Opinión Nacional

Grosso modo. Los trabajadores de los medios, el cierre de los circuitos radiales y la Ley Contra los Delitos Mediáticos

Grosso modo: a partir de la década de los 60, los medios en Venezuela se dividían en dos grupos: los privados y los del gobierno. Al principio, estos dos grupos de medios tenían sus tareas y objetivos bien definidos: el uno se dedicaba a los negocios, a complacer a la mayoría de los televidentes, oyentes o lectores para fortalecer su stock de anunciantes y el otro, a publicar “con tacto” las virtudes del gobierno y a pasar programas de interés cultural. Los noticieros eran serios en ambos casos, con sus excepciones en algunos momentos puntuales.

A medida que los medios se fueron desarrollando sus tareas y objetivos, se fueron desdibujando tímidamente, la frontera entre los medios privados y los del gobierno eran permeables, los directores, periodistas y productores emigraban libremente de un bando al otro. Claro, hubo excepciones.

Los profesionales de los medios venezolanos fueron acortando el espacio entre los medios y los ciudadanos, los periodistas a través de la objetividad y los directores, productores y guionistas buscaron hacer más “reales” sus producciones, que “llegaran” más al público. Esta búsqueda era independiente de si trabajaran para el gobierno o para la empresa privada.

Por ejemplo, no fueron raros los casos en que los medios privados producían o compraban programas de interés cultural o los gubernamentales programas de interés meramente comercial. En ello, visto a grosso modo, no hay demasiado qué criticar, por el contrario resultaba una virtud que los medios brindaran un amplio espectro al lector, oyente o televidente, viniera la oferta de dónde viniera.

Esto funcionó hasta que llegó Chávez y polarizó la sociedad. A partir de este momento, los medios siguieron el rumbo que Chávez dictó: los medios del gobierno tomaron una línea editorial militante con los delirios continuistas y dictatoriales del caudillo de Sabaneta y los medios privados tomaron la defensa de la democracia, con algunas excepciones, como Venevisión u otras formas de “ni ni”.

Para muestra un botón: hoy, connotados militantes chavistas periodistas de oficio, conducen programas en las emisoras de oposición; por ejemplo, Vladimir Villegas o Mari Pili Henández; incluso, oportunistas de oficio como Arias Cárdenas o peligrosos lumpenproletarios como Lina Ron escriben en prestigiosos diarios venezolanos antichavistas. Por decirlo de algún modo, la no discriminación empieza por casa. Por el contrario, en las emisoras y publicaciones del gobierno sólo se aceptan chavistas 100%, de raza pura. En el más amplio sentido de la palabra: puros pastores alemanes, pues.

La cultura democrática, de la libertad de expresión y del derecho al trabajo sin discriminación se ha conservado en los medios privados, allí está sin duda una semilla de la libertad y respeto por el otro.

La ley Contra Delitos Mediáticos y el cierre de los circuitos radiales buscan destruir la base ética y profesional de los trabajadores de los medios, a aquellos que, con todos sus defectos, han sido los protagonistas del desarrollo mediático nacional. En este caso, otra vez el chavismo pisotea para que no crezca más yerba, como en PDVSA, la agricultura o la planta industrial. ¡Tierra arrasada para luego poner estulticia e incapacidad!

Un viejo revolucionario venezolano, ya murió, decía que había que cuidar la calidad de los revolucionarios porque todo se reducía a hombres, “si los hombres se hacen mediocres, todo estaba perdido, no se puede hacer la revolución con caraotas”.

Los trabajadores de los medios son la verdadera riqueza de este forma de producción, el capital más importante, si ellos se hacen mediocres, todo está perdido, no se podrá informar, escribir, hacer radio o televisión con caraotas. ¡Tierra arrasada para luego poner estulticia e incapacidad!

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