Opinión Nacional

Gasoducto depredador

El Gasoducto avanza y a paso de vencedores, como si fuera
la revolución. Una nueva reunión se produjo la semana
pasada entre los presidentes de Argentina, Brasil y
Venezuela para precisar algunos detalles en relación a
esta mega obra, que permitirá transportar el gas desde
Venezuela a estos países del sur. Algunas quejas comienzan
asomarse en contra de esta faraónica estructura que nos
recuerda la Venezuela Saudita. Quejas obviamente en
defensa de los intereses económicos de los países
afectados; Bolivia por ejemplo, para quien el gas es una
de las principales fuentes de ingresos, ya comienza a
notar como su aliado político Venezuela, comienza a
dejarlo de lado y a cubrir una oferta de gas hacia el sur
de América, que verá mermar sus ventas; otros países como
Uruguay y Paraguay se sienten relegados, a pesar de ser
socios en el Mercosur. Quejas solo desde el punto de
vista económico, ninguna queja por el impacto ambiental y
sociocultural que esta obra causará, daños a los recursos
naturales y a la diversidad, que ya se pronostican como
irreparables, puesto que atravesará la región amazónica.

Los expertos han señalado con toda razón que esta mega
obra, se trata de un plan del más rancio y primitivo
desarrollismo neoliberal, que oferta un combustible más
limpio que el crudo, pero tiene mayores riesgos
operacionales, contribuye como el petróleo al
calentamiento del planeta, implicaría deforestaciones a lo
largo del trazado y es vulnerable a desastres naturales o
sabotajes. Lo lógico y lo natural hubiera sido, tal como
lo demandó la Red de Alerta Petrolera Oilwath, suspender
el proyecto hasta realizar un debate democrático en la
región sobre su pertinencia, incluso porque como lo han
señalado, hay opciones menos comprometedoras y onerosas,
como el transporte del gas por buques, siendo que además
estos buques tanqueros, son preferibles para la
conservación del gas, luego de recorrer más de tres mil
kilómetros, tal como indican lo conocedores de este tema.

A ello hay que añadir el impacto sociocultural que tendrá
sobre los pueblos y comunidades indígenas que verán sus
territorios ancestrales atravesados por el gasoducto,
modificándose de este modo su forma vida, su relación con
el ambiente y destruida la riqueza de su biodiversidad.

Sería bueno que el país conociera los estudios de impacto
ambiental y sociocultural que se han hecho, así como las
autorizaciones para la ocupación del territorio y para
afectación de recursos que debe otorgar el Ministerio del
Ambiente, de acuerdo con la Constitución, la Ley Orgánica
para la Ordenación del Territorio y las Normas Técnicas
Ambientales

Pero lo que más preocupa es la falta de solidaridad de los
movimientos y grupos ambientalistas con los que se oponen
a esta mega estructura depredadora. Solo la Red de Alerta
Petrolera y grupos como la Sociedad de Amigos de la Gran
Sabana Amigransa se hacen sentir, sin que tengan mayor eco
en lo medios de comunicación y sin que sus protestas sean
al menos tenidas en cuenta por quienes negocia en nombre
del país.

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