Opinión Nacional

Norman Foster, imaginar el futuro

En los últimos años, un nuevo concepto ha revolucionado la sociología de la arquitectura: lo que en inglés se llama el starchitect, una mezcla de architect («arquitecto») y star («estrella»). Se trata de profesionales del diseño de avanzada tan mediáticos que el público los reconoce tal como lo harían con un personaje de Hollywood. Los desarrolladores inmobiliarios y municipios de todo el mundo se pelean por tener alguna obra suya. Si ésta deviene icónica y con la firma de autor fácilmente reconocible, la atención inmediata para la obra y una ubicación de privilegio en el mapa de atracciones arquitectónicas globales para la ciudad están garantizadas.

Dentro de la categoría, nadie es más star que sir Norman Foster. Todo se sabe sobre él: cuando no está dando entrevistas, está presentando el documental (ver aparte) que filmó sobre su vida junto con su mujer, la ex sexóloga de la televisión española y actual editora de libros de arte Elena Ochoa. O bien está reconstruyendo el legendario Dymaxion de Buckminster Fuller, un prototipo de automóvil de 1933 con el que se pretendía unir la arquitectura y el diseño de coches, o bien está corriendo carreras de ciclismo, pasión que comenzó tras leer el libro de Lance Armstrong, cuando él mismo estaba luchando contra el cáncer. Y todo esto mientras construye, construye y construye, de una manera increíblemente prolífica. Nacido en un barrio obrero y devenido sir, a los 75 años Foster no parece dispuesto a parar -después de todo, su ídolo cuando era estudiante era el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, quien, a los 104, sigue al pie del cañón-, pero entre sus múltiples actividades encontró el tiempo para contestar por mail a LN R .

-¿Qué piensa de los arquitectos como celebridades?

-Hay mucho atraso en reconocer la importancia de la arquitectura. Sin embargo, la idea de los arquitectos como celebridades es un invento de los medios. Como arquitectos, nos apasionamos y nos motiva lo que hacemos. Nuestro trabajo se alimenta de las necesidades de la gente y las ciudades, y no de la idea de prestigio por asociación.

-Cuando se tiene fuerza global, ¿la idea de lo local significa algo? ¿Los diseños de Foster responden a la cultura, los precedentes, la historia, el sentido del lugar local?

-Es esencial reconocer y fortalecer la cultura de un lugar, su historia, sus tradiciones e identidad únicas. Esto también se relaciona con la sustentabilidad. Al desarrollar nuevas maneras de diseñar edificios eficientes en el uso de la energía, hay valiosas lecciones para aprender de la tradición local. La sustentabilidad implica la viabilidad global unida al atractivo local, lo que significa que mientras los objetivos fundamentales pueden ser los mismos para las ciudades de todo el mundo, las formas y los espacios se relacionan muy específicamente con la cultura y el clima del lugar. Quizá se trate de pensar globalmente y actuar localmente.

-Se lo ha criticado por construir a escala demasiado prodigiosa. Con tantos diseños en marcha, ¿cómo puede mantener la originalidad?

-Con un equipo talentoso. Es importante incorporar un par de ojos nuevos a cada proyecto. El enfoque de Foster & Asociados es «volver a lo básico», cuestionar la respuesta tradicional e inventar o reinventar la solución.

-Algunos de sus edificios, como el Gherkin, han sido saludados como un triunfo de la arquitectura como escultura. ¿Lo ve así?

-Es un viejo adagio, pero la idea de que la forma sigue a la función aún tiene gran validez; la mejor arquitectura es resultado de una síntesis de todos los elementos que abarcan y forman el carácter de un edificio. Esto incluye pero no se limita a la estructura que lo sostiene, los servicios que le permiten funcionar, su ecología, la calidad de luz natural, el simbolismo de la forma, la relación del edificio con la línea del cielo o el paisaje de la calle, la manera en que uno lo atraviesa o lo rodea y, por último, pero no menos importante, su capacidad de elevar el espíritu.

La forma del Swiss Re está esculpida, en parte, por los condicionamientos que impone el sitio en la ciudad de Londres: su plan radial parece más esbelto que un bloque rectangular de tamaño equivalente y el angostamiento de su perfil hacia la base maximiza el ambiente público al nivel del suelo. Ambientalmente reduce las deflexiones de vientos, ayudando a mantener un ambiente cómodo al nivel de la calle y crea diferenciales de presión externos que explotamos para generar un sistema de ventilación natural. El hecho de que se lo haya saludado como una obra de escultura popular es un halago, pero es igualmente importante entender la lógica intelectual detrás del diseño.

