Opinión Nacional

Marulanda en el 23 de Enero

Quién lo iba a creer, que Marulanda tenga una estatua, precisamente en el 23 de Enero, un sector democrático y popular, decisivo en la luchas contra la dictadura de Marcos Pérez Giménez, que se volcó jubiloso a las calles a celebrar ese día, cuando fue derrumbada la dictadura militar, razón por la que se le rebautizó con ese digno y glorioso nombre del 23 de Enero.

La verdad es que me quedo sin aliento ante tamaña patraña, arbitrariedad y abuso de poder. Un gobierno demócrata, decente, respetuoso y orgulloso de nuestros valores patrios y gentilicio, jamás lo hubiera permitido. Eso de que esa es una iniciativa popular y nada tiene que ver con el gobierno es otra de las tantas patrañas a las que este gobierno maléfico nos tiene acostumbrados.

Una estatua para un asesino, sanguinario, y además narcotraficante, es algo que le eriza la piel del cuerpo a cualquier persona normal y decente, con alguna sensatez y sentido de dignidad. Es muy probable, que en el exterior civilizado y mundo demócrata, la gente debe estar escandalizada con semejante burla y afrenta al generoso y democrático pueblo venezolano. Ese grupo populacho de comunistas que se tomó la libertad de erigir esa grotesca efigie en plena parroquia del 23 de Enero, no puede representar al verdadero pueblo de Venezuela. Esos si pueden ser acusados algún día, y con toda razón, de traidores a la patria.

Debemos tener ponderación y paciencia ante tantas provocaciones, seguramente planificadas, organizadas, financiadas y puestas en práctica por el propio gobierno chavista, con el único objeto de provocar una confrontación entre la oposición y el gobierno pro comunista venezolano, para impedir las elecciones regionales del 23 de noviembre. Dada nuestra convicción en una salida democrática a la crisis, y ante la ausencia de la ley, no nos queda otra opción, que permitir seguir siendo ofendidos por un grupo de maleantes, degenerados y aventureros, que se han tomado el poder, y hacen todo lo posible por perpetuarse en el mismo.

Solo los mismos habitantes decentes del 23 de Enero pudieran hacer algo al respecto. No obstante, sabemos de la situación real de ese sector, donde las bandas armadas de irregulares del chavismo, ante la complicidad de algunas de las policías y la impotencia de otras, la han tomado por la fuerza, y aplican sus propias leyes, tal como lo ha venido haciendo el chavismo en toda Venezuela. No se puede hacer otra cosa, sino la de desearle, larga vida a la estatua de Marulanda, “para que cada minuto que pase, sea un recordatorio de la iniquidad de este gobierno y sus cómplices”, tal como lo expresa la excelente columnista Milagros Socorro en su conmovedor artículo de Venezuela Analítica: “Tirofijo al Panteón”.

Un despiadado narco terrorista, muerto legítimamente por el ejército regular colombiano, por pretender derrocar al gobierno legal y constitucional de la hermana república colombiana, es el nuevo héroe nacional de Venezuela según el grupo de forajidos que nos gobierna. No se sabe con certeza, si la idea de la estatua es la ofender y provocar al gobierno democrático de Colombia, a la oposición venezolana o a ambos sectores a la vez.

Lo cierto es que la cancillería colombiana, ya envió una nota de protesta pidiendo explicaciones, al gobierno venezolano, cuya respuesta esperamos ansiosos, por la gravedad y significación del hecho. Seguramente el gobierno venezolano en su respuesta a Colombia, se desmarcará timoratamente del grupo comunista que realizó el hecho. Es posible que diga que es un derecho legítimo que tienen todos los pueblos, por tanto daño que les han hecho el imperialismo norteamericano y las oligarquías a los grandes desposeídos de Latinoamérica, representados seguramente en Marulanda, como su legítimo intérprete.

Sea cual sea la respuesta del gobierno venezolano a semejante agravio a las sociedades colombianas y venezolanas, es muy posible, que en la misma no se condene enérgicamente a los responsables, como se lo merecen, sino que por el contrario, intentará justificarlos de alguna manera, indicando, que no tiene control sobre ellos. Sobre todo, porque sabemos que cuenta con estos elementos, para que lo defiendan a la hora del juicio final, el cual no podrán eludir. Ese es un guión que los venezolanos nos hemos aprendido de memoria, y muy difícilmente el gobierno se salga del libreto de su permanente tragicomedia.

Este asunto de la estatua a Marulanda, es seguramente otro elemento de perturbación para la tranquilidad de la comunidad venezolana, iniciado o apoyado por el gobierno chavista, como otro trapo rojo más de los tantos que ha lanzado recientemente a la arena política del país, con propósitos desconocidos, que sin duda alguna, reaniman la atención del venezolano sobre el expediente de las FARC, y su relación con el alto gobierno venezolano. Habrá que esperar eventos adicionales para conocer su verdadero propósito.

Ante estatuas, erigidas de gente tan tristemente famosa, que para algunas minorías representan ejemplos a seguir, y las que en realidad no se las merecen, por haber practicado ellos delitos de lesa humanidad, genocidios y crímenes de guerra, se me vienen a la memoria, los famosos derrumbes mundiales de éstas, por poblaciones enfurecidas, de monumentos, bustos y estatuas de tiranos, tales como: Benito Mussolini, Adolf Hitler, Francisco Franco, Saddam Hussein, Slobodan Milosevic, entre otros famosos tiranos, razón por la que preveo un final nada feliz para esa estatua de Marulanda, el día que la democracia y la decencia retornen a Venezuela.

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