Opinión Nacional

Fuetazos

Leo en el Diccionario de americanismos, de Marcos A. Morínigo: “FUETE. (Del francés fouet.) América: Látigo…”. “FUETAZO. Amér. Latigazo”.

Recientemente el presidente Hugo Rafael Chávez declaró, en una de sus abundantes audiencias públicas ante los medios de comunicación, que él maneja su gabinete a fuetazos, tal como el jinete, con el fuete, arrea su cabalgadura. Y aun así, la mayoría de sus ministros y otros funcionarios de alto nivel se destacan por la flojera, la ineptitud y la irresponsabilidad que exhiben en sus ejecutorias. De ahí que el presidente tenga que quejarse constantemente por la ineficacia de su gobierno, que no marcha ni a fuetazos. Sólo que un gobernante serio y que de verdad quiera que su acción de gobierno sea eficiente hace esos reclamos en privado, mientras que Chávez lo hace en público, ante los medios de comunicación, los cuales difunden sus quejas al mundo entero.

De momento pareciera que el presidente se olvida de que ha sido él mismo quien ha puesto en sus cargos a los ministros y demás funcionarios, y en lugar de destituir a los culpables del marasmo e ineficacia de la administración pública, cada cierto tiempo los rota, como en el volibol, y hasta los repone en los cargos de que antes los había destituido. Hasta tres y cuatro ministerios distintos han ejercido algunos personajes, y a la inversa, alguno de ellos ha sido destituido tres veces del suyo, y otras tantas repuesto en el  mismo.

Es insólito que en un país supuestamente  democrático, donde el gobierno debe ser una gestión armónica, haya que gobernar a fuetazos, pero igualmente lo es que el presidente lo diga en público. Mas ambos hechos son expresión del estilo de Chávez, de que hablé en un artículo anterior. Estilo que se manifiesta de muchas maneras, principalmente en la forma de ejercer las funciones de gobierno, de modo notoriamente improvisado, unido al empleo peculiar del lenguaje, que en este caso se hace de manera absolutamente opuesta a lo que corresponde a un jefe de Estado y/o de Gobierno.

En el caso de Chávez ese lenguaje, que emplea con bastante desparpajo, pendulea entre el insulto bajo y soez para aquellos a quienes considera sus enemigos, aunque de hecho no lo sean ni tengan por qué serlo, y la humillación para los que se supone son sus amigos, aunque también de muchos de ellos pueda pensarse que no lo son, y que tras cada una de tales humillaciones la sumisión y el entreguismo oculten un odio soterrado que no se atreve a manifestarse.

Porque así como asombra, por lo insólita e inapropiada, la actitud del presidente cuando insulta sin ton ni son a quien le viene en ganas, y cuando humilla a sus inmediatos colaboradores, así mismo causa estupor el comportamiento de ministros y demás funcionarios, que reciben los regaños presidenciales como si fuesen cosas de niños, e incluso aplauden, flamantemente vestidos de rojo, pero con visible nerviosismo en la sonrisa, las andanadas escupidas contra ellos delante de los micrófonos y cámaras de televisión.

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