Opinión Nacional

Hugo Rafael y la Vinotinto antónimos perfectos

A Hectico, Melanie, Victoria y Leonardo. Lección de hoy y siempre

            La noche estaba fresca y el cielo despejado como para no dejar duda de la alegría que la propia natura era propicia para que el poema y razón se encontraran, la ilusión y la ficción anduvieran juntas. Mi día había transcurrido reconstruyendo  cuanto los sueños inventaron mientras contemplaron la grandeza humana en su esplendor de bondad y belleza hecha mujer embebida en el placer de contemplar del juego lo apolíneo, en el inmediato mundial de futbol, mientras Dionisio nos invitaba a un vino. De nuevo estaba allí, siempre prudente colmada de silencio que al pensamiento induce a buscar sus misterios.

El tiempo asentado en la mesa de enfrente esperándonos y, al vernos juntos, discreto se marchó para darnos el tiempo de empezarlo de nuevo. Sin propósito el futbol fue tema por instantes, pero mejor que ello, el gran pretexto. El verdadero tema la proeza de La Vinotinto, ajena a los milagros, sino como la consagración al trabajo cuidadoso, a la disciplina rígida que impone el ejercicio que construye la fuerza para enfrentarse al adversario, tantas veces más diestro, tantas veces coronado de glorias merecidas. Su entrenador, joven como los maestros matemáticos que genios fueron a muy temprana edad, sabio como los sabios que de la experiencia ajena sí aprendieron.

Grande en hacer de su prudencia hechos que descubren la grandeza de romper los silencios. Más cerca de David que de Goliat, más de Aquiles, el de los pies ligeros, que de las glorias de Héctor por su muerte. De eso y más aprendimos de La Vinotinto en ese rato y sus enseñanzas las del fuego del juego y las que quedan fuera que magistrales son, jamás vender el alma  a lo siniestro, amar el triunfo sin hipotecar la gloria a lo perverso del efímero éxito que lame del poder su alimento. Amar la gloria del triunfo honrando la dignidad del vencido,  tal dijo en su respuesta  el joven Sucre, con los laureles de Ayacucho en sus manos. 

La desdicha del placer: lo corto de su tiempo. Nos despedimos, yo me traje conmigo los recuerdos de cuanto allí oculto se graba en el silencio y  la prudencia de no romper su velo. Colmado de ficciones y de anhelos conduje hasta llegar a mi destino. La distancia dispone a mi ventrículo izquierdo agobiante tristura, tal como a mi razón los versos muy obscuros de El Cuervo. Pero esa noche, un poema al amor de Omar Khayan y mi canto a la Niña de Mosquey veníamos juntos.

En tiempos como ese jamás existe el tiempo. Al llegar, la familia, reunida, los amigos, ¿y, saben? La familia sin amigos no existe, así estén completos padres, hijos y abuelos. Solo en la amistad el corazón y la razón hacen su encuentro consigo y con el otro, según cada quien es y es cada otro. La tertulia amena tenía largo rato. Hablaban de lo mismo. La Vinotinto, de ella reiteradas quedaban sus lecciones en cálida constancia, trabajo y dignidad, abnegación y entrega esencial de cada quien consigo y de ese modo llegar a ser mejor para el equipo. Grande cada quien sin ser narciso.

Estrategia de cuidadosa astucia que reclama del otro para estar completa, pero en la acción sin dejar de ser cada quien como individuo. De nuevo, el reconocimeinto y la admiración se conjugaban. Podríamos ser así, y por nuestro país bien pudiéramos jugar en equipo y, sí es posible, observó un gaitero de oficio, con mil cuentos al hombre y dos  mil mitos, en mi conjunto hay tres chavistas, inmensa multitud en casos como estos y muchos que no somos, pero en nuestro hacer, en el conjunto, gaiteros todos, y ser gaitero es la unidad del furro, del cuatro, el tamborero, la charrasca, las voces, el verso en el poema que es de todos en el coro y en quien corresponde ser solista, porque él es la mayúscula que reclama de todas las minúsculas para poder hacerse y ser la gaita. Y repartíanse y se multiplicaban ejemplos. El director técnico, sobrio, prudente, más no cobarde que esconde su miedo en el silencio. Decir lo que tenia que hacer y hacer cuanto tuvo que decir.

            Son un ensamble, cada quien hace perfecto lo que tiene que hacer como perfectos son los músicos de cámara. El segundo midiendo el tiempo para que el primero ilumine sin soberbia al resto, la profundidad del cello para alcanzar la cima y así cada uno impecable para que sea verdad la belleza del concierto. Así me parece que ha sido la actuación de La Vinotinto. El adecuado pase para evitar el obstáculo que con habilidad se interpone a los pasos. La velocidad en el desplazamiento, ajena a la temeridad. El carácter para no dejarse entumecer por el miedo.

Mas lo importante, se oyó la voz de la psicóloga, experta en llevar luces a los ciegos, hacer cantar a sordomudos, y en hacer muy traviesos a los niños quietos, lo de La Vinotinto va mas allá, nos ha sido un ejemplo para la reflexión, nos encontramos todos en el reconocimiento de lo bueno. Abstraíamos del cotidiano mundo el pavor que nos provoca la violencia de la palabra huera afincada su voz en el odio, en la mentira que se esfuerza en mantener la envidia como alma de los desposeídos.

