Opinión Nacional

La deuda de la Psiquiatría con la sociedad

Presentemos, para comenzar el tema del título, una definición de psiquiatría. La versión clásica, académica, la describe como “aquella especialidad de la medicina que se ocupa de la prevención, asistencia y rehabilitación de las enfermedades psíquicas”
En otra definición, menos científica y profesional, elegimos definirla como “Una relación humana que ayuda a vivir y a convivir”
Brevemente y sin entrar de lleno a su historia, la psiquiatría comenzó por identificar ciertas enfermedades. De ahí proceden, desde hace 2.500 años, términos de origen griego como manía, melancolía, demencia y epilepsia.

Claro está que las raíces lingüísticas griegas han continuado navegando en las olas de la historia hasta el día de hoy a través de términos complementados por las raíces etimológicas como “frenos”, “manía” y “psico” como las mas corrientes.

No hubo grandes novedades en el desarrollo de la psiquiatría hasta el gran avance de las ciencias médicas a partir de la Revolución Francesa. El primer término que perduró durante un siglo fué el de “demencia precoz” de plena vigencia hasta comienzos del siglo XX.

En el siglo XIX apareció una gran riqueza de denominaciones, escuelas y conceptos. Fué un siglo en el que dominó el pensamiento francés. Las raíces dominantes fueron, hasta hoy, la desinencia “manía” que en griego significa simplemente locura y “frenos” el diafragma, donde los griegos suponían la ubicación del alma. Los psiquiatras realmente no se identificaban por su nombre actual, sino que se denominaban alienistas, aquellos médicos que se dedicaban a los pacientes alejados del mundo de los normales y por los cuales no podían hacer nada más que someterlos a tratamientos absurdos, casi mágicos y mantenerlos enrejados, alienados, de la sociedad.

Con pocos años de diferencia, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX puede ubicarse el principio de la psiquiatría como ciencia. Comenzó siendo una clasificación más que una terapia, una ordenación inteligente, regular, que se prolonga casi hasta hoy día.

Hay que citar cuatro nombres en ese gran salto científico.

Emil Kraepelin, psiquiatra alemán
Iván Pavlov, fisiólogo ruso
Eugen Bleuler, psiquiatra suizo
Sigmund Freud, neurólogo y psiquiatra austríaco.

Todos ellos inician su propio capítulo en la psiquiatría del siglo XX-
Emil Kraepelin, hizo un gran trabajo de clasificación de las enfermedades mentales, sobre todo las del campo de las psicosis, dividiéndolas en dos grupos: las psicosis periódicas y las delirantes, que perdura aún hasta hoy.

Eugen Bleuler, hizo un intenso trabajo en el campo de las esquizofrenias, las más frecuentes y perdurables de las enfermedades mentales, que se denominan hoy el Cáncer de la psiquiatría. El nombre de esquizofrenia (significando mente escindida, dividida) sustituyó al de demencia precoz.

Iván Pavlov se dedicó a estudios fisiológicos sobre animales e introdujo en la psiquiatría el concepto de los reflejos condicionados, originando la rama de la reflexología, luego denominada conductismo, que se ha difundido desde los Estados Unidos con el nombre de behaviorismo.

Finalmente Sigmund Freud, austríaco, el más popularizado de todos ellos, desarrolló lo que él llamó psicoanálisis, la gran terapia de los ciudadanos del primer mundo, que introdujo en la psiquiatría el gran campo de las neurosis, hoy denominadas trastornos de la personalidad, de la cual se ocupan tanto psiquiatras como psicólogos.

Todas estas doctrinas han engendrado, cada una en su campo, infinidad de escuelas.

Como toda la ciencia, el siglo XX ha sido escenario de un gran desarrollo en todos los campos psiquiátricos.

Las obras y trabajos de los cuatro autores mencionados, europeos todos ellos, han sido sustituídos o desarrollados desde la Segunda Guerra Mundial por médicos norteamericanos, que lo son por haber nacido en ese país o trabajado en él.

De los campos mencionados, las psicosis de Kraepelin y Bleuler, los de las neurosis de Freud y la terapia reflexológica-conductista de Pavlov, persisten hoy en pleno desarrollo. Pero varios más se le han agregado.