-Usted sostuvo en una oportunidad que buscaba la democratización del lugar de trabajo, terminar con la cultura de obrero vs. empleado, una reinvención de la oficina. ¿Cómo se orientó para la concreción de ese objetivo?

-Si tomamos uno de nuestros primeros edificios, como la sede de Willis Faber & Dumas, puede verse que generó ideas que seguimos desarrollando y refinando. Por sobre todo, estábamos preocupados por la calidad de vida y de luz, por introducir más alegría en el lugar de trabajo. Encontramos esas ideas reexploradas en otros proyectos de lugares de trabajo, como la sede europea de Electronic Arts y el Centro de Tecnología McLaren, así como una familia de proyectos de edificios de oficinas, siendo lo más reciente la sede de Hearst en Nueva York. Allí, el hall de entrada con su comedor de la compañía está concebido a escala de la plaza central de un pueblo, un centro social para la comunidad Hearst.

-También está la reinvención o el redescubrimiento del aeropuerto. ¿Qué piensa de ese éxito?

-Estoy orgulloso de que, con el modelo de Stansted, nuestra reinvención de la terminal de aeropuerto haya sido adoptada por planificadores de aeropuertos en todo el mundo. Con Stansted volvimos a las raíces del transporte aéreo, para tratar de recuperar la calidad de las primeras terminales. No tiene nada de las rutas laberínticas o los cambios de nivel típicos de las terminales aeroportuarias de entonces; y todos los servicios pesados que atestaban los techos se colocaron en sótanos, de modo que el techo pudiera convertirse en un dosel liviano que permitiese el paso de la luz diurna. Desde entonces pudimos desarrollar y refinar el modelo a través de los proyectos de Hong Kong y, ahora, el Aeropuerto de Pekín, a escala épica.

-Fuera de esto, ha buscado la conexión arquitectura/infraestructura…

-Esta conexión de la arquitectura con la infraestructura es vital porque la única manera de lograr realmente un futuro sustentable es abordando simultáneamente la infraestructura que une el stock de edificios individuales. Diría que la infraestructura -si prefiere, el «pegamento urbano»: las conexiones, los puentes, las calles, los lugares públicos- es más importante que los edificios individuales, y lo digo como arquitecto con pasión por el diseño y el diseño de edificios individuales. Si me pregunta cuáles son algunos de los proyectos significativos que hemos hecho a lo largo de los años, incluiría nuestros proyectos de infraestructura, tal como la transformación de Trafalgar Square en área peatonal. Creo que, en términos del dominio cívico, no hay nada más importante que la infraestructura. La infraestructura también puede tener un impacto poderoso de otros modos. Por ejemplo, si se mira nuestro Puente del Milenio, en Londres, o el Viaducto Millau, en la Francia rural, se encuentra que, en términos de la prosperidad que traen a sus comunidades locales y su poderoso rol simbólico, su valor excede en mucho el de la conexión misma.

-Pronto habrá edificios en Buenos Aires con su firma. ¿En qué se inspiró?

-Sí, hemos diseñado las residencias Aleph, en Puerto Madero, y recientemente ganamos la competencia para diseñar la nueva sede del Banco Ciudad en Parque Patricios. Si bien los dos proyectos responden a necesidades y contextos muy distintos, comparten el deseo de mejorar la calidad de los espacios para vivir y trabajar, así como traer el exterior al interior, aprovechando al máximo el maravilloso clima y las posibilidades de luz natural y ventilación.

-¿Cuáles fueron los principales desafíos que enfrentó al diseñarlos?

-Estos edificios están ubicados en partes distintas de la ciudad y tienen funciones diferentes. Fue importante que comprendiéramos completamente las sutilezas de estas áreas, antes de concebir una respuesta arquitectónica. Hicimos mucha investigación y aprendimos mucho acerca de la ciudad, su cultura, su gente y su clima. Las residencias Aleph, por ejemplo, forman parte de un distrito de arte. Continuando con una temática de reutilización sustentable, cosa que es muy cercana al espíritu de muchos de nuestros proyectos, el área tiene una variedad de edificios posindustriales y nuevos. Banco Ciudad, en cambio, es parte del centro tecnológico emergente de la ciudad. Aquí, el desafío es diseñar un edificio que dé una fuerte imagen institucional para el banco, pero que también sea abierta y se integre con un vecindario tradicional; es un edificio público y privado al mismo tiempo. Una manera de hacer esto es crear una plaza pública bajo el dosel del edificio, frente al parque de los Patricios. Será un maravilloso lugar de encuentro para que la gente use y disfrute.