En la negación de lo humano que hace la vida hermosa y legítima la propiedad que empieza en el reconocimiento que impone mantener lo que es mío sin dominios y sin justificar el asalto a lo ajeno. Mi familia, mi fe, mi amor, mi casa, no son solo expresiones del habla, sino la historia de la vida que permitió al hombre tener consciencia más de cuanto es lo suyo, en el respeto por lo ajeno, donde trabajo, capital, sueños se encuentran, en la admiración de lo que es bueno, bello, en la gratitud de compartir esfuerzos…

Por estas cosas de las grandes hazañas y de la propiedad salieron a relucir las gemelas del trasero de Jennifer López. Erguido y tentador, indiscreto, juguetón y coqueto, asegurado por tantos millones de dólares, tantos que de ser eso cierto, si un alguien pudiera secuestrar una de ellas cuanto habría de invertir para su preservación y cuanto recibir por devolverla. Risas hubo y nadie razón tenía para encontrar la causa de ese precio ni se hallaban analogías que iluminaran los casos de posibles siniestros. Yo atiné a señalar que de eso nada entiendo, solo que escuché de un poeta una expresión inmensa al contemplar la sublimidad de lo perfecto en lo mismo que llevaba la belleza refugiada por siempre en el silencio, hablando todo el tiempo con el poema de su cuerpo, en una de estas calles marabinas donde aseguradora alguna alcanzaría su capital para cubrir secuestros.

Así habló al contemplar tal monumento  exultante, inhiesto, retador, abierto “Si el pecado existe, usted no tiene perdón de Dios”. Tentación de lo bueno y de lo excelso, del pecado y la virtud del éxtasis. Y se marchó a pedir explicación a Dios por la maravilla que sus ojos vieron… Valga la complejidad de este ejemplo para volver a nuestro encuentro con lo bueno y lo bello, retomó la palabra la psicoterapeuta. Como ven, nos une la belleza y el reconocimiento de lo bueno.

La Vinotinto es lo mejor, francamente lo mas bueno que a los ojos tenemos, como perfecta la dimensión del poeta según sus ojos y sus deseos vieron. Allí estamos representados en cada jugador que tiene sus propios afanes, sus deseos y en ellos pone su denodado empeño. Procuremos ser eso. Su entrenador, bien podríamos pensar que es un modelo. Ama y escucha a sus jugadores, su pueblo escogido por su capacidad.

Oye a quienes nada sabemos y nos explica sin arrogancia qué hace falta a nuestra sabia ignorancia para hacerla menor. Perdónenme la comparación pero cuan feliz seria este país si el presidente, a quien Dios guarde en Cuba y a su regreso vuelva bueno, fuera de la estirpe de Faría, el entrenador, que reconoce a su antecesor, Páez, en sus bondades e intenta  superar sus deficiencias, sin descalificarlo por ser de la anterior gestión. Que lindo si nuestro canciller tuviera la  capacidad de Arango para estar en el mundo sin el complejo de ser el vocero de Dios, o…

Las pistolas tomaron la palabra y con su criminal voz de fuego en hierro nos hicieron despertar del sueño. Decenas de disparos y el terror se hizo dueño. Gritos y más gritos, miedos y más miedo. Fuego y mas fuego que venia de la calle sin que nadie supiera qué motivó aquel hecho. ¿Será el afán de matar por el placer de hacerlo? ¿Será que la muerte es el triunfo al cual conduce el fracaso de este socialismo, como su macabra alternativa? ¿Sabrían los asesinos qué hacen o qué buscan con ello?

¿La muerte al mero azar, como anda en estos suelos? Gracias damos a Dios por su escudo que protegió a los niños, a los chamos que compartían un rato de esperanzas más allá de los miedos. Un solo herido, yo. Dos disparos me dieron. ¿Qué se podría querer de mí que nada tengo ni poseo y que tan solo de mis imperfecciones soy el dueño?

 No pude nunca lograr que de mi palabra saliera una expresión que forjara el destino de un niño o de una niña, de un joven o de un viejo y le diera las alas para ir  más allá del tiempo. Creí que eso solo fue hecho por Cristo, No solo de pan vive el hombre, sino de la palabra que sale de la boca de Dios. Pero, Dios puso en boca de quien es importante, según son sus éxitos,  la palabra perfecta, la palabra del éxito, tal fuese un mandamiento que, sin envidia, admiro.

Te  doy gracias, Señor, por las imperfecciones que me has dado. En ellas puede verse lo malo para evitar hacerlo. Y, lo mejor, Señor,  reconocer por contraste las virtudes del Otro y optar por su modelo. Por eso te agradezco, Dios, me hayas dejado vivo. Me gustaría, Señor, repetir lo que dijo tu Hijo, Padre, perdónalos que no saben lo que hacen, pero para ello debo de ser perfecto coronado de laureles de éxitos, lo cual es contrario a Vos. Tú, Dios, no sabes de eso. Eres amor, verdad, camino, solo eso. Y la Crucifixión y el Apocalipsis, Señor, son testimonio de tu falta de éxitos.

Ayer mi confesor espiritual y terapeuta reiteraba que Tú, Dios, eres magnánimo conmigo. Que estirarme la cuerda es darme una obligación más que cumplir debo. Así dijo, colmada su palabra de fe, amor, sabiduría. Ayúdame, Señor, a hacer de tu disposición un hecho bueno y al final de mi empeño, podré decir con tu Hijo, consumatum est, solo que para ello necesito la voluntad de permitirlo a quien dispongas y acepte que yo sea su atrilero. Si ello no es posible, entonces, Señor, para mí habrá concluido el juego.

PS. Todos los acontecimientos aquí recogidos son rigurosamente verdaderos. Sobra testigos, gracias a Dios.

 

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