En primer lugar, a partir de la segunda guerra mundial, a través de la figura sobresaliente del francés Jean Paul Sartre, se empezó a destacar esa provincia psiquiátrica limítrofe que es la filosofía, bajo el nombre de existencialismo, que, de manera más o menos sistemática participa de todas las terapias.

Un libro novedoso titulado “Más Platón y menos Prozac” del cual es autor Lou Marinoff intenta constituirse en una escuela independiente dentro de la psiquiatría, el consejo filosófico.

Y un poco tímidamente al principio, desde mediados del siglo XX con el descubrimiento de los psicofármacos eficientes, la psicofarmacología psiquiátrica se ha desarrollado desmesuradamente. Hoy es excepcional que un paciente psiquiátrico no reciba sugerencia o indicación de alguna clase de medicamentos.

Toda esta breve historia de la psiquiatría tiene por objeto destacar una enorme carencia poco tratada por la psiquiatría. Una limitación que consideramos lamentable porque a través de ella se ha victimizado una gran parte de la humanidad. Nos referimos al fenómeno de la agresión, la violencia y, en su forma extrema al de la guerra.

En el siglo XX el mundo entero padeció de dos guerras brutales, asesinas, criminales, las Guerras Mundiales I y II. Ambas son sin duda el peor fenómeno que haya padecido la humanidad.

Aunque a partir de la segunda guerra mundial no han habido episodios de esa gravedad, no han dejado de haber, sin cesar, guerras limitadas, que persisten hasta hoy, en los primeros años del siglo XXI. Además de las grandes guerras, han habido pequeñas, cotidianas, amenazas , provocaciones, guerrillas más o menos crónicas, y frecuentes formas de terrorismo.

Junto a ese fenómeno histórico es de destacarse como la humanidad ha buscado, a través de tratados, alianzas, instituciones, legislaciones específicas y tribunales mundiales en progreso luchar contra el fenómeno de la guerra en cualquiera de sus formas.

Las guerras se describieron al principio meramente como hechos históricos. Prácticamente la historia se escribió en base invasiones, conquistas, venganzas, o como fenómenos religiosos. Lo que puede tomarse por cierto es que en la mayoría de los casos se trató de rapiñas, venganzas, robos, y conquista de territorios.

Todos estos factores podrían ser considerados hoy como trastornos de la convivencia, y episodios de agresividad y de violencia. En una palabra podrían entenderse como trastornos de la conducta. Muchos de ellos han sido protagonizados por enfermos psiquiátricos, hayan sido o no diagnosticados como tales.

En las etapas denominadas tribales de la evolución de la humanidad, siempre han aparecido jefes, o líderes, que en general han dirigido a sus hordas durante el tiempo limitado de la guerra y después han vuelto a sus roles habituales. No escribieron historia porque en aquellas épocas no había escritura. Al aparecer grandes poblaciones aparecieron los imperios que generalmente florecían a la orilla de los grandes ríos. En el mundo occidental, los imperios de la Mesopotamia y los del valle del Nilo. Acaba de descubrirse, con la incorporación de la tecnología de Occidente a la República China al mundo civilizado, un emperador de la dinastía Chin, que unificó, hasta el día de hoy, su inmenso territorio. Algunos fueron reyes o emperadores y otros, los que no conseguían instituir una estructura política, simplemente conquistadores.

Durante un período de la historia, un conquistador dominaba un territorio, lo organizaba políticamente, instituía una dinastía, que devenía hereditaria. Y si de entre los monarcas que se sucedían, alguno de ellos, con vocación por el poder, por el uso de la violencia ampliaba sus territorios y transformaba el territorio en un imperio. Se originaba, entonces, entonces una sucesión de guerras. hasta que el imperio como tal, se borraba del mapa. El más notorio de ellos fué el Imperio Romano, que siendo el mayor de Europa, Africa y Asia, duró mil años, desarrolló un tipo particular de civilización, contribuyendo sobre todo a estructurarse a través del Derecho. En el siglo pasado a causa de la primera guerra mundial, tres de ellos, el ruso, el alemán y el austríaco, se borraron del mapa.

