Opinión Nacional

La conflagración de los bloques

Hasta el liderazgo pleno de Chávez está fracturado. Se desató la caja de pandora. Surgen los demonios incontrolables. No hay fuerza social capaz de detenerlos. Es inevitable el apocalipsis que arroja la violencia. La brizna del fuego prendió en menos de un año. El pronóstico de todos los analistas, observadores internacionales, místicos y numerólogos han sido certeros. La furia del odio, la rabia de la impotencia, el deseo de venganza, la sed de poder y los intereses petroleros norteamericanos se impusieron a la buena voluntad y a la búsqueda del bien común del colectivo.

Dos bloques antagónicos e irreconciliables gestados por las pasiones naturales del ser humano, se inflan a medida que pasan los días y se producen los hechos sociales cotidianos. Ya nada más se puede hacer para concertar voluntades y esperar resultados armónicos de un diálogo que se ha convertido en monólogo de cada bloque. La Comisión Política de la AN más que para obtener información válida de las interpelaciones, ha servido para justificar las razones particulares de cada sector enfrentado. No se puede esperar ningún resultado que satisfaga la equidad de los juicios. Se impone la verdad relativa que atenta contra la marcha armónica de la sociedad. Mesas de diálogos que facilitan la irrupción sectaria por encima de la humildad que exige la acción de ceder posiciones. Los Círculos Bolivarianos prestos a obedecer las instrucciones que emiten los mandos «revolucionarios». Situación radical que ha potenciado numéricamente la creación de otros cientos de miles de estas unidades de acción.

Por su parte, del otro bloque, surgen las nuevas redes de autodefensas ciudadanas del Este de Caracas. Armadas, con buena base logística y ganadas para asumir la verdad de sus ideas, aparecen dispuestas a confrontar a los Círculos Bolivarianos. Lo hacen apelando al derecho a la vida. Las cúpulas de organismos como la CTV, partidos políticos, ONG’s y otras expresiones de la sociedad civil, apuntando hacia la satisfacción de un único objetivo: salir de Chávez. La iglesia y los organismos de la producción se suman a este pedido. Tanto es verdad, que el Papa le iba otorgar un premio a los medios de comunicación social de Venezuela por su contribución en la caída del Presidente Hugo Chávez. Ya tenían todo el evento preparado, en el cual un representante de los medios, surgido del seno directivo de las televisoras privadas, iría al Vaticano a recibir de manos del Sumo Pontífice el galardón obtenido por el triunfo de la guerra mediática.

Las Fuerzas Armadas -así en plural- desmoronadas moralmente y en medio de una confusión interna de sus hombres que se debaten entre lo aprendido en sus aulas y la práctica política que impone la nueva realidad del país.

Todo este cuadro que sintetiza un realidad instantánea y sin poder pronosticar el tiempo de su vigencia, nos conduce a afirmar que estamos en el punto de la inflexión. Esto es el momento que indica una solo vía a seguir: la conflagración de los bloques. No vislumbro ninguna otra salida. Por ahora, la violencia toma el espacio de la alternativa inmediata. Hecho que conducirá a Venezuela hacia una fusión de los momentos que se viven en Argentina, donde destaca la imposibilidad del consumo y el trueque. Palestina en donde se enfrentan los grupos religiosos y sionistas por la ocupación territorial. España que sufre las sorpresas que le arroja la ETA. Colombia que se debate entre la hegemonía, la libertad y la guerra de guerrillas. El Asia Central en donde se libra la batalla del nuevo siglo por el control de las fuentes de petróleo y gas.

Así veo a la Venezuela en un escenario no muy lejano. Grupos clandestinos de acción terrorista; movimientos armados de guerrilla urbana; la economía sujeta al FMI haciendo estragos en los sectores populares y medios, alcanzando niveles de pauperismo nunca antes vividos; los EE.UU., involucrados en las decisiones de los asuntos petroleros del Estado venezolano; las Fuerzas Armadas convertidas en Policía Nacional; un nuevo gobierno represivo y sin liderazgo nacional; grupos elitescos detrás de ese gobierno gestionando la satisfacción de sus propios intereses; una sociedad que había logrado ciertos niveles de prosperidad, degradada ahora en su modo y calidad de vida para dar varios pasos atrás y mancillar la condición humana de sus habitantes a estadios primitivos y salvajes.

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