Opinión Nacional

Escribamos sobre las empresas

El concepto de empresa, más difundido, dice que empresa es la transformación de una idea en un centro de actividades y productos. Sus definiciones son muchas y sus clasificaciones, más.

Los objetivos de una empresa se pueden englobar en una oración: Empresa es una organización que se dedica a producir y entregar a sus clientes y a la sociedad los mejores productos y/o servicios, a los precios adecuados y para satisfacción de sus dueños y trabajadores.

Si existen múltiples definiciones, también existen muchas más clasificaciones. La primera y más simple es la que nos dice de la existencia de empresas privadas y públicas. Estas últimas son una asimilación conveniente al sector político, pues las empresas públicas no presentan diferencias conceptuales con toda la organización nacional. Para nosotros e hilando fino, las empresas públicas nos definen las áreas donde el Estado se ha entrometido y donde en muy poquitas ocasiones, existe alguna justificación.

Una buena clasificación de las empresas es la que las ubica en sus diferentes campos de acción y dice que existen empresas en los sectores, primario (extracción), secundario (transformación), terciario (comercialización y servicios) y cuaternario (uso del conocimiento). Paralelamente se describe el sector energético como un coto diferente pues sucede que dentro de él se suceden las diferentes etapas de la clasificación anterior.

Cuando las empresas eran un elemento importante del desarrollo, quienes tuvieron grandes ideas y el impulso para transformarlas en acciones productivas, también tuvieron un concepto que se ha ido difuminando en el tiempo.

Los grandes capitanes de empresas, aquellos titanes que idearon y organizaron empresas importantes, famosas y trascendentes, nunca pensaron en venderlas. Siempre las consideraron como la insignia familiar y su mayor aspiración era que fuera el altar al que se incorporaran sus hijos para hacerlas más grandes, más importantes. El orgullo y el éxito empresarial estaba íntimamente unido al desarrollo y al éxito de la familia.

En los años más recientes, después de que se desarrolló el concepto de compañía anónima, en el que se transformó la representación de la propiedad en las acciones de la compañía, dirigentes menos apegados a los mejores conceptos empresariales desarrollaron los conceptos de fusiones y adquisiciones, que si bien dieron maravillosos resultados empresariales y económicos durante un importante período de la historia económica de los países, más pronto que tarde se transformaron en desagradables «takeovers» que dieron al traste con las organizaciones y entre otras características, cambiaron la importancia relativa de los sujetos fundamentales de la empresa.

Queremos dejar constancia de que las empresas, creemos que se desarrollan para entregar a la colectividad el mejor producto posible al precio más adecuado y para entregar sus bondades a la colectividad a la que sirven, es decir, respetando y complaciendo al cliente, enalteciendo a sus trabajadores y otorgándole a sus accionistas o propietarios el rédito adecuado a su inversión y sus riesgos. Además, debe ser ejemplar cumplidora de sus obligaciones legales y fiscales y estar muy atenta a los requerimientos de la sociedad donde se desempeña.

Hoy, dentro de la vorágine que tanto critica Francisco, se ha trocado la importancia de los elementos de la ecuación empresarial y las compañías no se desarrollan con el fin de llenar de la mejor manera posible su función colectiva. Hoy las empresas se desarrollan para venderlas. Se les introducen los elementos reales o aparentes que son necesarios para incrementar su valor y entonces desprenderse de ellas ante el mejor postor.

Se han hecho pasado añorable los tiempos en los que quien vendía algo, le exigía al comprador algo más que dinero. Era muy importante la idea de que quien comprara el bien en venta y muy especialmente si se trataba de la empresa familiar, que debía tener formación e intenciones que le dieran continuidad adecuada a la empresa y no desmejorara la idea de su fundador.

Las asociaciones que agrupan a los empresarios deben ser el crisol donde se fundan los mejores elementos de la empresa y donde se promueva la importancia y calidad de ella. Deploramos la agresividad con que se negocian las empresas, sobre todo si en esas operaciones se tiene como necesario el desprecio a los clientes o a los trabajadores y hasta a la sociedad que les brinda cobijo. Entendemos que el precio de compra venta tiene un elemento conceptual que se debe colocar en sitio preferente. Suena romántico…, es necesario.

@rafael862

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