Opinión Nacional

La vida en un disparo

La violencia en Venezuela, por el crimen desmedido, ya tiene tintes de tristeza general, de fúnebres días, de rupturas familiares en las caminatas al cementerio en todas las clases sociales… De un disparo por las armas desmandadas en las calles, de la impunidad más escalofriante, del cinismo más astutamente y absolutamente descarado por desgobierno, más claramente identificado con la muerte de nuestra historia contemporánea, en un Estado con un régimen de forajidos en el poder que auspicia y venera a los hombres violentos.

Jóvenes vidas tiradas al cementerio, por robarnos un vehículo, por un par de zapatos, por una invitación un tanto indecorosa, por una tonta discusión callejera, o porque simplemente le provocó al criminal arrancarte de un disparo la vida. Hoy, o mañana puedo ser yo la víctima. Pasado mañana puedes ser tú, sin distinción de ideologías, sin distinción económica, sin distinción de géneros.

Aflora un disparo como de si una guerra se tratara, como una maldita elocuencia que se vive normalmente en las barriadas en el país, pero que cada día se siente y se padece como algo normal en todas las ciudades, minadas por un espíritu de la violencia, de secuestros, de ajuste de cuentas, del sicarito. En fin, vivimos absolutamente paranoicos, la muerte acecha incluso para aquellos ciudadanos encerrados en castillos de metal rodeados por cableados de electricidad. Pero…al cruzar la calle, al enfilar la vida cotidiana aparece un criminal como forma de vida en la cuidad. Y todo ello aunado a un cúmulo de problemas sociales como: altas tasas de desempleo, inflación galopante, inseguridad jurídica, problemas en el sector salud, problemas en las industrias privadas, una Asamblea Nacional acéfala, gobernaciones y alcaldías sin recursos para funcionar. Más el grave problema del sector eléctrico en el país y la rapiña en la industria petrolera.

Nuestro conflicto social debe ya comenzar a disiparse. Las locuras del grupo delincuencial en el poder deben ser barridas de nuestra sociedad. Escuchar al cobarde de Miraflores, mentir sobre tantas cosas, y sobre tantos delirios de grandeza, que debemos como venezolanos, señalarlo, y señalarlos a sus cómplices con el dedo de la justicia, aunque solo parezca ser la divina, porque la del Derecho del hombre, cada día parece no existir en este ex país. En donde se criminaliza una marcha, se persigue al adversario político y se penaliza la democracia. En donde se encarcelan las diferencias, pero al real criminal se le deja en libertad, independientemente de su condición social. Presos políticos, discursos con dictadores de todas las latitudes, en desmedro del criminal Socialismo del siglo XXI.

Al desgobierno se le comienza a resquebrajar su techo de cristal, simplemente porque la pérdida de valores y la sed de justicia de miles y miles de venezolanos caerán como piedras tarde o temprano sobre los esbirros de Miraflores, que han auspiciado un país absolutamente violento, bajo un pretendido socialismo que demostró en el devenir histórico que es; social y económicamente inviable.

Como venezolanos no podemos acostumbrarnos a estos altísimos índices de criminalidad, a leer todos los días, y ver en los noticieros, a sentir y vivir en nuestros en tornos de vida cotidiana, tantas muertes de ciudadanos, “compatriotas”, “compañeros”, “camaradas”. No podemos seguir acostumbrados a ver tantas familias llenas de tristeza, porque un ser querido quedó en el pavimento por un disparo. . .

Vayan mis condolencias a todas las familias de venezolanos que han tenido, y padecen, la pérdida de un amigo, de un familiar, de un ser querido, o simplemente la perdida de tu vecino, por un disparo. Y en especial mis condolencias para mi vecino y amigo Oscar Rivas Lamus quien ha perdido su hija por un disparo.

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