Opinión Nacional

La suerte está echada

Casandra; sacerdotisa de (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Apolo»,»Apolo»)%), poseedora del don de la (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Profecía»,»profecía»)%), pero que al rechazar el amor del dios fue condenada a que nunca fuese creída en sus malignos pronósticos; encuentra sus pares en contemporáneos augures de fracasos que viven preocupados, en inacción, enunciando ante este contemporáneo Rubicón electoral que «alea jacta est».

En la mayoría de las veces «alea», la suerte, se encuentra disfrutando del «Il dolce far niente» cuando el logro de objetivos no se da precisamente por esperar que la suerte nos regale el resultado. Algunos esperan el desenlace, mientras sufren de falta de compromiso, que a pocos favorece, escudándose detrás de excusas esperando que sus predicciones se hagan realidad para solazarse con el fracaso que cuales casandras vaticinaron.

La suerte es un factor que en eso de alcanzar algo no tiene importancia; pues son el esfuerzo sostenido y el sacrificio los elementos que cuentan en la tarea proactiva de alcanzar victorias. Los logros no son amigos de la suerte que se roba nuestras aspiraciones y se nutre de ellas.

Los augures de las desgracias viven preocupados, no abordan la solución del problema por temor al fracaso y a que las cosas no salgan bien. Cuando nos preocupamos no permitimos que las cosas fluyan pues se trabaja con base en el temor. La preocupación no sabe de solucionar problemas más bien los crea hincándose ante situaciones hipotéticas.

Por el contrario los ocupados se basan en lo positivo, buscan la solución de los problemas y la realización de un proyecto. Los objetivos se convierten en le motor impulsor que dirige hacia el éxito, no hay miedos que detengan la acción en la certeza de que se esta procediendo en forma correcta.

Es obvio que muchos de nuestros derechos electorales contemplados en las leyes escritas que norman los procesos electorales están conculcados y/o subordinados a resoluciones antijurídicas. Sobreponernos a esas ilicitudes y por sobre ellas lograr el objetivo es la tarea en la cual debemos ocuparnos para recuperar una democracia siempre perfectible que nos garantice el disfrute de los derechos que como seres humanos nos merecemos para vivir con bienestar y libertad.

Entonces debemos tomar una decisión entre ocuparnos o preocuparnos. Por ello debemos trabajar por la organización de las fuerzas disidentes para una lucha con una alta moral de victoria con la cual una avalancha de voluntades existentes derrote al fantasma del fraude. Hay que ocuparse para aspirar a la victoria que le es esquiva a los preocupados, a los que solo esperan que la suerte le traiga la confirmación de sus presagios. Hay que atreverse a ganar y a cobrar.

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