Opinión Nacional

Lecciones del 11-A

Aquellos sucesos hicieron que se tomaran posturas más radicales, algunas extremas, y que otros tuvieran conciencia de que la democracia no es un asunto de soplar y hacer botellas sino que implica compromiso, respeto a la voluntad popular y sobre todo acatar reglas del juego.

A nueve años de aquel episodio (a los que posteriormente se sumarían otros como el paro petrolero y el boicot a las elecciones legislativas de 2005), pienso que hay lecciones aprendidas por la oposición venezolana, cuya dirigencia, aunque no ha ofrecido excusas a los venezolanos por su conducta -independientemente de que la mayoría de los actuales no tuvo que ver con aquellos hechos-, ha asumido un camino democrático.

En lo personal y en lo profesional, el 11-A me marcó.

Primero, porque presencié cómo los venezolanos decidimos no dar un paso atrás y nos sumimos en un baño sangriento que aún sigue sin recibir justicia. Luego, porque evidencié cómo una clase privilegiada se creía con el derecho de adueñarse una vez más del país y desconocía a troche y moche la voluntad popular. Después, porque me develó algunos intringulis del poder, también porque me hizo consolidar mi formación periodística al ver que muchos colegas, independientemente de que los medios para los que laboraban decidieron no publicar información el infausto 13 de abril, siguieron informando (lamentablemente no existían Twitter ni otras herramientas digitales), y finalmente porque estar consciente de que somos un país polarizado me hizo decidir caminar una ruta que, con sus idas y vueltas, me ha permitido ver y reconocer las razones de unos y otros, aunque algunos de ambos lados lanzan a veces piedras que más bien nos ayudan a templar el ánimo.

En la víspera de este nuevo aniversario, de seguro más de uno sentirá revolverse toda la rabia y el miedo que aquellos hechos le generaron y más de una herida supurará.

Cuando alguno de lo que estos leen sientan eso, los invito a que se detengan a preguntarse qué país se construye con tanta ira.

No es que no tengan justificaciones para sentir ese huracán, pero en algún momento los venezolanos deberemos vernos los rostros y perdonarnos. Y no crean que me anima sólo una visión comeflor. Esta actitud tiene incluso un aspecto pragmático. Si dejamos de dar vueltas en círculos de odio, que nos distraen del norte fundamental, podremos enfocarnos en lo que realmente conviene a todos, para lo cual necesitamos llegar a acuerdos en paz.

Abuso de autoridad

El pasado jueves, la joven periodista Maolis Castro y el experimentado reportero gráfico Ernesto Morgado fueron retenidos por efectivos militares durante más de cinco horas en Fuerte Tiuna. Esos profesionales habían cubierto en la autopista Valle-Coche una protesta de damnificados que están refugiados en el Fuerte, los manifestantes denunciaron maltratos por parte del personal militar e invitaron a los reporteros a constatar a situación. En la alcabala N° 3 Morgado, plenamente identificado con sus vestimenta y su carnet de prensa, fue retenido; posteriormente Castro, quien acudió a ver qué le ocurría, también. Después de mucha lucha y con la presencia de otras autoridades, los liberaron. Es lamentable que esos venezolanos hayan sido sometidos por quienes se supone que deben defendernos.

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