Opinión Nacional

La tricontinental socialista ante las crisis en Cuba, Venezuela y el capitalismo

1. Dialéctica de la crisis

La función positiva de toda crisis es que revela la inviabilidad de un modelo. Remueve las ilusiones y escombros ideológicos que bloquean la visión estratégica del futuro. En este sentido, las crisis sistémicas del capitalismo mundial, del modelo de Cuba y del modelo de Venezuela abren el camino al Socialismo del Siglo XXI.

2. Fin de ilusiones y opciones

 
Europa/Estados Unidos: la crisis capitalista ha dejado claro que los gobiernos del Primer Mundo no son más que lacayos del Gran Capital. Mientras cientos de millones de personas se han hundido en la pobreza, las empresas estadounidenses han tenido en el tercer cuartal de 2010 las mayores ganancias en su historia registrada, gracias a la política del gobierno Obama. En la Unión Europea, el desmontaje  del Estado de bienestar va acompañado de la amenaza de su más alto funcionario, J. D. Barroso, Comisario de la UE, de instalar dictaduras militares en Portugal y España, si los sindicatos ofrecen demasiada resistencia. En consecuencia, dos ideologías primermundistas cardinales se tambalean: a) que la  lucha de clases ha terminado y, b) que el Estado burgués garantiza para siempre la paz social, el bienestar y  la democracia.
Cuba: las últimas ilusiones sobre la viabilidad del Socialismo del Siglo XX se cayeron con las drásticas medidas de economía de mercado implantadas en la isla; el reconocimiento de Granma de que las mayorías del país practican una “economía de subsistencia”, y la afirmación del Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, en China, de que Cuba  “aprovechará la experiencia de desarrollo en reforma y apertura” de China.
Venezuela: La crisis del modelo venezolano  —que flota a la deriva en el mar de sus contradicciones—  está acabando con las ilusiones “socialistas” del desarrollismo burgués latinoamericano. Queda limitado el mérito socialista de Hugo Chávez a haber divulgado el concepto del Socialismo del Siglo XXI, sin sustanciación institucional o científica alguna posterior. Es el merito que Marx/Engels le conceden a Hegel.
Las opciones políticas estructurales son, por lo tanto: para el Primer Mundo, dictaduras abiertas del capital, regímenes parlamentarios neoliberales o Socialismo del Siglo XXI; para el Tercer Mundo, desarrollismo socialista (NEP/Lenin, China) o burgués (Venezuela) con Socialismo del Siglo XXI. Entre esas opciones tienen que escoger las clases sociales, Partidos y Estados.

3. La Tricontinental del Socialismo del Siglo XXI

En un reciente debate del Bloque Regional de Poder Popular-Scientists for a Socialist Political Economy (BRPP/SSPE), hubo consenso en cuanto a que el progreso del Socialismo del Siglo XXI requiere de tres catalizadores: 1. una mayor integración de las fuerzas anticapitalistas de América Latina, Europa y Asia; 2. la consolidación de una vanguardia científica mundial  que trabaja sobre el modo de producción postcapitalista y la transición, 3. la vinculación del Socialismo del Siglo XXI con las masas.

4. Los ejes geopolíticos de la Tricontinental

La importancia de América Latina en el desarrollo del proyecto mundial postcapitalista radica en que tiene  los movimientos sociales más activos, conscientes y combativos de todos los continentes. Europa, a su vez, aporta el conocimiento científico más avanzado sobre la economía política y el modo de producción del Socialismo del Siglo XXI (Escuela de Escocia/Escuela de Bremen). China es clave, porque es uno de los dos decisores del grupo G-20 y el único país poderoso gobernado por un Partido Comunista. Si la reactivación de la lucha de masas en Europa continúa, es preciso integrar también su izquierda partidista, sindical y juvenil al triángulo estratégico de la evolución postcapitalista.

5. Vanguardia y epistemología naif

Uno de los más grandes logros de la ideología burguesa y del dogmatismo del Socialismo del Siglo XX ha sido la destrucción de la teoría revolucionaria del Estado y de la vanguardia. El resultado destructivo es bicéfalo: la sumisión acrítica, casi religiosa de las masas y de los miembros del Partido del Estado ante el líder histórico, por una parte, y la idolatría acrítica y anarquoide de la “democracia de base”, por otra. Ambas actitudes son ingenuas porque niegan la dialéctica entre las necesarias jerarquías de poder.
La primera representa el abuso de poder de un liderazgo que pretende eternizar una coyuntura histórica favorable que le permitió conquistar el Estado. La segunda pertenece a la epistemología naif, porque niega la estructura objetiva del universo: que el cosmos está organizado en escalas y jerarquías de complejidades, dimensiones e interacciones. De la negación de ese hecho ontológico nace la ilusión anárquica de que una sociedad puede organizarse simplemente de manera horizontal o que las masas pueden auto-organizarse adecuadamente, sin delegar información, coordinación y poder a instancias superiores e intermedias. Un simple ejemplo de la ley de escala revela lo absurdo de esta pretensión. Si tres personas discuten, no necesitan moderador ni reglamento. Si son trescientas, ambos son funcionalmente imprescindibles, para impedir el caos y el abuso.

6. Vanguardia, verdad y mayorías

El auténtico liderazgo de vanguardia nace de la verdad. Por eso, a veces no coincide con la lógica de las mayorías. Si Einstein sostiene que el espacio es curvado y cien físicos presentes dicen lo contrario, Einstein tiene razón, porque expresa la verdad objetiva frente a un atraso en el conocimiento de sus colegas. Lenin tiene razón cuando dimite al Comité Central y convoca, en octubre de 1917, a la insurrección armada inmediata, acusando de  idiotas y traidores a aquellos que quieren esperar la “mayoría ´formal´de los bolcheviques” en un futuro congreso del Partido.

7. Líder y masas

Es la dialéctica del liderazgo. El conocimiento y la audacia superior (a la Media) de la avantgarde   —en lo político y militar frecuentemente con un fuerte aspecto intuitivo—   salva en la crisis. Muchos líderes derivan de ese talento su reclamo a la eternización de su  conducción. Las masas deben reconocer ese talento, pero deben defender su autonomía rectora, por el bien del proceso. ¿De qué se deriva su autonomía rectora? Del hecho, de que en tiempos de evolución normal no se requieren las calidades de liderazgo que caracterizan al solitario héroe rescatador, sino la dirección y retroalimentación colectiva. De ahí la sabia construcción de la dictadura romana.

8. Vanguardia y Foros Sociales

Recién discutí con el amigo Alexander Buzgalin, quien publicó en el año 2000 en Cuba un breve libro intitulado, El futuro del Socialismo, sobre el problema de la transición al postcapitalismo y la vanguardia. Él tiene mucha esperanza en los foros sociales, como el Foro Social Europeo (FSE). Después de mi participación en los Foros de Atenas, Paris, Londres y Quito, no comparto su optimismo y he dejado de participar en esos eventos. No veo que de las “escuelas de verano” (Ramonet dixit) nazca la Revolución Mundial anticapitalista, ni tampoco, que inquieten mayormente a los amos del Capital. De hecho, los amos los financian.
Toda vanguardia nace en torno a un paradigma, es decir, una verdad objetiva que sirve como centro de gravitación epistémica y en su caso, política, del homo sapiens. En la actual superación del capitalismo, ese paradigma es el Modo de Producción del Socialismo del Siglo XXI, es decir, el genoma de la economía y sociedad postcapitalista. Como en todo proceso de evolución, los modelos disfuncionales son absorbidos por la historia.

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