La segunda causa de las guerras es la aparición de los ejércitos regulares. Cuando la milicia se convirtió en una profesión, muchos militares ascendieron al poder por la fuerza de las armas y para conservarlo lucharon contra sus rivales o intentaron conquistar nuevos territorios. Ha sido la historia de todas las dictaduras de la América Latina, después de la independencia de España, durante todo el siglo XIX y a veces hasta entrado el XX.

La tercera de las causas, de manera aparentemente paradojal, tuvo lugar a partir de la aparición de los monoteísmos, sobre todo el cristiano y el islamismo. Muchas sociedades, impulsadas por estas religiones emprendieron guerras de conquista para convertir infieles a su credo. Eso sucedió en Europa, en Asia y en el Nuevo mundo a partir del Descubrimiento.

Pero más allá de las dinastías, el militarismo y las religiones monoteístas existe un factor común en todas ellas: la agresividad humana.

En 1973, Konrad Lorenz, austríaco, ganó el premio Nobel compartido después de haber demostrado que el instinto de agresión era innato a todos los seres vivos y específicamente a los humanos. Él mismo se adhirió al nazismo. Y a partir de este instinto humano, abandonamos, para la explicación de las guerras de los campos políticos, militares y monoteístas para entrar en el de la psiquiatría.

El antecedente de esta tesis fué el libro de Cesare Lombroso, psiquiatra y criminólogo italiano a quien se ha denominado “el padre de la psiquitría” que en 1876 publicó su libro “El criminal nato” donde, en base al estudio de la historia de un epiléptico defendió la tesis de que la criminalidad era resultado de una predisposición genética. Y a pesar de que el número de delincuentes presente una significativa frecuencia de pacientes psiquiátricos su teoría actualmente ha dejado de ser aceptada.

No obstante llama la atención de que en muchas cárceles existen pabellones reservados para pacientes psiquiátricos, y a la recíproca, en muchos hospitales psiquiátricos existe un pabellón de presos.

En lo que a la relación entre psiquiatría y política se refiere hay casos notorios. El que puede ser considerado el mayor asesino de origen político en la historia de la humanidad fué Josef Stalin, cómplice eminente de Adolfo Hitler, responsable de los 65.000.000 de victimas durante la segunda guerra mundial. Pero todavía desde antes, durante su cruenta dictadura en la Unión Soviética, a través de purgas periódicas había condenado a muerte, directamente o a través de la esclavitud de sus aparentes enemigos, a muchos millones de compatriotas soviéticos. Hoy está definitivamente demostrado que padecía de una psicosis paranoica, y que se sentía perseguido por todo el mundo.

Otros hombres de poder también asesinos fueron, en la Rusia de los Zares, Iván el terrible, que seguramente padecía de una psicosis delirante paranoica a tema místico, y Herodes – no se sabe porqué llamado El Grande – que según la historia o la leyenda hizo matar a todos los niños en la época de Jesús y a prácticamente a toda su familia.

Y deben haber habido muchos más, que, para desgracia de la humanidad comenzaron guerras o cometieron genocidios en la época en que no existía una psiquiatría capaz de identificarlos como psicóticos, y que hoy la historio glorifica como grandes reyes, emperadores, conquistadores y líderes. Quizá lo haya sido Napoleón Bonaparte, que de simple oficial llegó a proclamarse Emperador de Francia, y originó millones de muertes
No se conocen muchos libros sobre criminología psiquiátrica. Un distinguido criminólogo chileno afirmó una vez que su especialidad no obtenía recursos útiles de la psiquiatría. Pero esto no es cierto, o no debería serlo.

En primer lugar el hecho ya citado de la presencia de enfermos psiquiátricos entre los grandes personajes de la historia. En segundo lugar la ambición inagotable de grandes territorios por todos los emperadores y conquistadores.

Acaba de entrar, y desarrollarse ampliamente en la psiquiatría, el concepto de los mecanismos de adicción. Primero existía solamente el problema del alcoholismo, presente ya en la Biblia y desarrollado con limpidez científica en el diálogo “El Banquete” de Platón.

