Opinión Nacional

La risa de Izarra no es humor, sino burla

entrevista
Laureano Márquez

«La viveza nos impide progresar como nación»

La sociedad venezolana no se ha tomado en serio a sí misma, advierte el humorista para quien Venezuela, más que un país, se ha convertido en un gran guiso nacional. Explica la pérdida del humor del oficialismo por la merma de su respaldo popular y afirma que mientras más arbitrario es el poder, más humor habrá sobre él.

Sorprende el hablar cortésmente pausado en un hombre acostumbrado a empuñar un arma, pero no una cualquiera.

Ésta permite sobrellevar, asimilar, la dura realidad y al mismo tiempo desarma, deja al desnudo al poder, su hipocresía. 

Entonces, ¿quién hace humor en broma? «Todo humor es serio, sólo que hay gente que no hace humor sino burla, que es distinto. La burla no es compasiva, sino despiadada; la burla no pretende la redención, sino la opresión; no busca la bondad, sino la agresión .

–En España, donde recientemente presentó De gira sin Esteban, dijo a la prensa que Hugo Chávez no tiene sentido del humor, sino sentido de la burla. –Sí, efectivamente. El humor es una forma de pensamiento y la burla es una descarga, es como la utilización del humor con fines estrictamente agresivos, lo cual para mí es perder la esencia humorística. Usarlo para descalificar a otros, para ponerles sobrenombres, para insultarlos, es falso humor aunque produzca risa.

–Al montaje de La Reconsti- tuyente asistieron ministros y dirigentes políticos. ¿Cómo explica la pérdida del humor por parte de los oficialistas? –Se explica en la misma medida de la pérdida del poder institucional. Mientras tienes poder y la gente te respalda, toleras todo porque estás seguro.

Chávez estaba muy seguro en 1999 de que tenía el control de la sociedad. Ahora está muy inseguro y por eso ya no recurre a la tolerancia, sino a asustar para que no dejen de apoyarlo. Si ya no estás conmigo, te persigo o te quito cosas que te di, como las becas o Barrio Adentro. Si estás en contra, te voy a meter preso, voy a cerrarte el periódico, el canal. Y da ejemplos claros: este canal no se mete conmigo y yo no me meto con él.

–Por un lado, está el Gobierno con ese complejo de Adán que le ha llevado a rebautizar desde el país hasta los poderes públicos; y, por el otro, está la disidencia que para evitar retaliaciones se ve en la necesidad de no llamar a las cosas por su nombre. Para muestra, un Esteban. Al paso que vamos, ¿adónde llegaremos? –Estamos llegando al lenguaje del simbolismo puro. Chávez renombra las cosas porque quiere demostrar que es un segundo momento de Independencia; o sea, que ha habido dos grandes momentos en la historia venezolana: Bolívar y él. Se cree el dueño de Bolívar, su heredero, por eso abre su urna, toca sus huesos, se unge de ese ritual. Chávez pone nombres a una Venezuela que es distinta a la anterior, ésa es la imagen que nos quiere vender.

Lo que pasa es que es tan parecida a la anterior que incluso es peor. Esos nombres no van a perdurar porque no se basan en una real creación; durarán lo que perdure Chávez en el poder. Cuando no esté, verás en los basureros la cantidad de ropa roja. La sociedad venezolana no tiene una convicción socialista, no está en esto por ideas, sino por negocio. Esto es un gran guiso nacional. El renombrar de la oposición es distinto porque lo hace para no meterse en problemas. Cuando la gente no puede hablar, en vez de callarse, cambia el lenguaje, se inventa otras palabras simbólicas para poder expresarse.

Cuando tú vas por la tercera o cuarta multa, empiezas a volverte tan cuidadoso con el lenguaje que piensas: ni siquiera lo voy a llamar por su nombre para evitarme problemas.

El humor y la tragedia. Márquez habla desde la experiencia. Sus editoriales en Tal Cual, en efecto, no sólo han desatado risa y reflexión, sino también demandas y sanciones. «Cuando uno escribe y sobre todo de temas políticos, uno sabe que eso puede traerle problemas en una sociedad en la que ya no se tolera la disidencia. Es un riesgo que tienes que asumir».

