Opinión Nacional

Más y mejor educación

Este gran país que es Venezuela, que en la actualidad se presenta cono un enorme laboratorio en muchos ordenes, esta demandando un trato más justo, más equilibrado y si se quiere audaz en materia educativa. La asignación presupuestaria sigue siendo escasa en comparación a otros gastos partidas. Por ejemplo, en lo que se refiere a seguridad y defensa o a los gastos del Presidente de la República por concepto de partida privada. Es indecoroso, desagradable e inaceptable el que se dilapiden abundantes recursos por doquier nacional e internacionalmente, y mientras tanto siempre hay alcabalas, trabas, frenos y excusas para no enviar los recursos que corresponden a educación en sus distintos niveles.

Este gobierno guapetón, hostil, xenófobo vive haciendo proselitismo político. Vivimos en plena campaña electoral no solo a lo ancho y largo de la geografía nacional sino además, estamos exportando el proceso y revolución. Por eso es frecuente que el presidente viaje a Cuba, Bolivia, Uruguay, Paraguay y todo aquel que solicite los buenos oficios de Chávez y del gobierno venezolano. La caridad no la cuestionamos de entrada, lo que no tiene razón alguna es el maltrato que la salud y particularmente la educación tiene en la actualidad.

El maltrato a la Universidad como institución, como semillero, como receptáculo de talento, ideas, ciencia y tecnología no esta en discusión. Lo que se ha intentado es desconocer los inmensos logros que las Universidades públicas han dado al país. No nos cansaremos de recordar y expresar que a pesar de algunas fallas en que las Universidades pudiesen incurrir, siguen siendo la gran institución y baluarte. Sin embargo, el maltrato ha sido una constante, tanto de algunos demócratas de la IV república como de la V República, cuestión que es un contrasentido, una disparate, una tozudez, una paradoja.

En este país no se podrá jamás hablar de desarrollo, crecimiento, progreso mientras no se tenga claro que no hay otra manera posible de crecer, de mejorar, de innovar que no sea por vía de la cultura, la educación, la ciencia y la tecnología. El petróleo no sirve de nada sino se emplea para un fin loable. Además, el petróleo en algún momento podrá fluctuar y lo único que quedara será la inversión no gasto que se halla hecho en educación.

Todo aquel en lo personal o en lo institucional plantee un desconocimiento, un ataque o querella contra las universidades, no puede tener otra etiqueta y nombre que no sea el de “fascista” y “retrograda”. Este país y su sociedad requieren más y mejor educación, más mejor democracia, más y mejores políticos, jueces, diputados, maestros, servidores públicos, médicos, etc, etc. Que distinto sería el que tuviésemos un presidente y unos ministros sensatos, claros y medianamente visionarios que encararan la problemática educativa con rigor, con seriedad y responsabilidad, y no unos sujetos que promoviendo un cardumen de misiones, lo único que han hecho es dilapidar recursos que jamás se traducirán en sólidos programas y políticas estatales porque la ausencia de visión, el excesivo proselitismo y la voraz corrupción les impide acometer una gestión eficiente y de calidad.

Los vidrios serán recogidos más adelante por todos los venezolanos, quienes seremos al fin de cuentas los paganinis de los experimentos incubados por el proceso y la revolución bonita que engulle todo lo que a su pase consigue. Otro gallo cantaría si verdaderamente se sembrara el petróleo y se diversificara su inversión en educación, salud, empleo, infraestructura. Las misiones son bienvenidas pero no suficientes, además son ineficientes, costosas y son fuente de corrupción.

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