Opinión Nacional

La hora de los incapaces

“Yo soy nacionalsocialista. Tú eres incapaz de comprenderlo
porque tienes talento. Yo no tengo talento, así que necesito
el nacionalsocialismo. Ahora se trata de los que no tenemos
talento. Ésta es nuestra oportunidad.”

Sándor Márai (“¡Tierra, Tierra!”)

Cada día que pasa se reafirma más una constatación inapelable: el gobierno de los revolucionarios bolivarianos no sirve, es una estafa, que de no frenarse, acabará hasta con los cimientos al país.

Está suficientemente claro que a los actuales gobernantes venezolanos los mueve una locura ideológica totalitaria que ya ha sido conocida de manera trágica en otros tiempos y latitudes.

Es proverbial su incompetencia para resolver cualquier problema que implique poner en práctica conocimientos profesionales o técnicos en áreas de interés colectivo.

Los rasgos definitorios de esta calamidad hecha gobierno son, por un lado, una visión autoritaria y policial para abordar cualquier tema que enfrenten, y por otro, una conducta patológica centralizadora y controladora de todo. Estas características desnudan su desprecio por la democracia y el Estado de derecho.

Sin embargo, gracias a los inconmensurables recursos financieros petroleros, se ha logrado mantener en pie, a duras penas, lo que queda de las instituciones gubernamentales. Éstas han sido sometidas, con políticas y un exagerado número de regulaciones absurdas, a un proceso de demolición, de vaciamiento de personal idóneo y de manejo irresponsable, por individuos sin las más mínimas credenciales y ayunos de experiencia para las misiones que deben cumplir.

No hay empresa o institución que hayan tomado que alcance resultados satisfactorios de acuerdo con los estándares de evaluación. La calidad de las políticas -cuando las hay- y sus ejecutorias concretas son bochornosas, por no decir, desastrosas. Todo lo que tocan lo destruyen con sus experimentos disparatados, marchas y contramarchas, sin olvidar el desquiciamiento que producen los constantes cambios de ministros y funcionarios improvisados, que fracasan uno tras otro.

Las pérdidas económicas y de recursos humanos invaluables que conlleva esta deriva demencial no son difíciles de imaginar, y sus dimensiones cuantitativas algún día las conoceremos.

Los sectores petrolero, eléctrico, telecomunicaciones, producción agrícola, de la construcción de viviendas, de la distribución de alimentos y de los servicios públicos, están siendo administrados sin ningún criterio de eficiencia gerencial o de productividad.

Para los gerentes públicos revolucionarios, la competencia, ser competitivos u obtener buenos números económicos, son aberraciones capitalistas que deben ser erradicadas, por demoníacas. Las leyes económicas no existen o las ignoran. El respeto a la Ley o al Estado de Derecho es un prejuicio burgués a extirpar. Lo único que vale es la palabra del mandón y sus deseos, no importa que ello genere desempleo, desinversión, inflación o desabastecimiento de alimentos.

No conformes con esta deplorable performance, pretenden asumir, mediante estatización, y a pesar de una experiencia histórica nefasta, la industria del acero y de los cementos, así como ampliar la banca pública, produciendo un arrinconamiento irracional de la iniciativa privada, motor fundamental de toda economía próspera.

A esto se suma la explosión inaudita de la corrupción de funcionarios, que tiene lugar no sólo con “la privatización” obscena de los recursos públicos, sino también con los negociados producto de las diversas contrataciones estatales.

Muchas de las disposiciones de los decretos-leyes promulgados en días pasados son la prueba concluyente de lo que comentamos. En forma y en contenido, estos instrumentos reguladores inconsultos vienen a profundizar la disolución institucional, el proceso de destrucción económica en marcha y la aniquilación de las libertades y los derechos humanos.

Esta nomenklatura de funcionarios desprovistos de talento, como en toda revolución totalitaria, ha visto la oportunidad ideal de tener sus “cinco minutos de gloria”, así sea a costa del bienestar de millones de venezolanos que están esperando que le solucionen sus graves problemas.

En un libro autobiográfico (“Tierra, Tierra”) que recuerda la ocupación nazi de su país y los comienzos del comunismo, Márai relata una fiesta en la que cuestionaban al nacionalsocialismo y un pariente de él, pronunció las palabras impactantes del epígrafe. *
Leer esta confesión del primo del escritor, a cualquier venezolano lo remitirá –como dice el poeta Cadenas- a estos tiempos de oscuridades que vivimos.

No hay duda, un hatajo de incapaces sin talento nos gobiernan; como el primo de Márai.

Este gobierno ha sido la oportunidad que tuvieron los mediocres, los charlatanes e impostores. Ni miles de millones de dólares ni siquiera 10 años de gobierno les proporcionaron conocimientos y pericia para ser medianamente exitosos en las tareas que emprendieron.

Fue la hora de la bellaquería, la patanería y el resentimiento, que ignominiosamente se han enseñoreado para cubrirnos de deshonra ante el mundo.

Afortunadamente, el término de esta tragedia ya se dibuja en un horizonte no muy lejano.

Corresponde ahora al talento venezolano, que puede ser encontrado en todos los sectores sociales y en cada actividad, recuperar la libertad y el orgullo de ser venezolano.

EMILIO NOUEL V.

* El responsable del epígrafe que encabeza estas líneas es el estimado amigo Luis Beltrán Petrosini, quien, con su recomendación, me brindó el placer de conocer un extraordinario escritor húngaro.

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