Opinión Nacional

Los tiempos que vienen

Como si la pesada carga del presente no fuera suficiente para Venezuela y los venezolanos, en lo político, económico y social, ésta seguramente se hará más y más onerosa en los tiempos que se avecinan. Pareciera que todas las facturas acumuladas en estos años de delirio destructivo, se estuvieran cobrando de manera simultánea.

Y la gran víctima de la deuda sideral no es otra que el conjunto de los venezolanos, sometidos al despotismo de una satrapía cada vez más rapaz, más embustera y más entregada a su propia complacencia. En este sentido, la pérdida del hegemón no es la causa sino el catalizador del fenómeno, desde luego que Chávez fue el motor de la satrapía o el despotismo habilidoso.

Es obvio que Maduro no puede con la desastrosa situación del país, entre otras razones porque él forma parte del proyecto de dominación que viene depredando al Estado y malbaratando el potencial de la nación. Y ahora lo encabeza con un destino muy incierto y con las contradicciones propias de un régimen que está exhibiendo su decadencia de forma pública, notoria y comunicacional.

Y precisamente por ello es que se aferra al poder con más intensidad y también con menos escrúpulos. Y aunque tampoco los ha tenido mucho en el pasado, seguramente en el cercano futuro los escrúpulos tendrán todavía menos importancia.

Una evidencia de ello, por ejemplo, se encuentra en la mega-crisis eléctrica, una entre tantas. El mismo día que se disparó el nuevo apagón nacional, el ministro del ramo, Jesse Chacón, se hallaba en Cuba, quién sabe haciendo qué. De pronto hasta recibiendo un certificado del éxito de su plan de 100 días para el fortalecimiento del sistema eléctrico…

Y resulta que todo ese descalabro se debió a una supuesta «operación tic-tac» de una supuesta «oposición golpista», al decir del señor Maduro, cuya irresponsabilidad por negligencia gubernativa es sólo comparable a la de su estilo declarativo. Y se trata de un patrón que puede observarse en casi todas las dimensiones del desgobierno rojo.

El pretendido “órgano superior de la economía” o el llamado “noticiero de la verdad” o todo ese amasijo de declaraciones baratas y absurdas, intoxicadas de clichés comunistoides, sin un ápice de sustancia, son manifestaciones adicionales de la oscuridad venezolana.

Y así tenemos lo último o la «operación colapso total» que Obama y Kerry estarían no ya urdiendo sino aplicando para que el caos se apodere de Venezuela en octubre… Y la verdad sea dicha, Maduro y compañía son más que suficientes para que ello termine de suceder. Se agrava la precariedad con alcances de colapso y el régimen imperante se niega a reconocer la realidad. De allí que los tiempos que vienen sean tiempos más difíciles.

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