Opinión Nacional

Elecciones o violencia

En un escenario de engaño y de tanta mentira en el discurso que genera confusión hay que atenerse, únicamente, a la conducta de los actores qué están enfrentados en la crisis de gobernabilidad que nos está destruyendo el país.

La vía democrática como salida no es aquella de la que habla sino la que práctica la Oposición cuando utiliza marchas, referendo consultivo, recursos a la Corte, Paro Cívico, etc. Todas estas actuaciones apuestan, en definitiva, hacia una salida electoral que es la que cuenta con el aval de la Comunidad Internacional. La vía por la que transita el gobierno, si se observan los hechos, es la de la violencia. Confrontar con círculos terroristas marchas autorizadas, allanamientos sin mandato judicial, violaciones constantes a la Constitución, órdenes expresas y públicas del señor Chávez a las guarniciones para que desconozcan las decisiones judiciales, creciente incremento de la guerrilla urbana y el terrorismo con evidente asesoría extranjera etc. Todas estas son actuaciones que apuntan hacia una salida de violencia, bien sea esta legal, física o ambas unidas. En medio de estas dos actuaciones, absolutamente contrarias, está la Mesa de Negociaciones que hace esfuerzos para convencer a un señor con alma de autócrata y que ya perdió el respaldo del pueblo para que acepte contarse, o sea, para que “mutuo propio” se coloque la soga al cuello.

Independientemente de que se continúen haciendo todos los esfuerzos necesarios en la Mesa, que ojalá tengan éxito antes de que este país se desaparezca, pensamos que la Oposición en el marco del Paro Cívico Nacional debe prepararse para acentuar la escalada, siempre democrática y ajustada a la Ley, y a ese fin dar los pasos siguientes:
1.- Convocar con suficiente anticipación a representantes de las principales organizaciones u organismos internacionales de Derechos Humanos y también a corresponsales de reconocido prestigio para que sean VEEDORES de cualquier actuación de la Sociedad Democrática así como de cualquier reacción oficial.

2.- Fijar una fecha para ejecutar la GRAN TOMA DE CARACAS con una marcha multitudinaria, permisada y absolutamente pacífica superior a dos millones de personas, para ir a Miraflores con el único propósito de solicitarle la renuncia al señor Chávez quien ya está ejerciendo una presidencia de facto, a fin de legitimarla a través de una consulta electoral supervisada internacionalmente para que cese cuanto antes la falta de gobierno que nos destruye. Un desfile pacifico, por vías que son públicas, no es otra cosa que el ejercicio impecable de un Derecho Constitucional aquí como en cualquier otro país. Esta marcha debería ser encabezada por aquellos Diputados, Gobernadores y Alcaldes que se sientan demócratas ya sean de la Oposición o del Gobierno.

La presencia Internacional de veedores dará fe tanto de la conducta pacífica de la Oposición durante la marcha en el ejercicio de un derecho ciudadano como de cualquier reacción oficial, pacífica o violenta, para impedirla, si es que está se produce. El antecedente penal que ya existe del 11A más la presencia Internacional hará muy difícil que el señor Chávez repita, en este momento, la orden genocida que dió ese día. Sería como suicidarse ante el mundo entero. Si en un acto demencial lo hiciera, la orden volvería a ser desacatada, ahora con mayor razón que antes, por militares que no se van a exponer a un juicio bien en la jurisdicción nacional e internacional por violación de Derechos Humanos. Pinochet, Milosevic.

Este proyecto para acelerar una salida, repetimos, no excluye a la Mesa de Negociaciones sino que más bien la justifica y la potencia. Por eso la vemos como la única manera de que el señor Chávez, presionado o asustado, por esa masiva solicitud electoral ciudadana que cuenta con el respaldo de la comunidad nacional e internacional lo decidan a renunciar. Únicamente enfrentándolo con la realidad que él pretende ignorar, esto va a terminar. El 4F se escondió. El 11A, diga lo que diga, renunció y estaba listo para irse a Cuba. Esa constante histórica se repetirá una vez más. Pero en tanto el riesgo lo estén asumiendo “otros” no se irá. Tenemos que hacer que sea él quien tenga que asumirlo personalmente si queremos que renuncie. Aunque salga ileso físicamente. Nos referimos al riesgo psíquico que ocasiona el miedo.

(*): Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB.

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