Opinión Nacional

Estado berenjenal

Aristóbulo Istúriz, en su condición de vicepresidente del PSUV, en esta semana aniversaria de la aprobación de la «mejor constitución del mundo» clamó, Hugo mediante, por la creación del «Estado comunal de transición al socialismo»; por lo que, la Asamblea Nacional, en sesión noctámbula, vertiginosamente presentó la Ley Orgánica de Participación y Poder Popular. Según el texto discutido, el Estado comunal es un conjunto de comunas que bajo su organización política y de gobierno permite, mediante el ejercicio directo del poder por el pueblo, la construcción de un modelo de sociedad socialista. Pasamos así de golpe de la democracia participativa a la democracia refrendaria.

En la democracia participativa se parte de la premisa de que existe un ciudadano participante que decide el mismo las cuestiones públicas, en vez de delegar en unos representantes. «Participación» es tomar parte activa, voluntaria y personalmente en esas cuestiones. Que sea voluntariamente es un detalle importante, porque si se obliga a la gente a participar a la fuerza, eso es movilización desde arriba y no participación desde abajo. Insistimos, participación es ponerse en marcha por uno mismo, no que otros te pongan en marcha ni que te movilicen desde arriba.

Hoy en día, hay un problema en la democracia participativa: existe una relación inversa entre la eficacia de la participación y el número de participantes. La verdadera participación se circunscribe a cifras pequeñas. Ante esto, los defensores de la participación alegan que, en la medida en que la participación no se puede expresar de manera eficaz participando personalmente en las decisiones, en esa medida la democracia participativa se transforma en una democracia directa o refrendaria. Pero cuidado, la diferencia es enorme, pues en esta última ya no existen interacciones «cara a cara» entre presentes, entre personas que se influyen mutuamente y que cambian de opinión escuchándose entre sí. Por lo cual, la participación entendida como un tomar parte colectivamente ya no es. En la democracia refrendaria deja de haber una democracia iluminada por la discusión que precede a la decisión.

Votar en un referéndum es, antes que todo, un acto solitario. Las decisiones refrendarias son solitarias y, por ende, de suma cero. ¿Qué quiere decir esto? Una decisión es de suma positiva cuando todos los interesados salen beneficiados por ella en alguna medida y salen ganando algo (por eso la suma es positiva). Por el contrario, una decisión es de suma cero cuando quien sale ganando lo gana todo, y quien sale perdiendo lo pierde todo. Precisamente, en las democracias refrendarias no hay negociación, no hay intercambio, y, por tanto, quien se impone se lo lleva todo. Es decir, aparejan un sistema mayoritario absoluto que es inaceptable e, incluso, funesto para la democracia, pues ésta es derecho de la mayoría en el respeto de los derechos de la minoría y, por tanto, requiere un ejercicio del poder «de suma positiva».
Ahora bien, la invitación a «participar más» es loable; pero si se hincha desmedidamente, como si toda la democracia pudiera resolverse en la participación, es una recaída infantil (como lo advirtió Lenin). También es una recaída impracticable de hecho y conceptualmente peligrosa, que nos propone a un ciudadano que vive para servir a la democracia, en lugar de una democracia que existe para servir al ciudadano.

Finalmente, no vamos al Estado comunal vamos es a meternos en un berenjenal.

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