Opinión Nacional

Las primarias del 3 de diciembre

Dejemos que el ciudadano de a pié se manifieste sin alcabalas innecesarias. Presionemos para que los candidatos que se oponen al régimen autoritario y militarista muestren que son capaces de aceptar la realidad de los hechos y las cifras. Nuestro país necesita un candidato nacional para la reconciliación y el cambio, pero ello no será producto de una operación sólo de los ya convencidos, sino una convocatoria que sea capaz de recoger la insatisfacción de muchos que esperan las modificaciones que siguen pendientes.

Las primarias adelantadas dejan de lado a una masa muy importante de indecisos e insatisfechos, que esperan un liderazgo y propuestas de gobierno que den respuesta a la exclusión heredada y presente, que no se reducen a los opositores que ya se han expresado, tiene que dar cabida a quienes día a día quieren una opción que no restaure el pasado, pero tampoco el presente que los ha defraudado.

De qué vale convocar a los ya convencidos, si no se entusiasma y se les crea un espacio a los que tienen dudas e insatisfacciones con el régimen actual. Allí está la clave para construir una nueva mayoría para el cambio y la reconciliación.

La campaña electoral tiene que servir para mostrar una nueva fuerza emergente que quiere ponerle coto a la incompetencia, al autoritarismo, al militarismo y la autocracia, pero con propuestas que hagan viables la atención de los problemas de los venezolanos sin exclusiones de ningún tipo. Todos somos co-responsables de esta tarea. No queremos un Mesías que actúe por nosotros sino una acción colectiva para todos construir una Venezuela mejor.

En la historia política venezolana las elecciones primarias (cerradas y abiertas) han mostrado ser un método que ha dejado demasiadas heridas entre sus contendores, que no ha ayudado al objetivo unitario buscado, todo lo contrario. El análisis de la evolución de la opinión de la ciudadanía (medida por un conjunto de encuestas) y el sentido común de los candidatos (su aceptación o rechazo), permite ir decantando y reduciendo la oferta opositora. Pero, si ello no se produjera, los ciudadanos y ciudadanas tendrían en sus manos la decisión mediante su voto, sin el peligro que los partidarios del régimen distorsionen su voluntad, como sería posible si se realizan unas elecciones primarias para escoger previamente a los comicios presidenciales un candidato único.

Presionemos para que impere el sentido común de los candidatos que quieren construir una nueva mayoría de cambio y reconciliación nacional, hay muchos métodos para hacer evidente las preferencias, pero si ello no se produce, porque persisten la ceguera de algunos, dejemos que el soberano se manifieste en la jornada electoral presidencial del 3 de diciembre. El se pronunciará muy probablemente por una renovación del liderazgo y por unas propuestas que le abran paso al cambio y la transformación de la sociedad venezolana, dejando atrás esta etapa de mesianismo que es la última fase del pasado que queremos enterrar.

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