Opinión Nacional

La personalidad del paciente alcohólico

Se ha discutido mucho sobre la personalidad de la persona que ingiere alcohol en exceso.

Cierto autor elaboró una fórmula

«Lo único que se ha comprobado de común en todos los alcohólicos es que beben demasiado »

Con lo cual negaba que hubieran rasgos psicológicos propios a esos pacientes.

Otro autor señalaba;

«La causa determinante de los problemas de estos pacientes el el alcohol, de la misma manera como la causa determinante del divorcio es el matrimonio.»

La conclusión es la misma; no habrían rasgos psicológicos propios a los alcohólicos.

Un tercero escribía

«Hay quienes se preguntan los motivos por los cuales todas las personas no se hacen alcohólicos, de la misma manera como todos los que consumen crack se hacen adictos.»

Conclusión, la misma.

Sin embargo sí existen algunos alcohólicos con rasgos propios, no muy definidos pero comunes a todos ellos. Estos rasgos no son patológicos sino que son, casi podría decirse una excelencia de su personalidad. Son los que tienen conciencia de su enfermedad y consultan voluntariamente al médico para librarse de ella.

Son gente de cierta sensibilidad y emotividad, con profunda conciencia de sí mismos, aquellos que cumplen con aquel dicho de Sócrates que reza;

«Una vida que no reflexiona sobre sí misma no vale la pena de ser vivida. »

Son seres humanos existenciales, entendiendo por tales aquellos que meditan sobre su propia existencia. Su exceso de sensibilidad es lo que los ha llevado hacia esa sedación perversa que es la que produce el alcohol.

Suelen ser lectores y han estudiado bastante. Se han hecho un plan de vida y se han programado un destino. Idealistas, se preocupan por el sentido religioso de la existencia, lo cual no significa que pertenezcan a determinada iglesia, pero sí que busc Les an un sentido a sus vidas. Esta búsqueda a veces asume caracteres de angustia. cuesta establecer amistades.

Otro tipo es el de los tímidos. Les cuesta enfrentarse a aquellos otros más asertivos o más agresivos que ellos. Desempeñan bastante bien sus actividades y avanzan hasta ciertos límites gracias a la ayuda inicial del alcohol, hasta que
se detienen por la ineficiencia dependiente de su problema alcohólico. Liberados del alcohol, son personas de bien, buenos ciudadanos, buenos hijos, padres y hermanos.

Finalmente aquellos para los cuales su vida no tiene sentido ni asumen responsabilidades.

Se ven con frecuencia entre los funcionarios públicos, ineficientes, que le buscan a su trabajo los mejores beneficios para ellos y se encuentran a menudo envueltos en diversas formas de corrupción. No forman familias y si lo hacen, éstas no se mantienen, tanto por su irresponsabilidad como por su alcoholismo. Se sienten plenamente integrados entre ellos y forman grupos de bebedores que denigran a todo el mundo y se burlan de los abstemios. Cuando se hospitalizan consideran su internamiento como una especie de vacaciones pagas (ya que no les cuesta nada) y no tienen la menor intención de abandonar su enfermedad. Se encuentran perfectamente instalados dentro de ella y la han elegido como estilo perverso de vida. Son inaccesibles a ninguna prédica o consejo moral.

Un paciente, consciente de su enfermedad, vino a consultarnos por propia iniciativa para curarse de su enfermedad alcohólica. Era judío, etnia que en general no se hace adicta. Era sobreviviente de un campo de concentración, donde estuvo siempre a las puertas de la muerte. En el momento de la consulta se había enamorado de una mujer, con la cual convivía. Había comenzado una industria que por el momento marchaba bien. Tuvimos una larga psicoterapia, hicimos planes para el futuro, organizamos los aspectos culturales de su vida y durante un tiempo se mantuvo abstemio. Volvió en medio de una recaída siderante. Su compañera había fallecido repentinamente. Un socio lo había robado. Y la pregunta que hizo antes de dejar el consultorio fué
– ¿ Que otra cosa cree Vd. que me queda en la vida, doctor ?
Para algunos pacientes no suele haber nada que hacer. Se hospitalizan repetidas veces hasta que finalmente, considerados irrecuperables, se jubilan por enfermedad, con una pensión mínima, que invierten totalmente en alcohol hasta que mueren prematuramente.

En cambio los otros, los que en un momento de desesperación concurren por su propia iniciativa al médico solicitando ayuda, el tratamiento tiene que ser de un estilo especial. No solamente hay que tratar su adicción sino que de alguna manera es necesario tratar su mundo interior.

La psicoterapia a la cual son sensibles es de un elevado nivel cultural, o quizá espiritual. Se trata de libros, de ideales, de principios, de problemas sociales y de valores. Se busca, de esta manera, construir con ellos un muro espiritual fuerte en el cual puedan apoyarse para defenderse de las desmesuradas exigencias patológicas de su cuerpo para el alcohol.

Para estos pacientes están dirigidos sobre todo estas líneas. Para los del otro grupo, los carentes de aspectos morales, no existen en el momento actual recursos en los cuales el médico pueda basarse en su tarea.

Problemas físicos o somáticos del alcoholista

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