A partir del descubrimiento y uso de la morfina en el siglo XIX, la adicción a los opiáceos, que originó la frase de Carlos Marx “la religión es el opio de los pueblos”. En el curso del siglo XX la explosión de los estupefacientes, que hoy constituyen una plaga de la humanidad, por las muertes sin fin de todo tipo que origina. Y como extensión del concepto, las adicciones que podrían denominarse psicológicas: la ludomanía, la adicción al poder, origen de los desastres políticos de la humanidad, adicciones eróticas, y, para ponernos completamente al día, la adicción a la computación que ataca la adolescencia y la primera juventud.

El DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, compilado por la American Psychiatric Association) ha aumentado su volumen, desde su fundación, en 3 ó 4 veces más. Y se trata de un manual que se encuentra en constante progreso y reforma. Los sindromos de adicción constituyen hoy uno de sus capítulos en mayor desarrollo.

La mayoría de los sedantes, los medicamentos más consumidos en el mundo civilizado tienen en su enorme mayoría efectos adictivos. Y uno de los más antiguos y más difundido, el alcohol, es una de las plagas de la humanidad.

Ya se encuentra incluido entre las enfermedades que describe el DSM IV, pero queremos desarrollar dentro de ese tema, el sindromo de adicción al poder, ingrediente tóxico y universal de la historia de la humanidad.

Pero a pesar de ser una de las causas máximas de sufrimiento y muerte, no ha sido ampliamente tratado. Se pueden proponer para explicarlo varias razones.

1. Una de ellas se debe sin duda a que todos los seres humanos tienen necesidad para su supervivencia la necesidad del poder. El poder de alimentarse del más débil, el poder de seleccionar o ser seleccionado por la pareja sexual, el poder de defenderse y participar en la defensa del grupo. En el Sistema de la asertividad hemos propuesto que las bases biológicas de la existencia son el amor y el poder.

2º. El poder es enormemente adictivo en la especie humana originando todas las formas de codicia, avaricia, conquistas, dominio y crímenes. Sólo cesa en su desarrollo progresivo con la muerte, o la derrota a manos del más poderoso que él.

3º.El poder asume diversas formas en la convivencia entre los seres humanos, que se extienden como una plaga. Desde hace tiempo, el pensamiento anarquista ha destacado en él cuatro formas universales. El poder político, el militar, el religioso y el económico. Estúdiense a fondo estas cuatro formas y se observará cuantas guerras, sufrimientos, luchas y muerte, han desencadenado las formas del poder.

Desgraciadamente, repetimos, pocos trabajos se han escrito sobre el poder y sus excesos.

Podemos citar el de ese título el de Bertrand Russell el de McClelland. Y El Príncipe de Maquiavelo. La palabra poder se aplica en la mayoría de los casos a temas políticos.

Las Iglesias, que han sido fuentes de poder durante toda la historia monoteísta, prefieren no usar este término para caracterizarse. Suelen disfrazar su afán del poder humano atribuyéndoselo a Dios, el Todopoderoso.

El poder militar no se señala como poder político sino que se presenta, eufemísticamente como Ministerio de Defensa.

Finalmente el Poder Económico se disimula, con toda la hipocresía del caso con solo dos letras. S.A.

Podemos señalar algunos casos en que se han buscado fórmulas para controlar los abusos de poder algunos exitosos, otros no.

El más notable es el de Adolfo Hitler. Infinidad de libros se han escrito para tratar de conocer, y ubicar en la psiquiatría la personalidad de un hombre que tanto daño hizo a la humanidad.

Se probaron los diagnósticos corrientes y establecidos. Se plantearon todos ellos pero ninguno llegó a aceptarse. Lo cierto es que tuvo una excepcional habilidad para montarse al poder, por conquistar gran parte de Europa, tanto como cómplices como por someter territorios. No se ha llegado todavía a una conclusión definitiva. Lo cierto, lo que no se puede negar, es que si la difusión de la psiquiatría hubiera llegado hasta él, hubiera sido considerado por lo menos un paciente psquiátrico.

No hay que olvidar que durante un período, después del Putsch de Munich de 1923, estuvo encarcelado.Lo aprovecho para escribir mi lucha. Pero en esa época no tuvo un vigor suficiente como para clasificarlo.

Una película muy interesante describe un grupo de nazis que intentan reproducir la vida del Führer intentando reproducir su genética y su manera de ser criado, con un padre bastante anciano y una madre joven, como lo fue Hitler. El niño fue criado, y haciendo honor a la tesis genética en la cual se formó, termina matando a uno de los autores del proyecto.

