Opinión Nacional

Mérida y el pico del Zamuro

Hace unos días le escribí una carta abierta a Léster Rodríguez, candidato a la Gobernación de Mérida. Me respondió en privado, por intermedio de una amabilísima amiga común, en forma mesurada e inteligente. Por la misma vía le hice saber mi opinión: es preferible ser víctima a ser victimario. Es un hombre joven y tiene toda una vida por delante. Quizás debe hacer como William Ojeda, aunque en su caso bajo protesta y haciendo público que se sacrifica por el bien común. Así podrá encabezar un movimiento que puede llegar a ser referencia en Mérida y en toda Venezuela. Por varias vías he sabido que los planes del otro candidato, William Dávila Barrios, implican imponerse como sea, aun violando el pacto de enero. Si eso es así, sería bueno que recordara que él representa un pasado que no todo el mundo quiere que vuelva, y le digo lo mismo que le dije a Léster Rodríguez: ¿Quiere William Dávila Barrios quedar ante la historia como el que obligó al Estado a seguir mal gobernado? ¿Quiere William Dávila Barrios sentir día a día el pinchazo de la culpa cada vez que vea uno de esos anuncios rojos en los que se habla de “territorio liberado” y cosas por el estilo? Hace muchísimos años, cuando yo era un jovencito de apenas veintitrés años, y visto que Arturo Uslar Pietri no había logrado que lo apoyaran URD, AD-Op y los larrazabalistas para ser candidato de la oposición no copeyana, le sugerí que apoyáramos la candidatura de Jóvito Villalba, que tenía alguna posibilidad de ganar. Me miró como gallina que mira sal y ni siquiera me respondió. Claro, era un señor verdaderamente valioso e importante, de cincuenta y siete años, frente a un jovencito de veintitrés. Y además, Arturo tenía otros planes (que también fracasaron a la larga). Algo parecido le había dicho a Jóvito Villalba en un restaurant en Chacaíto, tratando de que apoyara la candidatura de Arturo, y aunque razonó muy bien su respuesta, no me convenció. Ambos perdieron, tal como perdieron Larrazábal y Raúl Ramos Giménez (jefe de AD-Op). Hoy, cuando ya estoy cerca de los sesenta y nueve años, me doy cuenta de que el jovencito de veintitrés era el que tenía la razón. Y como hombre maduro de sesenta y ocho largos, por aquello de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, les digo a los dos candidatos a la Gobernación de Mérida: piensen muy bien en lo que van a hacer. Como solía decir el General Gómez, muchas veces hay que ganar “de a pa’ tras”. Quede segundo quien quede segundo, si el primero es el gobiernero, el pueblo entero de Mérida no va a perdonar a ninguno de los dos. Y, de nuevo: es preferible ser víctima a ser victimario. La víctima, a la larga, queda mejor ante la historia. Y en este caso, va a convertirse en ganador a mediano plazo.

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