Opinión Nacional

La esperanza de un mundo mejor

La esperanza de un mundo mejor, siempre ha sido el horizonte de la Poesía. En el fondo del compromiso de la palabra con el objeto de su discurso, siempre ha estado la necesidad de integrarlo en sujeto, dotarlo de una personalidad, animarlo para que su entidad plene los planos creativos que le circunscriben y logren doblar el espacio tiempo para dirigirse a esos lejanos lugares donde la imaginación arbitra la física con sus propias leyes. La palabra es usada para embellecer, para resarcir lo que ha sido ultrajado, para conferirle atributos a algo que no los tenía, para insuflar de oxígeno la creación de los hombres y la acción de los dioses, aquellos que siguen poblando con sus ánimas los espacios inconscientes y subconscientes donde mora la extraña zoología sensorial de cada quien. Que nadie piense si es hereje o no, o tema serlo. Son cosas que ocurren, porque la percepción de Dios sigue siendo tan particular como antes, más allá de los dogmas que puedan disfrazarlo de mayorías. Entre tanto, los discursos del mundo siguen su diaria diatriba. En el imperio de la tecnología, el mapa del Cromagnon sigue presente, con una emocionalidad desbordada muy lejana del Sapiens, de ese fino distintivo que le colocamos a la especie que a punta de “habilis” se hizo inteligente. En el fondo, el cerebro se desarrolló gracias al quehacer de las manos, que enseñaron, a través del expresivo arte de la representación de lo visible, como las abstracciones se convertían en realidad. No obstante, cuando el Sr. Oscuro se activa, insondables cosmovisiones se abren al aberno del animal atrapado y en permanente huída, cara de Jano que no ofrece su faz al sol, sino que agrupa la materia no visible, sin cuya existencia la otra no tendría base para brillar. Por eso su fondo es más denso, más masivo, mas lleno de instinto y de intuiciones, de bioquímica primaria que fabrica tanto aminoácidos como neuropéptidos, y que los dispara al son de un pernicioso juego de ruleta rusa. A eso juega la poesía. A puntear pinceladas que tamizan al paisaje límbico difuso bajo la excusa de la paranormal normalidad de una niebla que parpadea imágenes. De todo eso habla la poesía en mil lenguas. Y es preciso que hable para verbalizar el silencio de los que callan, de la multitud que se desmultiplica en la semántica de la sensorialidad personal que emerge unívoca y frágil. Allí, donde recién sacadas del fuego, las palabras queman.Allí, donde la luciérnaga se hizo noctámbula para reproducirse y dejar la vida en el éxtasis. La poesía aspira un mundo mejor. Ha tejido puentes entre los caminos que separó la conveniencia y el buen decir. Ha nacido de lo imperfecto, ha cantado a lo bello y ha embellecido la antípoda de lo hermoso, le ha dado por buscar el grial del entendimiento de la pasión desbordada,y muchas veces ha servido de secreto escapulario a la adúltera que le llovieron las piedras de la incomprensión. La poesía, ha sido el ángel liberador de las almas y de los cuerpos oprimidos, de la cosa ya juzgada y sin retorno, del imposible que abortó en quimera el sueño de la utopía. La poesía fue inventada por nosotros para unir al desencuentro y convertirlo en una posibililidad de entendimiento. Si al mundo lo buscamos donde dejó tirado su morral de poesía, encontraremos a la esperanza humana que vive en la savia de su redención.

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