Opinión Nacional

La pequeña Venecia y los tránsitos planetarios

Saturno, el de la “materialización” dejará pronto el signo de Leo, casa X para este territorio de geografía e historia siempre disputadas; la casa X, que en la astrología antigua se denominaba “De la ocupación y la vocación” encuentra en la figura del león, estampada en el escudo de la capital, el fuego fijo requerido para brillar y ser notorio; Bolívar es el mejor ejemplo de esa vocación y ocupación de heroísmo feroz ( como el león) capaz de desafiar a la naturaleza y, según cuentan algunos, al mismo Dios.

La cristalización de ese arquetipo (“constelización” para la escuela de Jung) tuvo el primer momento culminante en este siglo con Saturno en Leo y esa etapa está a punto de concluir. Por otro lado, Plutón, regente del ascendente, se despide también de Sagitario para entrar pronto en Capricornio; los dos planetas más “maléficos” según la nomenclatura clásica, están cambiando de casilla en el tablero.

La Pequeña Venecia tuvo desde su bautizo vocación de grandeza (Leo) y recursos ocultos (Plutón) para alcanzar sus fines sin vacilar demasiado en la ortodoxia de los medios; el dios Hades es para algunos un “estratega” y para otros un “corrupto” o un “corruptor” , que viene a ser lo mismo.

Los recursos ocultos están a la vista desde hace ya tiempo con los hidrocarburos y la vocación de grandeza se hace patente en la política exterior desarrollada durante la constelización del arquetipo del León: rey de la selva.

Este drama se desarrolla, sin embargo, mientras los utileros cambian el telón de fondo: Acuario llega para quedarse por sólo un par de milenios y darle un giro muy inesperado, como es estilo de su regente Urano, a los acontecimientos.

En la lenta danza de las esferas, Urano había ya asomado la nariz en le Siglo XVIII ; descubierto por William Herschell en 1781, hizo su primera entrada en escena en coincidencia con las revoluciones Francesa y Norteamericana. Todo parecido con personajes o sucesos actuales es una coincidencia puramente acuariana, ya que el cambio no se caracteriza por la repetición.

No olvidemos que la Pequeña Venecia ( al igual que Francia y Los Estados Unidos) tiene su sol en Cáncer, el cangrejo que siempre mira hacia atrás aunque avance de lado.

Porfiado y terco como él sólo, el cangrejo desafía siempre la recomendación de su opuesto la cabra capricorniana: “pa’tras ni pa’ coger impulso” y se empeña en avanzar hacia abajo y hundirse lo más posible para evitar el conflicto. Estados Unidos, Francia y Argentina (otro cangrejo) han bailado cada cual a su manera ese tango: después de la Revolución vino Napoleón, después de San Martín ya sabemos lo que vino y después de Jefferson , Lincoln y Kennedy estamos como si Thoreau, Emerson y Whitman no hubieran nacido nunca.

Pero aquella ( la de 1781) fue , como hemos dicho, la primera aparición de Urano como actor que se asoma para ver si el teatro está lleno antes de salir a escena: si produjo tanta conmoción en la platea podemos figurarnos cómo será cuando aparezca con vestuario de protagonista.

Urano, dicen algunos, es el Mercurio de la Humanidad. La Era de la informática y la “Sociedad del Conocimiento” son manifestaciones tímidas de la “revolución” que se avecina. Hacia allá van definitivamente los tiros y los tiros no son de fusil ni de ametralladora.

En la “cruz fija” formada por Tauro ( riqueza material) Leo ( fama y poder exterior ) y Escorpio (poder oculto) Acuario ocupa el lugar superior. El signo llamado “de la paz” creado por Gerald Holtom, en 1958 tiene una lectura astrológica que apunta a la subordinación de los valores de la riqueza y el poder a favor de un valor superior representado por el signo de Acuario, que simboliza el entendimiento y el diálogo de una humanidad planetaria que se re-conoce a si misma como un todo orgánico.

Paz es remedio ( y no contrario u oponente, como dicen algunos pacifistas belicosos) de la guerra.

Porque las guerras terminan tarde o temprano y la paz que viene luego puede ser la del trabajo o la de los sepulcros; dos mil años marcados por el signo de la cruz debieran ser suficientes para que escogiéramos bien esta vez entre el amor por el poder y el poder del amor.

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