Opinión Nacional

La manipulación electoral de la religión

El 99% de los venezolanos son religiosos. El 88% católico, con 26.9 millones.El Nacional 4-3-12. El 12%, de otras religiones, agnósticos y ateos.

La actitud religiosa de los creyentes es insólita en 3 circunstancias: ante necesidades materiales, de salud o de política.

Ante necesidades materiales, la gente utiliza a Dios como supermercado, orando para pedir cualquier cosa: carro nuevo. Casa grande. Ganar el primer premio de la lotería. Una pareja bonita y con mucho dinero. Y demás.

También piden por la salud, muchas veces con chantaje, diciendo, por ejemplo: si me curas, llevaré una medallita colgada en el cuello por el resto de mi vida, pero si no me sanas no volveré más nunca a la Iglesia, ni siquiera los domingos.

Y hasta piden milagros, como que si los milagros fuesen tan comunes como la aspirina, que se encuentra en cualquier farmacia. De paso, al suplicar por un milagro ignoran que es la actitud propia de toda persona que tiene poca fe.

Sin embargo, el colmo es involucrar la religión en la política.

Involucrar a Dios en la política es imposible. En parte, porque Dios no es involucrable ni manipulable por capricho del ser humano. Y, en parte, porque en esta dimensión humana, tan distante de la divina, los únicos manipulables son los creyentes. O sea, el objetivo de los políticos de incorporar la religión en su lucha proselitista no es tanto por Dios, que no es manipulable, sino para aprovechar la fe de los creyentes e inclinar su opinión en beneficio de promesas electorales que muchas veces son contradictorias con el credo. Como el comunismo para católicos.

Pero mejor ejemplo sería la reciente campaña electoral por la Presidencia en Venezuela.

Sin dudas, fue una histórica campaña religiosa, porque ningún candidato había invocado tanto a Dios, y utilizado tan intensamente la religión como recurso electoral, como hasta ahora. Y por ambos candidatos.

Recuerde al oficialista. Aunque siempre ha sido manipulador religioso, esta vez invocó la ayuda divina en incontables oportunidades: ante la imagen del Santo Cristo de la Grita, en oficios religiosos y demás, suplicando por la salud y su triunfo electoral. Y con lágrimas en los ojos. Pero, por vacío de fe o, por si acaso, para asegurar los resultados, también acudió al sincretismo religioso al invocar ayuda esotérica a través de chamanes, babalaos y la nigromancia, con la exhumación de los restos de Simón Bolívar.

Y ganó las elecciones.

En cambio, el candidato de la oposición solo invocó a Dios como dogma personal de fe. Y, el pueblo venezolano religioso lo acompañó en la oración ecuménica para suplicar la ayuda divina en el anhelado cambio democrático del país.

Y perdió las elecciones.

Al final, termina uno pensando en la manipulación electoral de la religión como causa de golpes de fe que hacen dudar del triunfo del bien sobre el mal, y preguntar: ¿y dónde está Dios? O, peor aún: Dios ha muerto, como eco de la blasfemia de Nietzsche y Hegel.

Pero, ante estos traumas de fe, prefiero creer, sin ser Teólogo, que el pueblo venezolano está soportando un proceso de purificación que no ha terminado, símil del pueblo hebreo en el desierto, Éxodo, porque, según la Biblia y nuestra práctica religiosa: este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Isaías 29:13.

Y como el tiempo de Dios es perfecto, Eclesiastés 3, también tengo la esperanza de que aumente nuestra fe a corto plazo.

Amén.

 

 

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