Dinamarca es una monarquía constitucional. Es uno de los países más democráticos de Europa y figura en primer lugar entre los que tienen menos corrupción. Naturalmente que la monarquía es hereditaria, pero quien va a ascender al trono requiere, previamente, la aprobación de una alta autoridad nacional, entre las cuales probablemente haya un psiquiatra.

En una reunión de una sociedad de psiquiatría, y en vista de los graves trastornos políticos de que padecía la nación, un miembro propuso que toda persona que aspirara a un alto cargo público tuviera que ser estudiado por autoridades psiquiatricas. La proposición no fue aceptada y la nación continuó con sus graves problemas políticos.

Un ejemplo de la importancia de la psiquiatría intentando regular el poder y el mal es el de lo que se ve en los juicios por delitos graves. En casi todos los casos se recurre al peritaje psiquiátrico lográndose casi siempre afectaciones sobre la pena.

El Poder es, por lo tanto uno de los mecanismos trascendentes y con un desmesurado desarrollo patológico en nuestra cultura occidental. Cuando se aplica el abuso de poder de unos hombres sobre otros, en el campo de la política, los resultados suelen ser desastrosos.

Veamos su historia.

Somos seres humanos pertenecientes, en la clasificación del reino animal a la especie homo sapiens.

Por nuestras características especiales, hemos creado dos estructuras, únicas en la historia de la vida sobre nuestro planeta; la civilización y la cultura.

La civilización (originado en el término latino “civitas” ciudades) es aquella forma de organización de la tribu primitiva, que ha pasado del nomadismo al sedentarismo y reside en grupos de viviendas estables que se denominan ciudades.

El término cultura es originado en el verbo cultivar y a su vez en el término ciclos, se origina en la actividad de la agricultura y posteriormente, según Uslar Pietri designa a “todo aquello que el humano hace”, en función de su desarrollo neurológico.

Una civilización origina, inevitablemente, alguna forma de cultura. ”
Entre ellas, existe una actividad que se denomina medicina, que comenzó por prever y tratar las enfermedades.

Es característico de la especie humana su sistema nervioso central, en base al cual se ha constituído el especialísimo desarrollo de su especie.

Las cuatro formas de poder seleccionadas son, en el estado actual de nuestra civilización, asistidas por la medicina, específicamente de la psiquiatría. Esta asistencia comenzó a principios del Siglo XX, cuando la psiquiatría y la psicología estaban en sus comienzos.

El capitalismo, base del poder económico generó un tipo de empresas que se desarrollaron en el seno de la burguesía, requería, más que nada, una gran vocación por el poder económico y un espíritu emprendedor.

El país que es hoy el más poderoso del mundo logró su desarrollo a expensas de una tradición religiosa calvinista y puritana, una religión celosamente cultivada que sostiene un curioso valor: la afirmación de que el enriquecimiento era una de las virtudes que llevaban a los hombres al reino de los cielos. Esto a pesar del dicho del Evangelio de que “Es más fácil para un camello atravesar el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de los cielos.”
Y a pesar de este puritanismo, todos los llamados “capitanes de industria” norteamericanos de siglo XIX y comienzos del XX, los Carnegie, los Rockefeller, John Ford, el padre de los Kennedy, y contemporáneamente Bill Gates, vivieron adecuando las leyes a sus necesidades y violándolas cuando era necesario para cumplir con sus arquetipos económicos, de acuerdo a John O´Sullivan quien formuló la «Doctrina del Destino Manifiesto” (Manifest Destiny)-. Con este término quiso indicar la misión de los Estados Unidos «de ampliar el continente asignado por la providencia para el crecimiento de nuestras multitudes, que se multiplican de año en año»
Evidentemente, después de la Segunda Guerra Mundial, y pasado los años de la guerra fría con Rusia, el mundo entero, la civilización y la humanidad se encuentran bajo el poder de lo que se ha llamado el IMPERIO AMERICANO, la potencia más poderosa del mundo.

Claro está que esta potencia que tiene ciertos rasgos morales, producto de su herencia religiosa puritana, con su ley económica que afirma que hacer dinero y enriquecerse es una virtud religiosa, siempre que se desarrollen sentimientos caritativos.

