Opinión Nacional

La UCV, niña ingenua

Esto dije en mi artículo “El plan de la ética” sobre la “marcha” convocada por la UCV: “Se anuncia una “marcha” de la UCV para protestar por el recorte presupuestario y se precisa que ya se hicieron todos los contactos con las “autoridades”. ¿Hasta cuando “marcha”? Eso se llama manifestación y uno no va a ponerse de acuerdo con el agente represor. ¿Se le acabaron a la UCV la imaginación, el coraje y el talante? Acción, por lo demás, inútil, pues no les van a dar más dinero. Qué invente la UCV, si es que capacidad de invención todavía le queda”.

Estos fueron los resultados: Dos días de violencia, quema de vehículos -incluidos. autobuses del transporte estudiantil-, disparos al inicio de la “marcha” y lo peor, el encuentro con el Ministro del Despropósito Impopular para la Educación Superior. Los universitarios fueron esperados por un panel preparado previamente donde se incluían las “autoridades” designadas a dedo para aquellos “centros de estudios socialistas”, más dirigentes estudiantiles del oficialismo hablando el lenguaje archiconocido y profiriendo acusaciones contra los dirigentes de la UCV. Añadamos las declaraciones del Ministro del Despropósito Impopular para el Interior e Injusticia entregándole el paquete de la violencia a las autoridades universitarias.

La UCV está convertida en una niña inocente. ¿Qué se esperaba la UCV? ¿Acaso un diálogo civilizado durante el cual el Ministro dijese que se reconsideraría el presupuesto universitario? La señora rectora no aguantó el show y ordenó retiro. Sus declaraciones a la salida se pueden comprender como producto de la rabieta, pero hay que recordarle a la señora rectora que si agarró la rabieta fue porque quiso. ¿Qué pretendía demostrar la UCV? ¿Qué son gente civilizada, demócratas a carta cabal, gente decente que recurre al diálogo? Eso no necesita demostración, como no necesita demostración que con dictadura no hay diálogo.

El panel que el Ministro del Despropósito Impopular para la Educación Superior organizó para darle la bienvenida a la UCV era la bofetada en sí. Lo que el panel significaba era “las universidades autónomas nos importan un pepino, lo nuestro son las universidades no autónomas que hemos creado para el socialismo y la construcción del hombre nuevo”. Esperemos que la lección haya sido aprendida.

El propósito final es la liquidación de las universidades como las hemos conocido. Lo importante no es pedir el aumentito para la beca estudiantil y un dinerillo para mejorar la comida en los restaurantes universitarios, lo importante es salvar a la universidad como centro libre de propagación de todas las ideas.

He aquí el quid del asunto. La UCV debe procurar su salvación y la única manera es iniciando una transformación interna de grandes proporciones. A eso me refería en mi propio texto que cito arriba cuando llamo a la UCV a inventar. Debo recordar que cuando apareció el llamado “movimiento estudiantil” que nos deslumbró a todos dije, que al igual como clamaba por la libertad de expresión, debía solicitar, plantear y liderar una exigencia de reforma universitaria.

¡Reforma universitaria! es el grito que falta. Cuando lo planteé seguramente nadie leyó y si leyó habrá pensado que era una solicitud extemporánea. Es posible que aún hoy les suene a chino, pero con la claridad del agua se los repito: o la UCV va a una reforma o se acaba. Reforma, a la manera de Córdoba, a la manera francesa, a la manera que les provoque, pero reforma, a la venezolana mejor que cualquier otra. La UCV no puede limitar sus quejas y angustias a que le falta dinerillo. Si siguen con esa cantaleta no va a aparecer Pío Tamayo diciendo “Indio tocuyo, yo, que quiero presupuesto”, en primer lugar porque mi gran poeta larense no hablaba sandeces ni se prestaría jamás para algo parecido. Tampoco tendrían la compañía de Rómulo Betancourt con su voz aguda y desafiante y Jóvito Villalba no movería sus brazos como remolinos de aspas cortantes.

La UCV debe encontrar dinero con su talento interno, haciendo investigaciones, incluso para grandes empresas del extranjero, reduciendo gastos que siempre se pueden reducir e inventando. Este espectáculo de la niña estudiante en televisión alegando que ella es pobrecita, que ella no es burguesa, que necesita su beca, lo hace a uno preguntarse porqué la reducción la tiene que pagar esa niña, la que, por lo demás, debería preguntarse sobre las causas de que no pueda obtener una educación gratuita y satisfactoria, de protección social a su talento.

La UCV debe removerlo todo. Está más que demostrado que el planteamiento de diálogo sólo es respondido por la dictadura con bandas armadas y terrorismo. La UCV debe cambiar para sobrevivir. Desde revisar los pensa hasta revisar los sueldos, desde revisar su estructura interna hasta revisar su capacidad de investigación, desde revisar su propia alma hasta revisar su propio cuerpo.

¡Reforma! es el grito que deben pegar las universidades.

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