillen caminos de claridad. Así los regionalistas y enciclopedicos zulianos le han hecho el juego a los poderosos de la regiòn.

Si bien el regionalismo màlsano que cierta elite marabina en gran medida gestò, hoy muestra sus grandes bemoles; ello se agrava con un zuliano, quien vive a espalda de lo suyo. La arremetida colombiana no tiene parangòn, el citadirno vive en su propio territorio dominado por los paracos, quienes poco a poco, de modo acelerdado ahora; son los dueños de los espacios comerciales, en tanto el bocòn regionalista se desvive por una cerveza y el vallenatico, sin que el millòn y tanto de colombianos se detengan en su afàn de copar espacios en todas las àreas de la geografìa local. Se entiende entonces como los ganaderos de Perijà y el Sur del Lago, en una avaricia sin par, la cual rompiò el saco; contrataron mano de obra colombiana, luego sicarios de ese mismo pais; so argumento de una mano de obra ejemplar y barata, como de la necesaria seguridad ante el supuesto comunismo en ciernes. El resultado es que ellos ahora son azotados tanto por los oficialistas del gobierno central, quienes tomando como pretexto la aspiraciòn de las etnias yupas, bari y medianamente guajira de una tenencia justa de la tierra; se apoderàn de grandes fundos, objetivo de la boliburguesìa en el poder. En el montaje merece el juicio en el exilio el Sr. Manuel Rosales, de ser ciertas las noticias que lo colocan como la ficha que trajo a los paracios y narcotraficantes colombianos; de igual modo el dueño del periòdico Panorama debe ser expropiado de todos sus bienes, si es cierto lo que plantea su antiguo socio, el ex gobernador Rosales.El Ex Acalde Di Martino debe ser investigado a ultranza, el ex ficha de Lola Aniyar de Castro, quien lo incluyò en su Instituto de Investigaciones Criminològicas de la Universidad del Zulia, el hombre de los infinitos cargos en los gobiernos izquierdistas de la regiòn; ese hombre debe ser pasado por las armas de la justicia popular si son ciertas también las denuncias de que ha amparado guerrileros colombianos. El politològo de origen italiano debe ser escudriñado en toda su fortuna, ver si sus denuncias no son màs que juego de poder, no se olvide que su padre difunto mantenìa en la Plaza Baralt, en el Centro Comercial Mac Gregor, su bunker de enfrentamiento con los colombianos paracos, quienes acabaron dominando el comercio de ese àrea y casi todas del Zulia. No vaya a ser, por ironìa, que su discurso no ha sido màs que pantallla, discusiones de la mafia paraca y siciliana; no se puede olvidar tampoco la mafia guajira y àrabe. Se deduce que el Zulia està entre fuego cruzado, sin que el gobierno nacional se atreva a echar plomo en funciòn de la seguridad nacional.

Ante esa realidad los zulianos estamos invadidos por los colombianos de todos los matices. La geopolìtica colombiana adelantada despuès de la defenestraciòn del General Marcos Pèrez Jimènez, hizo que el palacio de NARIÑO acometiera un trabajo solapado, que hizo posible que hombres de total origen colombiano, como Carlos Andes Pèrez y Ramòn J. Velàsquez, hayan llegado a la presidencia de la nación. No es gratuito que en la presidencia transitoria del Velàsquez, èste firmò el indulto a favor de un narcotraficante. El Zulia y el Tàchira son objetivos del gobierno colombiano, y si bien los paracos, narcotraficiantes y guerrilleros colombianos, tienen divesas aristas para su anàlisis; el gobierno nacional venezolano debe imponer su autoridad sin contemplaciòn. El enemigo no es Norteamerica, es el estado colombiano, el mismo que viene ganando terreno en nuestro terreno con el enviò sistemàtico de sus nacionales con la mentirita de los desplazados; quienes hoy deben representar màs del treinta por ciento de la poblacion venezolana, sino màs. La complicidad de politicos gobierneros, de una burguesìa apatrida y un ciudadano indiferente a su identidad nacional, regional y local, nos tiene de rodilla. La soluciòn es simple: deportaciòn en masa de los colombianos indocumentados y de quienes previa una investigaciòn inquisitorial se le demuestra que actuèn en contra del estado venezolano. En el caso del Zulia se sugiere un programa lo màs pronto posible, que haga que sus lugareños reemprendan la querencia por su terruño, negaciòn por dècadas de entrada de colombianos al territorio, eliminaciòn de la mùsica vallenatera y ejercicios militares de sus ciudadanos de modo obligatorio. Ya basta del discurso de la zulianidad como coartada, la estrategia que creò el Sr. Manuel Rosales, paro tambièn a la alianza de los oficialistas con la guerrilla colombiana. No sòlo se debe intervenir a la Policìa Regional, si es cierta su complicidad con los paracos; merece prontitud de acciòn delatar por què el gobierno nacional no hace una razzia, por ejemplo en el caso central de la ciudad de Maracaibo, donde los paracos dominan el comercio legal e ilegal. Sin estridencias nacionalistas pero si con el ejemplo varonil, de quienes defienden su terruño, se debe limpiar al Zulia y todo el terriotorio nacional de sus invasores. Un muro de contenciòn, con bloques de una moral militante en la querencia de lo nuestro, es en definitiva lo que puede darle un parado definitivo a la geopolìtica colombiana de infiltracion, la cual suma fruto en desmedro de nosotros los venezolanos.

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