Por el lado bueno, ha contribuido a defender la civilización colaborando a la victoria de las fuerzas menos agresivas durante las dos guerras mundiales del siglo XX, manteniendo después cierta gendarmería del mundo contra el terrorismo y cultivando ciertas formas de beneficencia y cumpliendo con las leyes democráticas que ella misma ha impuesto. Y a aquellos países que aprenden su estilo, los ha beneficiado trasladándolos a su lado al primer mundo, y enfrentando a los países totalitarios.

Sin duda, si se le aplica la denominación de Imperio, es mucho más civilizado que los mesopotámicos, los de la edad antigua, el romano, los gobernados por monarcas designados “por la gracia de Dios” , y los imperios europeos que a partir del Renacimiento han conquistado los países menos civilizados de Asia, Africa y América.

Todos estos imperios han sido creados y gobernados por hombres adictos al poder, que la historia consagró como héroes y seres humanos excepcionales, pero que seguramente no dejaron de ser pacientes psiquiátricos, pertenecientes a los grupos que hemos señalado.

Pero por el lado negativo, a través del poder económico han creado países colonizados, que son las víctimas hoy, de los imperios europeos a partir del Renacimiento. A menos que estos países hayan aprendido de sus enseñanzas, aplicado sus mismos métodos y se hayan desarrollado de acuerdo a sus leyes económicas, y generalmente las políticas.

Por eso, en el mundo contemporáneo, regido por el poder económico, todas las empresas disponen un departamento de personal que, entre sus diferentes funciones, contiene inevitablemente una “selección de personal.” que se encuentra a cargo de psicólogos o de psiquiatras. En ellas se examina las aptitudes del aspirante al cargo para estudiar su idoneidad..

Cuidadosos estudios sobre su currículum vitae, estudios sobre su experiencia, pruebas de capacidad comprueban o no su aptitud para el cargo.

Eso es evidente en la más tecnológica de las instituciones que existen, que son las organizaciones y sobre todo las empresas. Además se hacen cargo de cursos, talleres y entrenamientos, que sirven para aceptar, rechazar o ejercitar al postulante.

Las religiones también someten a sus candidatos a largos cursos de años de duración. Son verdaderas carreras.

Lo mismo sucede con la profesión militar, también sometida a entrenamientos en las Escuelas militares, y que todo a lo largo de su curso van ascendiendo a través de distintos grados.

Hagamos una breve revisión de la evolución del PODER MILITAR. En el período tribal, los que demostraban capacidades específicas para la lucha se transformaban en jefes, que solían ser sólo para la guerra y cesaban en sus funciones cuando éstas se suspendían.

Cuando estos cargos se consolidaban, se originaban los caudillos, característicos de la América Latina en los siglos XIX y XX. Y en la Antigua China, y hasta hoy en Afganistán y Yemen los hoy ,llamados “señores de la guerra.”
En la Edad Media los militares fueron los aristócratas cuya principal función era la de mantener sus privilegios y territorios a través de las guerras feudales y nacionales.

En la Edad Moderna las guerras estuvieron a cargo de los reyes, monarcas designados “por la gracia de Dios”
Al comienzo del desarrollo de las democracias contemporáneas, a partir de la Revolución Francesa, Y entonces, a partir de Napoleón, verdaderas instituciones que forman parte insustituible de los Estados.

Ese sistema nervioso central posee, a través de sus funciones superiores, que llamaremos psíquicas, intelectuales y creadoras, también el defecto de enfermarse.

Y esas enfermedades han sido base para nuestros adelantos. Y así como las guerras, con su espantoso precio, han creado grandes progresos, también el estudio de las enfermedades, también a un altísimo precio, ha originado el conocimiento superior de nuestra especie.

La psiquiatría es uno de los campos donde se estudian las enfermedades del “sapiens” que nos caracteriza. Y tenemos que cuidarlo de manera especial, porque nuestro “sapiens” se trastorna y se enferma a paso acompasado, muchas veces al ritmo de nuestros progresos.

Cuando describimos los mecanismos del poder, y la posibilidad por la cual el humano se enferma a través del trastorno de adicción vemos el inmenso daño que puede causar a la humanidad entera, desde que el humano se conoce como tal .

