Opinión Nacional

La historia de la policial en Venezuela, está llena de…Follones imbuidos en sus delicadas fallonas

En los políticos o quienes, uniformados o no, pretendan calzar sus botas, ese tipo de personalidad caracterizado por las excitabilidad, hiperreacción emocional, autodramatización, y actos impulsivos, con frecuencia asociadas a la histeria clásica, suele disparar siempre consecuencias inmediatas, y potenciar otras nada despreciables a mediano y largo plazo. En algunos casos, por ejemplo, produce esos desfallecimientos con privación más o menos completa del conocimiento; que si bien desde el punto de vista médico pudieren no tener mayores consecuencias, si las tienen desde el político situacional, puesto que, evidencia el estado del gobierno y la capacidad de acción de los funcionarios del más alto nivel. En otros, de conductas públicas más reciente, producen esas incontenibles y periódicas diarreas paróxicas, vulgarmente conocidas como culillo. De las responsabilidades por omisión
Como aquella que deja “en vivo y en directo” e impreso para la historia por unas cámaras de televisión, la calidad del pánico que invade al desempeño del gobierno y acogota a sus cuadros en función de sus atribuciones, responsabilidades, y frente a situaciones de desórdenes públicos graves. Ese, precisamente, fue el caso de Alejandro Izaguirre, Ministro del Interior quien se desmaya frente a las cámaras de TV y de Ítalo del Valle Alliegro, Ministro de la Defensa, quien en su despacho, en privado y frente a su compadre el también general Manuel Héinz Azpúrua, histérico gritaba “… mi carrera…”; eso, antes de entregarle el mando de las operaciones. También fue el caso del general activo de la GN José Rafael León Orsini, quien junto con todo su Estado Mayor integrado por otros oficiales superiores activos de la misma fuerza, todos en funciones y como comando superior de la Policía Metropolitana, cuando abandonaron el comando de las unidades y operaciones de policía y desde sus casas de habitación, sujetos del pánico y en la madrugada, salieron directos, escoltados y corriendo a refugiarse en el cuartel central de su fuerza en El Paraíso; justo en la ocasión de los inicios o preliminares de los desórdenes públicos conocidos sintéticamente como el 27F. Resultado
Todos los testigos de eso, estamos conscientes de los efectos de estos actos de incapacidad, incompetencia y de elaborada cobardía del equipo de gobierno de Carlos Andrés Pérez, quien, por cierto, ese día temprano en la mañana, cuando se preparaba para un sarao oficial en Barquisimeto y luego de consultarle a su jefe de seguridad, el cubano Orlando García Vásquez, quien le habría informado que los desórdenes iniciados en Guarenas sobre las cinco de la mañana, no era nada grave, sólo un muerto y ya estaban las fuerzas del orden, avocadas al asunto; y sin embargo, a las 22:00 horas cuando regresa a Caracas se encuentra con las impactantes imágenes en todo el recorrido del vehículo y la escolta oficial que desde el aeropuerto lo regresaba a Miraflores. Más de 300 muertos y centenares de heridos; saqueos y masiva destrucción de propiedades públicas y privadas en Caracas, se le debe a la cobardía imperante sobre la incompetencia. También se condena
Ello, sólo derivado de la actuación asustadiza de un equipo de gobierno integrado por los miembros fieles del partido político en funciones de gobierno, dependientes de los favores del líder y encopetados incompetentes. La mayoría de ellos, vivos aún, podrán a voluntad refutarlo. Todo habría sido dejado y quedado en manos del sargento que operaba la Central de Radio de la Policía Metropolitana, quien a la espera de las órdenes del inexistente Comando Superior de Guardias Nacionales y evitando enfrentamientos entre las unidades policiales de guardia y los exaltados ciudadanos en Caracas, ordenaba la no intervención y el repliegue de las unidades policiales cercanas a los puntos de desorden: Así empezó lo que luego culminaría como el 27F. Que recordemos, tarde ya frente al desatendido desarrollo de los eventos, el único hombre que las tuvo bien puestas y asumió por completo la restitución del orden –aunque aparatosamente dado los tiempos, las circunstancias y los pocos medios con los cuales contaba–; una alternativa de reacción pertinente que