Opinión Nacional

Más corruptores que corrompidos

Con absoluta convicción me atrevo a afirmar que el actual gobierno de Venezuela es el más corrompido de toda su historia. Los casos abundan y los escándalos sacuden la conciencia nacional permanentemente. Lo malo es que los países son como las personas. Se acostumbran a todo. Hasta las situaciones de máxima irregularidad pasan a formar parte del paisaje cotidiano. Con razón se repite que quienes viven en medio de aguas negras terminan por no percibir el mal olor. En la danza mil millonaria de dinero negro proveniente del petróleo y de múltiples actividades ilícitas, participan gobernantes y no pocos gobernados que, sin querer queriendo, ya son víctimas conscientes del efecto corruptor del actual régimen.

Más que por la enorme corrupción estimulada desde el alto gobierno gracias, entre otras cosas, a la impunidad que garantiza una administración de justicia en manos de dóciles alabarderos del régimen, combatimos a Hugo Chávez y a su gobierno por ser los grandes corruptores de la nación, de la sociedad venezolana. Lo hace calculadamente, con la frialdad necesaria para que sus acciones sean devastadoras en la moral colectiva y la ética termine siendo retórica trasnochada destinada a estrellarse ante la posibilidad de riqueza fácil y, por supuesto mal habida.

Repetimos, nunca antes existió en Venezuela un Presidente tan alejado de sus deberes constitucionales como en el presente. Jamás estuvo el venezolano más abandonado a su suerte, desprotegido, indefenso y confrontado consigo mismo que en este tiempo sin ley, sin orden, sin autoridades legítimas y con el futuro empañado por la incertidumbre. No nos resignamos a aceptar pasivamente la cantaleta de que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Este régimen no terminará por obra y gracia del Espíritu Santo, ni como consecuencia de su propio desgaste. No. Llegará a su final cuando el liderazgo y las verdaderas fuerzas motrices de la nación reaccionen en la dirección adecuada. Es decir, para ponerle punto final lo más pronto posible, conscientes de que la verdadera naturaleza del problema no es electoral sino existencial. Se trata, como hemos dicho muchas veces, de principios y valores que desaparecen en un país que se desmorona ante la arremetida de los bárbaros más caros de la historia contemporánea. Lo electoral tiene un alto valor instrumental en la medida que esté al servicio del objetivo señalado. Me refiero tanto a las elecciones de noviembre próximo, como a todo el recorrido hasta diciembre del 2012 a ver si entonces podemos ganar para que el tipo entregue al año siguiente. Por el camino que vamos, para entonces, las estructuras del crimen organizado serán las dueñas del país. Controlarán la vida pública y privada y solo una confrontación definitiva y profunda podrá rescatar la decencia perdida. Favor mantener la atención en el tema del narcotráfico y sus ramificaciones en el alto mundo civil y militar.

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