En el momento actual, la psiquiatría ha descrito diversas enfermedades que se vinculan, y crean mecanismos patológicos y enfermedades en el campo del poder humano
Citaremos las que origina la agresión, una de las formas patológicas de ese poder.

Las personalidades psicopáticas
Las enfermedades delirantes
La epilepsia
Los mecanismos de adicción
En el momento actual, se encuentran desarrolladas en la psiquiatría oficial (DSM IV) pero no sólo como adicciones al poder junto a las demás adicciones a todos los tipos de drogas y de trastornos de la conducta.

Y si la psiquiatría no las cubre a todas de manera adecuada, porque no se encuentran todavía dentro de lo aceptado en su campo, por su permanente desarrollo y progreso debe extenderse y llegar a cubrir todas las formas de poder, sus excesos, sus adicciones que tienen que ser colocadas por debajo del control del conocimiento psiquiátrico.

Y esa es la deuda que esta especialidad tiene, en el momento actual, con nuestra cultura y nuestra civilización.

Pocos han sido, en nuestro conocimiento, los que se han dedicado al estudio de la patología de los políticos, y sus mecanismos y adicciones al poder.

En Venezuela el autor más destacado en este tema fue el psiquiatra Francisco Herrera Luque, estudioso de la historia de España y de Venezuela, que en su libro “La huella perenne” describe todos los cuadros patológicos, caracteriales y psicóticos, en las dinastías que gobernaron España, desde los padres de los Reyes Católicos hasta el gobierno de los Austria, entre los cuales cuenta epilépticos, psicóticos y retardados mentales.

Un libro cuyo autor no recordamos publicó “Aquellos enfermos que nos gobernaron” pero tratándose de un internista las enfermedades que describió fueron fundamentalmente orgánicas, teniendo en cuenta que la mayoría de los políticos se encuentran en la segunda y tercera edad.

Harold Laswell publicó “Psicopatología” y política en 1929, pero su tendencia exclusivamente política le quitó valor científico a su texto.

El libro que nos ha resultado más valioso a este respecto se titula “Psicología de los dictadores” del Dr. Gustv Bichhowsky subtítulo “De César a Stalin” Ed. Hormé 1968.

El autor es un psiquiatra de tendencia psicoanalítica, nacido en Polonia que vivió en el exilio durante la segunda guerra mundial. Hace un estudio, que comienza por julio César, Oliver Cromwell, Robespierre, Hitler y Stalin.

Por su tendencia psicoanalítica se ha ocupado más en hacer extensas biografías de los dictadores y que en estudiar sus diagnósticos. Para citar dos ejemplos, no se preocupa en identificar a Julio César como epiléptico ni, como se le conocía “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos” , ni tampoco identificar a Stalin como un enfermo mental padeciendo de un delirio persecutorio paranoico.

Esta es la literatura que ha estado a nuestro alcance.

Todo a lo largo de la historia ha ignorado los grandes conquistadores y emperadores, de los cuales en Roma, por su conocida historia ha olvidado muchos de ellos.

Tampoco ha señalado dos grandes fuentes de patología por abuso de poder y criminalística que ha sido durante todo el siglo XX, con extensiones en el XXI de todos los que ha originado la ideología comunista a partir de la segunda guerra mundial y antes que ella, la cantidad de caudillos y dictadores que se han originado después de la independencia de España de los países latinoamericanos.

El material humano, patológico se encuentra ahí, a la vista. Falta identificarlo y clasificarlo. Faltaría también, el estudio de los rasgos caracteriales precursores de los hombres de poder, de abuso de poder, adictos al poder y finalmente verdaderos delincuentes por problemas de poder. Quizá el tratamiento de dichos sujetos a través de psicoterapia, medicación específica cuando el diagnóstico los justifique y los castigos legales y judiciales que les correspondan para saneamiento de la sociedad.

No hemos visto difundida la enseñanza de la psiquiatría y la psicología criminalística en el Derecho y las Ciencias Políticas. Ni tampoco los orígenes sociológicos de los criminales.

Para terminar con lo que fue el titulo de este ensayo, esa es la deuda que tiene la psiquiatría con la sociedad.

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