ningún ministro del gobierno de CAP, el de la “Democracia con Energía”, se atrevió a asumir; el compadre del ministro, quien en medio de los gritos histéricos de éste, logró que se serenara y le diera de viva voz la orden al jefe del Comando Estratégico de Caracas, y de allí a la rápida habilitación de los recién llegados transportes aéreos fabricados en Italia y el traslado de contingentes militares del interior, desarmados, cuestión de pesos y capacidades de las aeronaves, y luego pertrechados en La Carlota a su arribo: El general Manuel Heinz Azpúrua Justamente el 27F, desde la perspectiva policial, ha sido y será hasta estas nuevas incidencias en proceso, uno de los más graves y ejemplarizantes desórdenes públicos en Venezuela, indicativo no sólo de la ignorancia y de la brutal incapacidad política instalada y en gobierno, sino de una de las mayores demostraciones de la evasión de las responsabilidades, la aplicación de la ley del menor esfuerzo y de la añeja ausencia de rendición de cuentas en esta por décadas, constante, sostenida y programada desprofesionalización de la Policía: La de ayer y la de hoy. Por cierto, el 27F y sus graves eventos, muy citados por el líder de esta supuesta revolución, el teniente coronel (r) Hugo Rafael Chávez Frías, quien manipulando y tratando de ganar indulgencias con escapulario ajeno, pretende reescribir la historia y hacer de él en ella su protagonista. Hecho público
“… ‘Hay gente que no sé qué criterio carga y que hay que dejarlos (a los manifestantes) que se desgasten (…) Estoy hablando del gobernador de Lara (Henri Falcón). ¡Qué pasa gobernador?’… ‘Le hice un reclamo y una advertencia. Sí la Policía de Lara no cumple con su función voy a tener que intervenirla. No tengo problema, tengo que cumplir con mi obligación y la autoridad mía es la misma en el estado Lara, Mérida, Zulia, Táchira, independientemente de los gobiernos locales. Soy Presidente en esta República toda’… ‘No podemos permitir la violación de ninguna ley y el que tranquen una avenida está fuera de la ley. Lo demás es una debilidad que genera impunidad y el daño puede ser peor’… ‘Supongamos que la Policía de Aragua, por un criterio como éste, no actúa, tenemos que intervenirla. Le dije al ministro de la Defensa (Carlos Mata Figueroa), saque la Guardia Nacional, intervenga la policía. Si el gobernador se pone bravo y se pasa a la oposición, que se vaya. En este caso es imposible’… ‘que apliquen la autoridad. No estoy hablando de represión sino de autoridad. Son grupos que están buscando caotizar’… Todo un plan desestabilizador (…) Hoy es imposible un golpe de derecha, ahora una rebelión de izquierda que profundice los cambios es posible y yo pudiera comandarla. (…) Si me obligan yo la comandaría’…”((%=Link(«http://www.eluniversal.com/2010/01/29/pol_art_chavez-intervendra-p_1742007.shtml»,»eluniversal.com»)%)). De las responsabilidades por acción
Otra es la circunstancia que potencialmente se derivan de las tajantes y amenazantes expresiones públicas, y en cadena de radio y TV, del líder de la revolución, contenido de los extractos tomados y transcritos de la prensa diaria nacional. Bastaría que los subalternos y hasta los asesores presidenciales del gobierno, abandonaran la cobardía e hicieran el trabajo por el cual se les paga y por lo menos, si no informar directamente a Hugo Chávez Frías por el temor a las consecuencias inmediatas, al menos ponerlo en negro sobre blanco y hacerlo llegar a su escritorio, y guardar copia con el sello de recibido. En todo caso, para el futuro de cada uno de ellos, preconstituyen con ello elementos de juicio, quizás evidencias documentales, en descargo a la hora de los derivados juicios penales nacionales y/o internacionales, por los crímenes derivados de estas expresiones propias de pandilleros; para el ciudadano común y para cualquier observador extranjero, en nada parecidas a las que se esperan sean las propias a un legítimo, conciente y sereno jefe de Estado. Del marco del juicio y la condena
