Opinión Nacional

La política con mayúscula

Al posar la mirada en parte de Europa, Los Estados Unidos o sin unir muy lejos, cualquier país latinoamericano, nos damos cuenta y encontramos una gama de situaciones, fenómenos y rasgos, algunos emblemáticos que a nuestro entender nos ratifican varios enunciados y racionamientos alrededor de la importancia de las instituciones, del compromiso nacional, del esfuerzo del Estado y demás entes, de la seriedad de su dirigencia y de la madurez y protagonismo de sus ciudadanos al apuntalar cambios y mejoras o en su defecto destituir gobiernos y exigir respuesta puntuales a sus respectivos estados y autoridades.

Lo primero que salta a la vista es que los países con economías deprimidas o poco desarrolladas, en las que por cierto no hay presencia de recursos como el petróleo, es que no sólo les corresponde trabajar más en todos los ordenes, tanto el sector público como el privado, y sin embargo, son países que han logrado dentro de su precariedad lograr un ejercicio fiscal y gasto público disciplinado, con inflaciones muy bajas, con implementación de verdaderos programas en beneficio de los sectores más deprimidos y con un vértice signado por el trabajo, el esfuerzo, la constancia y el ingenio como únicas vías de producir cambios.

En Venezuela sucede lo opuesto. El actual gobierno cumplirá en poquito una década, estando emborrachado de recursos provinentes del petróleo e impuestos, registramos una pobreza, miseria y desorden fiscal, inflación, desempleo, inseguridad personal, colectiva y jurídica y demás flagelos que nos demuestran que hemos retrocedido y hoy diez años después somos más pobres, mas inseguros, estamos peor alimentados, tenemos teniendo tanto petróleo menos expectativas y más corrupción.

Pero un elemento que en Venezuela se ha diluido es la pérdida de esperanzas, de expectativas. Muchos venezolanos cuando evalúan el pasado y sobre todo el presente se deprimen, sienten que pasa el tiempo y el país cada día les ofrece menos, sus expectativas y estándares de vida se han reducido considerablemente y los cambios nos se producen por varias razones, entre ellas ausencia total del Estado de derecho, irrespeto permanente de la Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999, ausencia de división real e independencia de los poderes públicos, precariedad de las instituciones en beneficio de la personalización del poder y de la política aunado a la corrupción, discrecionalidad e incapacidad de establecer sanciones a los ciudadanos, entes y demás que no cumplan sus funciones, afecten al estado, a los particulares y demás y pareciera que lo único que nos queda es repetir como loros “En Venezuela nada pasa”.

En otros países y contextos donde hay presencia de instituciones, donde evidentemente los gobernantes no pueden descarriarse, y además tenemos una ciudadanía muy clara en su papel estelar de exigencia, encontramos que en medio de la calma o en medio de tensiones de diversa índole, se producen cambios. Vean las manifestaciones y exigencias en países como Bolivia, Ecuador, Perú, Argentina, tal vez la diferencia con nuestro caso es que en esos contextos la política de asumido con mayúscula, como una actividad noble, loable y transcendental llevada a cabo por parte de los gobiernos y de quienes ejercen la delicada función de hacer oposición.

Venezuela y los venezolanos hemos dicho, tenemos una oportunidad histórica de cambio y de esperanzas a partir de las próximas elecciones regionales del 23 de Noviembre de 2008. Dios quiera y prive la racionalidad, el acuerdo y se asuma a la política con mayúscula en todos los Estados y podamos amanecer con un panorama distinto donde recuperemos expectativas y esperanzas frente a la depredación que hemos vivido en el pasado y en estos diez años de revolución. Mérida no se equivocara. Ni IV ni V República. Ni William Dávila Barrios ni Marcos Díaz Orellana. Vivan Las Caras Nuevas y Las Manos Limpias. Léster Rodríguez Herrera Gobernador.

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