Opinión Nacional

¿Llegó el sálvese quien pueda?

Ciertamente. A falta de la esperada contención demócrata, el régimen socialista gobernante aceleró el paso y hasta aquí nos trajo. Nada nuevo bajo el sol. Sin obstáculo aparente, solo imprevistos evitarian la derogación fáctica del estado democrático y social de derecho y de justicia consagrado en la Carta Magna.

Ante ello, no está demás reflexionar sobre lo pasado y lo que nos espera. No fallaron, quienes profetizaron la fragilidad de la democracia representativa iniciada en 1.958, como si lo hicieron aquellos gobernantes demócratas que promovieron tan grave inconsistencia.

¿Cuan débil se encuentra una sociedad hoy dia, que da lugar a un absurdo llamado socialismo? Ciertamente que bastante, más aun considerando la rapidez y eficiencia (10 años y unos pocos dirigentes exilados apenas) que le tomó dar al traste con la etapa democrática de más larga data en la historia patria.

A la fecha presente, no dudo en afirmar que muy por encima de las fuerzas que restan a nuestras filas demócratas, descansa en el descontento de las propias huestes socialistas la posibilidad real de restaurar la Constitución. Evidente y lamentable el reconocer la inopia de nuestra dirigencia, incapaz en una década para articular propuesta política alternativa a la estafa socialista.

De cierto que tal carencia intelectiva se acompañó de otras más bien conexas a la ética, por ende tan o más importantes; muy lejos del arrojo, creatividad y valentia del pueblo llano venezolano que a lo largo del camino ofrendó la sangre, el sudor y las lágrimas, con sus muertos incluidos. Nada se le podria reprochar.

En lo adelante, la resistencia democrática que nos corresponda asumir, en tanto se concreta el previsible desencanto de los asalariados del régimen, deberia concentrarse en la pedagogia de los valores, tan ajena a la democracia representativa, causa principal de su ruina.

La importancia de tal tratativa se fundamenta en la inconsistencia sociológica de una Venezuela post-socialista, en el vislumbrado escenario de popular desengaño. Porque, una población mayoritariamente inculta, nuevamente decepcionada ante las promesas del gobernante, es la presa fácil del totalitarismo, como ayer del populismo.

Tal círculo vicioso, garantia de pobreza y atraso general, se rompe con formación ciudadana que permita internalizar sobre las incontrastables ventajas de un régimen democrático de libertades, donde el estado de derecho, el respeto a la propiedad privada, la promoción de la libre empresa y una verdadera economia de mercado, sean realidad tangible por encima del discurso falso y vacuo. ORA Y LABORA.

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