Opinión Nacional

Epifanía

A principio de año acostumbro reflexionar y escribir sobre como percibo el año que comienza, lo hago lleno de optimismo y fantasía pues la vida es así: esperanza e ilusión. El optimismo nos puede llevar hasta el delirio, pero el pesimismo, las quejas y la nostalgia nos pueden volver melancólicos y amargados.  Me gusta sentirme lleno de esperanza. Rechazo las barreras, las calles sin salida, las imposiciones, las luchas perdidas antes de empezar y sobretodo el miedo al futuro.

Venezuela no se arreglará jamás volviendo al pasado ni reparando el presente. Tendremos que hacer una nueva revolución, esta vez de verdad verdad, sin armas ni militares, sin miramientos ni exclusiones, sin privilegios ni carnets, sin desprecios, sin imposiciones ideológicas, sin apresuramientos electorales y respetando a nuestros conciudadanos y aquello que nos pertenece a todos. Ocupándonos de nuestras necesidades de salud, justicia, educación, previsión social, transporte público, seguridad ambiental en todos sus aspectos y estimulando la participación electoral en todos los ámbitos.

No podemos seguir tolerando gobernantes especiales que se sientan ungidos de privilegios únicos, manejen el Estado como su hacienda, pretendan saber todo de todo y se sientan amenazados y perseguidos. No podemos seguir tolerando que quienes detentan el poder por designación sean más poderosos que quienes lo detentan por elección. No debemos continuar aceptando que nuestros diputados sean dejados de lado, no tomados en cuenta y sustituidos en sus responsabilidades por la decretomanía legal que emane del gobernante de turno. La vergüenza de un diputado es mil veces más importante para el pueblo que lo eligió que las ideas mesiánicas de la economía, dominación de la sociedad y destrucción del capitalismo, que preconiza el gobierno.

Al pensamiento futurista le añadiría que si alguna vez tuve esperanzas de leyes que promovieran la amnistía política, ahora no pienso igual. Espero que apliquemos las leyes administrativas y penales –tenemos muchas y muy variadas– que se haga con vigor, rigor y respeto, pero que se acaben la manga ancha y la ley del embudo actuales. Espero que los empleados públicos que utilizan su cargo para proselitismo electoral e ideológico sean sancionados, despedidos y no se les permita reingresar al servicio público. Espero también que los medios de comunicación estadales den cabida a todas las opiniones y no sean usados como medios de propaganda del oficialismo y su partido.

Finalmente, espero que el pueblo no perdone a quienes han sometido a los poderes públicos a sus voluntades, con la consiguiente pérdida de la separación y autonomía que son su esencia y sancione también a quienes lo permitieron.

Esa es la epifanía que me ocurre hoy. Eso el lo que ambiciono para el 2012 y después.

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