Opinión Nacional

Fracaso y decadencia del mesianismo redentorista

El socialfascismo bolivariano parió una nueva burguesía, grupos paramilitares para su defensa, un falso empoderamiento de los sectores populares, un capitalismo de Estado depredador y un mesianismo religioso de su líder: el comandante-presidente.

Un mesías bolivariano infalible, honesto, probo, puro, inmaculado, eterno, conocedor iluminado de la voluntad de la gente, la cual sabe interpretar y traducir. Un mesianismo que produjo lamentablemente la mediatización de las exigencias populares y la limitación de sus conquistas políticas. Que distorsionó la conciencia antiimperialista de los sectores populares, y neutralizó mediante dadivas o la misma represión a organizaciones de masas combativas. Que ilusionó a los sectores populares mediante ofrecimientos y promesas electoreras, que obviamente nunca fueron cumplidas.

Este mesianismo redentorista del siglo XXI ha oxigenado al viejo proyecto hegemónico disfrazado -en tiempos de confusión ideológica- de revolución y ha logrado en forma por demás efectiva llenar el vacío propiciado por la derrota del puntofijismo. Revolución que al margen de la propaganda Gobbeliana responde a los mismo intereses de clases que los gobiernos que los precedieron. Desafortunadamente la debilidad ideológica y la carencia de una visión estratégica de los sectores progresistas y revolucionarios facilitaron la instauración y consolidación de este perverso proyecto de dominación con retórica revolucionaria.

A catorce años del mesianismo socialfascista, el 52% de la población venezolana padece de pobreza crítica, 11% sufre de pobreza atroz, 14% de la población económicamente activa esta desempleada y un 60% incursiona en la economía informal, más del 60% del aparato productivo esta destruido.  A los trabajadores se les han conculcado muchos de sus derechos laborales, las empresas básicas del Estado han sido criminalmente destruidas, los servicios de salud están colapsados, la corrupción campea a lo largo y ancho de la patria, y la inflación y especulación golpean el bolsillo del ciudadano común. Además, PDVSA esta prácticamente hipotecada, la política impositiva es de carácter regresivo (IVA) que carcome los ya devaluados salarios, las riquezas petroleras han sido entregadas a las compañías transnacionales a través de las empresas mixtas, los Derechos Humanos son sistemáticamente violados y la seguridad individual es sólo un derecho de los jerarcas del régimen.

 

La inesperada enfermedad del mesías bolivariano y su posible incapacidad de asumir la Presidencia de la República en los próximos días, permitirá conocer la magnitud del fracaso de su gestión a pesar de haber disfrutado de una excepcional bonanza petrolera y de haber endeudado al país en forma irresponsable. Su separación del trajinar político seguramente generará una tormenta en las filas de su partido que inexorablemente conducirá a su división y atomización grupal. Los principios de autoridad, obediencia y estadolatría, paradigmas impuestos por el tte coronel, no serán suficientes para mantener amalgamadas las diversas fracciones y grupos que hacen vida en el socialfascismo bolivariano. Es evidente que en la medida que la vida del inquilino de Miraflores se extingue, se desatan los demonios en el seno del PSUV.

Después de 14 años de la instauración de esta farsa política, el movimiento revolucionario y progresista sigue pecando por la ausencia de un proyecto alternativo, así como demostrando una preocupante inconsistencia ideológica que permita derrotar al socialfascismo bolivariano. Todos estos años no han sido aparentemente suficientes para la elaboración de una praxis política que permita motivar a las grandes mayorías a favor de una verdadera democracia socialista.

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