Opinión Nacional

Enrique Jardiel Poncela (1901-1952)

LA VOZ DE LO INVEROSIMIL

Enrique Jardiel Poncela pertenece a ese grupo de escritores españoles que vinieron al mundo con el comienzo del pasado siglo, y se iniciaron en la Literatura en la década de los años 20. Década que supuso en España la tardía, irregular y amortiguada recepción de los movimientos vanguardistas europeos que propiciaron el descubrimiento de un cierto concepto del absurdo, cuya, proyección literaria aportó un nuevo entendimiento del humor, que adopta este nuevo humor como vehículo expresivo, y cuyos nombres más significativos serían: Tono, Edgar Neville, José López Rubio y Miguel Mihura. Y podría decirse que Jardiel es uno de los últimos escritores que consideran el humor como un género literario, o, también, que para Jardiel el humor es una cosa muy seria.

Jardiel Poncela es un profundo renovador del teatro cómico, el cual no había salido de su marasmo desde la crisis del sainete y el “género chico” hacia 1910. En la situación teatral de postguerra, es el único autor realmente valioso, que estrena de manera regular a lo largo de una década, y el único capaz de despertar el interés y el entusiasmo de los públicos más exigentes y más jóvenes. Desde 1939, en que estrena Carlo Monte en Montecarlo, hasta su última comedia Los tigres escondidos en la alcoba (1949), Jardiel escribe y estrena a un ritmo ininterrumpido, siendo durante ese tiempo el autor de moda, el más discutido y para muchos el más indiscutible. En el prólogo a Cuatro corazones… señala “lo inverosímil” como meta de su arte.

Enrique Jardiel Poncela nace en Madrid el 15 de octubre de 1901. Su padre era periodista y su madre pintora. Inicia sus estudios primarios en la Institución Libre de Enseñanza, que dirigía Francisco Giner de los Ríos. Trasladándose a la Sociedad Francesa y más tarde al Colegio de los Padres Escolapios de San Antonio Abad, de donde pasa al Instituto de San Isidro. Comienza a estudiar Filosofía y Letras, pero abandona los estudios para dedicarse al periodismo e iniciarse en la Literatura profesionalmente. Colabora en los Lunes del Imparcial, La Nueva Humanidad, La Libertad… y trabaja como redactor en La Acción y La Correspondencia de España. Coincide esta etapa con su unión sentimental con Josefina Peñalver, de cuya unión nacerá su hija primogénita Evangelina.

La actividad de Jardiel se inicia la noche del 28 de mayo de 1927 estrenando en el Teatro Lara de Madrid la comedia Una noche de primavera sin sueño, a la que seguirán: Margarita, Armando y su padre, Usted tiene ojos de mujer fatal, Angelina o el honor de un brigadier, Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Un marido de ida y vuelta, Eloísa está debajo de un almendro, Madre, el drama padre, El amor solo dura 2.000 metros, Los ladrones somos gente honrada, Es peligroso asomarse al exterior, Los habitantes de la casa deshabitada, Blanca por fuera y Rosa por dentro, El sexo débil ha hecho gimnasia, Agua, aceite y gasolina, Un adulterio decente, Tú y yo somos tres, Las siete vida del gato… Estas y otras comedias constituye un quehacer teatral lleno de atractivos, cuya valía hoy nadie discute y empieza a verse en el humor desquiciado de Jardiel un adelanto del gran teatro de vanguardia europeo.

Casi al mismo tiempo que iniciaba Jardiel su carrera teatral, comenzaba también su quehacer novelístico. En 1929 se edita Amor se escribe sin hache, y poco después, aparecen ¡Espérame en Siberia vida mía!, Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?, y La “tournée” de Dios.

La continuada vinculación de Jardiel a las actividades cinematográficas, se inicia en el año 1932, cuando marcha a Hollywood contratado por la Fox Film Corporation. En 1934 conoce a Carmen Sánchez, fruto de su convivencia con ella es su segunda hija Mari-Luz.

En septiembre de 1937 se marcha a Francia, y, desde allí, a Buenos Aires. En mayo de 1938 regresa a España. Durante el verano de 1940 se constituye en empresario teatral. En 1944 embarca hacia América para realizar en diversos países una temporada teatral. Su regreso a Madrid marca el principio de una decadencia que culminará con la muerte ocho años después.

Los tigres escondidos en la alcoba fue su último estreno en el Teatro Gran Vía de Madrid en enero de 1949. Un año más tarde, publica su último libro: Para leer mientras sube el ascensor. Pasa los dos últimos años de su vida en la más absoluta miseria. Enrique Jardiel Poncela muere en Madrid el 18 de febrero de 1952.

Forjado en el espíritu de los años veinte, el humor de Jardiel Poncela es, según la precisa caracterización de Laín, “irónico, despegado y futurista”, y ello se advierte en diferentes órdenes. Ante todo, en los temas que elige: profundamente imaginativos, desprovistos de ingredientes ternuristas o sentimentales. Pero la mayor contribución de Jardiel hay que buscarla, más que en sus temas, en la forma ideada para expresarlos. Especialmente, debemos reconocer su capacidad para extraer del lenguaje nuevos e insospechados efectos de comicidad, que con frecuencia le aproximan al actual teatro de vanguardia, particularmente a un Ionesco.

El amor constituye el tema ineludible de la obra de Jardiel Poncela. Amor y humor sirven a Jardiel para comunicar su visión pesimista del mundo, la amargura de las relaciones amorosas, su desilusión ante la vida. El resultado es una creación literaria única y singular en la literatura española. Y como reza su epitafio: “Si queréis los mayores elogios, moríos”.

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