–Además del humor blanco y el humor negro, ¿ahora hay también humor rojo, a decir de la risa de Andrés Izarra? –Es que la risa de Izarra no es humor. Es un ejemplo típico de burla. Se reía como si escuchara el mejor chiste de la historia y nadie estaba contando el mejor chiste. Era una risa calculada para descalificar un argumento contrario. Por eso ha causado tanto escándalo. La risa no se puede fingir. A un humorista nadie lo engaña en un escenario. Nadie se reirá para hacerte sentir bien, que es distinto a cuando está Chávez en Aló, Presidente, que la gente se ríe porque se siente obligada. Stalin tenía el récord de aplausos de la historia porque nadie se atrevía a ser el primero en dejar de aplaudir.

–¿Qué consecuencias tiene que el venezolano transforme todo, hasta lo más terrible, en chiste? –Cuando uno le da sentido humorístico a la tragedia, puede coexistir con ella de mejor manera. El riesgo es que no estés dispuesto a asumir otros compromisos como transformar tu realidad, sino simplemente reducirla al humor. La sociedad venezolana no se ha tomado en serio a sí misma.

No nos creemos un país; en el fondo nos creemos un negocio, una mina en la que todos estamos como en plan de extracción. ¿Por qué el auge del plan B? A Venezuela le han sucedido cosas tan graves en los últimos años como para que la sociedad hubiera reaccionado de otra manera. Creo que los franceses no habrían aguantado tanto, o los estadounidenses, o los españoles, tal nivel de agresión sistemática al modo de vida de una sociedad, a sus convicciones, a sus ideas.

–¿La sociedad venezolana se ha vuelto más conformista? –Sí, eso tiene que ser conformismo, no sé de qué otra manera explicarlo. También la sociedad venezolana es socarrona, sabe amoldarse. Está como la gomecista en el «vivamos, callemos y aprovechemos», como decía Mariano Picón Salas. Pero ¿qué pasó cuando se fue Juan Vicente Gómez? Todo el mundo era antigomecista. Cuando se vaya Chávez, todo el mundo será antichavista y uno se preguntará: ¿y quién apoyaba a Chávez? Eso ha pasado siempre en la sociedad venezolana, que es astuta, viva, sabe sacar provecho a lo que hay y hacernos los bolsas frente a las cosas.

–¿Todavía quedan pendejos? –Cómo no, aquí estás frente a uno. Hay muchos. El que no se aprovecha es un pendejo. La gente siente que cuando asume un cargo está para beneficiarse de él. Nos creemos vivos porque aprovechamos las cosas a nuestro favor, nos comemos una luz, nos coleamos. Esa viveza es precisamente la que nos impide progresar como nación. En la medida en que vamos siendo más vivos en lo individual, nos vamos arruinando más en lo colectivo. La gente ha emprendido la salvación personal. Hay dos cosas: salvar el país o salvarme yo, déjame salvarme yo y el país, bueno, ya se verá ­comenta quien acostumbra hablar en primera persona incluso a la hora de la crítica.

–El escritor mexicano Adolfo Castañón dice que «donde hay poder, hay risa y donde hay caudillo, hay chiste».

–Donde hay poder, hay risa porque es una manera de rebelarse frente al poder. Mientras más arbitrario es el poder, más humor habrá sobre él. Y el caudillo en sí mismo es un chiste.

Uno de los grandes méritos de Chaplin es que se dio cuenta de que Hitler era una comiquita. Dijo literalmente que cuando saludaba parecía un mesonero al que le habían quitado la bandeja de los platos. Nuestro Presidente ya causa gracia, pero imagínate ver esto a la luz del tiempo. Dirán: ¿qué clase de gente era mi abuelo que votó por ese señor? No estoy tratando de comparar a Chávez con Hitler; son caudillos los dos pero de distinta naturaleza.

–¿Qué se juega el país en los comicios parlamentarios? –No sólo en las elecciones, Venezuela se está jugando su modo de vida, su destino, que para mí pasa por la democracia; pero ya no es sólo el sistema político, sino el sistema económico, social, de vida de un país.

Estas elecciones son un hito en medio de la búsqueda de una salida a esta situación porque abren la posibilidad de empezar a cambiar. Venezuela es un terreno minado por todos lados, por la destrucción del aparato productivo, por la creación de grupos armados, por la intolerancia con los medios de comunicación. Del lado de la oposición es también un terreno minado porque a orfandad de otro liderazgo los medios de comunicación lo han asumido, porque no hay liderazgo capaz de ofrecer proyectos alternativos. Los cambios no pueden ser de otra manera que gradual e incrementalmente y exigen el compromiso del colectivo.

–¿Quién reirá de último? –Tendremos que reír todos porque si no, no habrá verdadero humor

Laureano Márquez insiste en que lo suyo es humor en serio.

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