Opinión Nacional

La Mc Coy, una vez más

El apellido quizá no le diga nada al común en Venezuela. Se trata de Jennifer Mc Coy, cabeza visible del Centro Carter, quien ha hecho de Venezuela su sitio preferido de vacaciones y de operaciones.

Recién conversó, como si nada hubiese ocurrido, con Manuel Rosales, Gobernador del Zulia y líder del partido Nuevo Tiempo. Hablaron acerca de la democracia y de sus falencias en Venezuela, según la información del comando de Rosales. Pero la Mc Coy nada dijo a la prensa acerca de tal encuentro: ¡que no podía hacerlo! No le interesaba tanto contrariar al dirigente opositor como evitar decirle que con él nada comparte.

Jimmy Carter y su brazo “izquierdo”, la Mc Coy, tienen una clara y manifiesta simpatía por lo que ocurre en Venezuela: en su parte Bolivariana y Socialista, desde cuando el mandamás se hiciera de nuestra realidad y se apropiara de ella para no dejarla jamás a contrapelo de la misma democracia y su alternabilidad. ¡Pero ya veremos!

La Mc Coy sí habló recién, pero lo hizo en el papel de comparsa de Tibisay Lucena, Presidenta del CNE Bolivariano y ahora muy Socialista. Y dijo, aplaudiendo a la Lucena, que contábamos con el mejor sistema electoral del mundo, pues el francés, recién en pleno funcionamiento para decidir otras elecciones presidenciales y a tenor de lo afirmando por la Lucena, camarada de la Mc Coy, acusaba 20 años de retraso frente al nuestro. Nada menos.

La Mc Coy, que duda cabe, disparaba por mampuesto al compartir la apreciación de la Lucena sobre el sistema electoral francés, hecho de transparencia y nunca cuestionado ni por Sarkozy ni por la Royal. Buscaba disminuir la autoridad de la Observación Electoral de la Unión Europea hecha sobre Venezuela, y bastante crítica y desdorosa para nuestro CNE revolucionario.

Y es que la Mc Coy nunca podrá afirmar, además, que la caja negra electoral que aquí se instalara por la empresa Smarmatic – tachada en los Estados Unidos e impedida de operar allá por circunstancias nada santas – fue la misma que le sirviera al Centro Carter para asegurarle la victoria al mandamás, durante el último referéndum revocatorio presidencial.

Fue el medio, lo sabe ella bien, para sellar el pacto Carter-Chávez nacido desde antes, en las elecciones de 1998 y aquilatado con el padrinazgo de Fidel Castro: quien bendijo, no se olvide, el Premio Nobel otorgádole a Carter años después.

Y es que la Mc Coy no puede dar vuelta atrás. Sus escritos, poco conocidos aquí, dan cuenta de su clara filiación ideológica marxista y de su adhesión militante al mandamás. Pero aún así sigue vendiéndose como mediadora, como agente neutral y de buenos oficios y algunos opositores le creen.

Hizo bien Marcel Granier, por lo mismo, al recordar ha pocas horas a través de CNN la grave responsabilidad que pesa sobre Jimmy Carter por todo cuanto ocurre en Venezuela y por su evolución acelerada hacia una dictadura comunista. Carter y su Centro, dirigido por la Mc Coy, han prohijado los desafueros del mandamás y le han dado la vuelta al mundo – compartiendo tareas con Ignacio Ramonet – para validar la instalación en Venezuela de una experiencia política similar a la cubana.

Pero ello no es nuevo, como nueva no es la comparsa entre Mc Coy y la Lucena. Ambas manejaron a su antojo la auditoria posterior que confirmara la victoria fraudulenta del mandamás en el referéndum revocatorio de 2004, cuyas condiciones – las de la auditoria en cuestión – arregló Carter a contrapelo de la oposición, entendiéndose con el hoy Vicepresidente Ejecutivo, Jorge Rodríguez.

Carter quiso hacer de las suyas en Nicaragua cuando compitiera el hoy gobernante Daniel Ortega contra Violeta Chamorro. Y los observadores internacionales de entonces recuerdan la insistencia de Carter ante la Chamorro para que aceptara su derrota. Pero la Chamorro le pidió calma al ex presidente y esperar hasta el conteo final de los votos. Y la Chamorro ganó, a pesar de Carter.

No solo eso.

Sabiendo los Estados Unidos de la comandita establecida en 1998 entre el candidato Chávez, Fidel Castro, Saddam Hussein, y Ghadafy, el ex mandatario norteamericano se encargó de tranquilizar a la Casa Blanca arguyendo que Chávez le había prometido designar, al ganar las elecciones presidenciales, ministros de economía amigos del Imperio. Y Carter le hizo el servicio al mandamás y ahora le cobra con creces e interereses la alianza.

Por eso mismo – y es por eso que no deben olvidar los venezolanos este “affaire” – no se le dio cumplimiento a los Acuerdos de Mayo, para cuya firma se inmolaran centenares de venezolanos, víctimas de las balas disparadas por los militantes y fuerzas del oficialismo durante el 11 de abril y los 20.000 trabajadores petroleros, quienes junto a sus familias pasaron a ser muertos civiles para el régimen.

La maniobra combinada entre el mandamás y el Centro Carter se dio por satisfecha con el amañado referéndum que condujeran la Mc Coy y la Lucena. Así de simple.

La Comisión de la Verdad, el desarme de la población y de los Círculos Bolivarianos – ahora milicias populares – y la implementación en Venezuela de los estándares democráticos contemplados en Carta Democrática Interamericana, fueron la trampa, el ardid. Ni Carter ni la Mc Coy, por lo mismo, se acuerdan de tales obligaciones contraídas por su Centro, y a buen seguro que se habrán reído para sus adentros cuando Granier les recordó que quedaron en deuda con la oposición democrática venezolana.

Ahora bien, no siéndoles suficiente el daño ya causado y siendo mucho el servicio que todavía le prestan a la República Bolivariana Socialista del mandamás, ahora llegan al país con otra “caza bobos”. Intentarán legitimar aún más el mecanismo dictatorial y su prórroga en el tiempo, ofreciéndole a la oposición el restablecimiento del sistema parlamentario bicameral que aseguraría los balances necesarios para la representación política sin que pesen de manera odiosa las regiones metropolitanas donde vive y reside la mayoría de la población. La contrapartida, servida a pedir de boca por un “constitucionalista” argentino – otro más contratado por el Centro Carter – sería el establecimiento de la elección presidencial de segundo grado.

Y es que las mayorías revolucionarias, como lo habrá advertido recién la Mc Coy, se encogen a pasos acelerados y a medida en que aumentan la arbitrariedad y prepotencia gubernamentales. Nada mejor que servirle al mandamás, pues, con un plato que ya digirieran los venezolanos durante todo el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Ese que dio alimento a las autocracias civiles y militares, hasta cuando se consagró el voto universal, directo y secreto, la elección directa del Presidente de la República y advino finalmente la democracia.

Así que, ¡bien gracias, señora Mc Coy!
Breves

• Ségolène Royal, candidata socialista francesa, refrescante y apreciada por su discreto desplazamiento hacia el centro y derecha para unirlos a su alrededor, al caer en las encuestas no encontró mejor argumento que atacar a su contrario, Sarkosy, afirmando su parecido con Bush. ¡Lamentable! Es una baratija, sin mengua de los inenarrables defectos del susodicho, más propia del mandamás.

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