Opinión Nacional

Los idus de Chávez

Suena más que banal, pero es tan cierto como una catedral: quien a hierro
mata a hierro muere. Aunque en este caso lo del hierro sólo se cumple en la
primera mitad de la sentencia: fue Chávez quien volvió a invocar los
fantasmas artillados. Para su fortuna y la nuestra antes caerá por el peso
de un breve documento que por el tronar de las ametralladoras.

La firma del pacto de gobernabilidad entre Fedecámaras y la CTV, con el
aval de la iglesia, marca un hito en la historia democrática de Venezuela. Y
si a ese pacto se le agrega la rebelión popular que comienza a encender al
país, comenzando por la alta gerencia de PDVSA, pasando por el magisterio y
seguramente terminando con una huelga general, el escenario shakesperiano
está montado. Pronto escucharemos aullar desde la tenebrosa soledad de
Miraflores: mi reino por un Airbus. ¿Imaginaría nuestro caudillo aquel
esplendoroso 4 de diciembre de 1998 que su deslumbrante destino podía
terminar frustrado mucho antes de lo esperado en una suerte de «Vaca
Sagrada» cibernética?

Y no se trata de conspiraciones. El pacto de gobernabilidad fue firmado a
plena luz del día y transmitido en vivo y en directo por CNN a todo el
mundo. Ninguna cancillería habrá dejado de tomar nota. Especialmente la de
Washington. ¡Pobre Roy Chaderton! Demasiado tarde consigue el tan ansiado
botín. Será el máximo plenipotenciario de una plena impotencia. ¡Qué ingente
esfuerzo de escalamiento para tan magra recompensa!

Tanto calza el rompecabezas que la única incógnita es la del tiempo, el
implacable. Un gobierno puede resistir durante un tiempo el asedio de los
trabajadores apoyándose en los empresarios. Y el de los empresarios
apoyándose en los trabajadores. Pero ninguno de los gobiernos conocidos
hasta ahora ha resistido durante mucho tiempo el de los trabajadores y los
empresarios juntos. Mucho menos si la iglesia le niega el agua bendita.

Menos si el estado mayor conjunto de todas sus fuerzas armadas, en un acto
de última deferencia por los favores recibidos, se lava las manos. Un
Pilatos uniformado es, en estas horas aciagas, peor que unos goteros de
arsénico.

Y a pesar de todo: aún hay quienes apuestan a una rectificación. Aún hay
quienes, de parte y parte, quisieran tender puentes. Pero el tiempo apremia
y juega en contra del gobierno: 80 a 20. Cada día que pasa tales puentes
pierden sentido: dejan de servir para resguardar la fortaleza y sólo
alcanzan a permitir una honrosa retirada.

Como siempre sucede: al que cae en desgracia le comienza a llover sobre
mojado. Como si no bastara con un tan acelerado hundimiento, a las ratas que
escapan se suman las que abren huecos. El sainete de la justicia popular
parece como montado por los peores enemigos del chavismo para terminar de
mostrarlo en su peor crudeza. Que la cabeza del chavismo termine en la
bandeja de Lina Ron y su suprema corte de menesterosos es un simple
escupitajo de la historia. Las planetarias ambiciones del teniente coronel
terminan en el más desamparado de los basureros.

Desde esta columna le recomendamos una honorable retirada. Dos próceres que
le son muy familiares se escabulleron de entre las ruinas para volver en
gloria y majestad. Apueste a la desmemoria nacional, Presidente: emúlelos.

Por nuestra parte, sólo le deseamos buena suerte.

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