A este tenor, bien podrían hacer una detenida lectura e interpretación a los efectos del líder, del preciso contenido del Protocolo de Roma, conocido soporte de la jurisdicción penal extrafronteras y en manos del Tribunal Penal Internacional con sede en La Haya, para la atención, investigación y juzgamiento de crímenes colectivos; de Lesa Humanidad los califican. Por cierto, muy necesarias lecturas una vez que se ha hecho pública la gráfica –que dice más que mil palabras– del nuevo armamento en manos de los efectivos de la Guardia Nacional, coincidiendo con el hecho de que un general que según el decir es de la Guardia Nacional, Carlos José Mata Figueroa, haya sido designado MPPPD; en cuyo caso, de ser cierto, por primera vez desde la creación por Juan Vicente Gómez del Ejército 1908 a la fecha, un Guardia Nacional llega a ser titular del Ministro de la Defensa en Venezuela. Ese nuevo armamento destinados a la represión de las manifestaciones estudiantiles y de otros civiles; ese especial instrumento de violencia extrema, de terrorismo de Estado, ha sido sacado y copiado de las más negras páginas de la Inquisición española, y es conocido precisamente como: La Araña Española. De autores tras los autores<
No importan cuántas sean las explicaciones de los oficiales superiores de la Guardia Nacional como respuesta a la difusión de la foto publicada por la prensa y ya difundida por la prensa internacional. Para el ciudadano común, dentro o fuera de Venezuela, la gráfica muestra a un efectivo de ese organismo, GN, de espalda y blandiendo amenazante en su diestra el instrumento letal frente a un grupo de ciudadanos desarmados, sentados en el piso y con las manos en alto. Imposible, a la luz de esta gráfica y frente a un tribunal, nacional o internacional, alegar peligro actual o latente o amenaza alguna para o en contra de los efectivos militares encargados de la represión de las manifestaciones. Bien lo afirmó tajante hace más de veinte años el escritor Casamayor; parodiando su expresión, la complementamos: La policía no es represiva, represivo es el uso que de ella hace la incapacidad política de un gobierno inepto para atender y solucionar lícitamente los problemas derivados del ejercicio del poder. Que no vengan luego, mañana, estos reencauchados verdugos de la Edad Media, uniformados o no, a pedir clemencia. Si bien es cierto que la responsabilidad penal es intransferible, y sólo el funcionario policial o militar que ejecuta la orden y ocasiona el daño o la muerte a un tercero, es condenado y va a parar a una cárcel; también es cierto que, luego de entrar en vigencia el citado cuerpo legal y tribunal internacional, las cosas no se presentan tan fáciles para los presidentes, ministros, viceministros, diputados, magistrados, jueces, fiscales y afines, altos y medianos jefes policiales. Las desarrolladas y vigentes teorías sobre la responsabilidad penal en cabeza del autor tras el autor; precisamente ese funcionario al mando quien voluntariamente a conciencia de lo que ordena, hace expreso uso de otros, de sus subalternos, como dúctil y letal arma para la ejecución de su voluntad criminal. Si bien es cierto que en el controlado marco jurídico de impunidad interno e imperante en Venezuela, sin justicia ni jueces ni fiscales capacitados e independientes, con Defensores del Pueblo que sólo defienden su cargo, pueden garantizar que sólo y exclusivamente los subalternos ejecutores directos del o los crímenes serán juzgados e irán a la cárcel, no resulta ser lo mismo, cuando el asunto es llevado, y soportados en las públicas evidencias, testimonios de las víctimas, imágenes de los eventos, es presentada la querella por ante la instancia penal internacional y por delitos clasificados en el rango de lesa humanidad. Se le debe recordar al y a los interesados
Allí están el jefe de Estado Dragomir Milošević y sus subalternos y cómplices en el caso de Yuhoslavia; allí están Jean Paul Akayesu, Theoneste Bagosora, Aloys Ntabakuze y Anatol Nsengiyumva en el caso de Rwanda, todos, una clara fotografía que evita en esta nota las mil tediosas palabras para explicar de lo que se trata. Si bien la historia de la policía en Venezuela está llena de follones imbuidos en sus delicadas fallonas, que se percaten que esta vez y desde el primero de julio del 2002 y en la jurisdicción penal internacional, no tienen garantía alguna de impunidad: Serán juzgados, condenados y pagarán años, y quizás terminen sus días confinados en una cárcel por sus crímenes contra la población civil desarmada.

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