Opinión Nacional

No Joda, Señor Ministro

Aristóbulo Istúriz habló claro. Se refirió este señor a una de sus metas como ministro de educación (vamos a dejarlo en minúsculas). Propone que desde la escuela se ideologice a los jóvenes.

Cuando la izquierda cavernaria acusa a los demás de ejercer el “pensamiento único”, comienza en mí una sonrisita y termino con soberana carcajada. Y esto ocurre porque nadie más reaccionario que un dinosaurio al trascender el carbonífero, es decir, nadie más falto de moral para hacer señalamientos que un ser prehistórico llamando cavernícola a los otros. En fin.

Lo cierto es que el ministro, prócer de la revolución y gato del mismo saco autonombrado “progre”, grita a los cuatro vientos que ideologizar a los muchachos es un asunto de lo más normal, y hasta deseable. Entonces la palabra ideología se me queda entre ceja y ceja, y su derivada, ideologizar, también navega un rato a ras de neuronas, en mis pensamientos, hasta que se detiene por fin entre incisivos, caninos, molares y lengua, dejándome un sabor nada agradable en plena boca.

Cojo el diccionario y leo. Ideología: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época”. ¡Coño!. Sigo recorriendo la página, continúo pasando la vista sobre la maraña de palabras hasta tropezar con el segundo clavo. Ideologizar: “Imbuir una determinada ideología”. ¡Coño otra vez!. Queda una cosa clara y otra no tanto: la primera, que este ministro va que corta. Su objetivo es meridiano. La segunda, ¿qué será lo que va a imbuir?, ¿cuál la ideología? Porque si de cuerpo de ideas hablamos la revolución bolivariana es un marciano. Si de maneras de concebir la política, lo social, lo humano y lo divino, y al fin y al cabo si de alguna doctrina se trata, ¿acaso el ministro tiene ganas de meterle porque sí a los jóvenes el ideario que para él da vida a su mentada revolución?, ¿y cuál es tal revolución?, ¿la chavista?, ¿qué carajo es el chavismo?, ¿el socialismo del siglo XXI?, ¿quién explica semejante adefesio?, ¿El norte del ministro será la triste Revolución Cubana?, ¿o tendrá en la mira al comunismo norcoreano?, ¿o el que vino al mundo en tierras de Kalashnikov?, ¿el ministro acaso sueña con alguien como Mao?. Todo un cóctel rancio, un sancocho pasado, un fósil carcomido y lleno de telarañas.

Se me ocurre que ideologizar tiene que ver con lavado y planchado de cerebros, nada más. Algo así como lavado revolucionario express, echando mano de la torta que el ministro guarda en su caja craneana. Algo de aquí, algo de allá. Un poco del mentor Castro, otro de su émulo Chávez. Un tanto de las enseñanzas a lo William Lara y otro tanto de un preclaro como Luis Tascón. Algo de Maduro y algo de Varela, algo de Izarra y algo de Chacón, algo de Rangel y algo de Ameliach, un toque de Dieterich y una pizca de Haernecker. La batería ilustrada del régimen. Fraseología al por mayor para ganar adeptos.

Yo doy por sentado que educar es precisamente todo lo contrario. O sea, todo lo contrario de andarse por la vida buscando las maneras de ideologizar, claro. Todo lo contrario de construir adrede una única ventana por la que asomarse al universo. Quizás la más vital de las premisas a la hora de educar sea enseñar a pensar. Como dice el bueno de Savater: piense usted lo que quiera, pero piénselo. Pensar aquí implica el necesario despojo de toda gríngola, esas que tanto gustan al ministro, para luego estar en disposición de sopesar, escudriñar, analizar, tomar decisiones, llegar a determinadas conclusiones en función de tales o cuales problemas y en determinadas circunstancias. Educar pasa por inocular ciertos principios universales, sembrarlos muy bien (solidaridad, respeto por el otro, tolerancia, espíritu democrático, libertad…) y junto con ellos que cada quien sea capaz de coger al toro por los cuernos, de pensar por sí mismo.

Contra lo anterior va la propuesta del ministro. Su óptica es la privilegiada, la que debe ser, la buena y la única. Las concepciones de él y de quienes piensan como él son la ideología y punto, la que según afirma debe inyectarse nada menos que en la escuela. Conmigo que no cuente. Para mis hijos va el testigo de una forma de ejercer el pensamiento, con mayúsculas, en la que tendrán que elegir, decidir, tomar tal o cual camino, siempre y en todo momento no bajo dictámenes del MVR sino con plena libertad, lo cual exige una responsabilidad enorme. Esa es buena parte de la educación que aspiro para mis pequeños. No joda, señor ministro, usted y los que comulgan con usted.

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