Tenemos la suerte de estar diseñando edificios nuevos en Buenos Aires y tenemos la oportunidad de contribuir a la rica herencia arquitectónica de la ciudad.

-Usted habló del diseño relacionado con cada cultura y con la sustentabilidad. ¿Cómo aparece esto en el caso de Buenos Aires?

-En los colores, en el uso de materiales locales, en el respeto por lo que rodea, en la manera en que se diseñan los espacios habitables para adecuarse al estilo de vida de la gente que vive allí, todo esto forma una respuesta muy única. Analizamos las casas tradicionales de Buenos Aires y El Aleph se apoya en su carácter local, con patios y terrazas abiertas. Creamos patios en el cielo, que tienen una resonancia particular con el estilo de vida argentino y su maravilloso clima. Estos patios también se reflejan en el diseño del Banco Ciudad, que puede verse como un conjunto de edificios conectados por espacios verdes y unidos por el dosel. El diseño maximiza la luz diurna para las oficinas, mientras que da sombra a las fachadas para reducir el calor.

-Para usted, ¿cuál sería el edificio ideal para la ciudad o al menos el que la ciudad más necesite?

-Es una pregunta difícil de contestar. Creo que uno de los roles de nuestro diseño para el Banco Ciudad es anclar el crecimiento del vecindario con un edificio que tenga una fuerte presencia cívica. Este es un aspecto importante del plan. Tiene implicancias más amplias, que tienen que ver con un enfoque sustentable, con beneficios para la comunidad, no sólo para los usuarios del edificio. Del mismo modo, además de los edificios individuales, el transporte y el espacio público son de vital importancia; todo debe funcionar conjuntamente. La calidad de la infraestructura de una ciudad tienen un efecto directo sobre la calidad de vida de la gente. Contestar su pregunta adecuadamente es un proyecto de investigación en sí mismo.

-¿Cuál es el desafío de construir en partes nada glamorosas de la ciudad?

-Estamos familiarizados con proyectos en partes nada glamorosas -o más bien desatendidas- de ciudades. De hecho, nuestro estudio en Londres transformó un sitio en la orilla sur del río Támesis, entre un depósito de ómnibus y un arroyo contaminado. Nuestro trabajo en Duisburg ayudó a la regeneración física y económica de un área muy deprimida llamada Puerto Interior. Esto creó un nuevo barrio en un sitio industrial, con espacios para el ocio y la cultura. El desafío es mantener y fortalecer el carácter de la zona, combinando a menudo remodelaciones selectivas con nuevas construcciones, creando algo nuevo que sea eficiente en términos del uso de energía y que pueda ser un catalizador para el crecimiento futuro.

-El futuro para una ciudad como Buenos Aires, ¿está en zonas actualmente más marginales?

-Esto es cuestión de densidad y de encontrar el equilibrio adecuado; la sustentabilidad requiere mirar a gran escala, analizando en conjunto las distintas áreas de Buenos Aires, viendo cómo se conectan y el carácter único de cada una. Hay una correlación directa entre la densidad urbana y el consumo de energía. Sabemos que una forma urbana relativamente densa y compacta -tal como el barrio de San Telmo- es más eficiente en términos de energía que los suburbios extendidos. También sabemos que las ciudades en las que se puede caminar o andar en bicicleta en vez de manejar autos, donde hay espacios públicos generosos y centros de recreación cercanos, son lugares más agradables para vivir. El resultado debe ser siempre un lugar más atractivo para vivir y trabajar. Si una iniciativa sustentable no resulta en un buen lugar donde estar, no es una ciudad en la que uno quiera vivir o visitar; si no eleva el espíritu, no cumple una parte central.

-¿Hacia dónde va? ¿Cómo ve su legado?

-Aún no tenemos una comprensión completa del impacto de los temas ambientales en la arquitectura en un sentido global, y espero que nuestro trabajo pueda aportar algunas referencias útiles para las generaciones futuras. Las cuestiones ambientales afectan a la arquitectura a todos los niveles, pero los arquitectos no pueden resolver todos los problemas ambientales del mundo; esto requiere liderazgo político. Sin embargo, podemos diseñar edificios para que funcionen con niveles de consumo de energía muy inferiores a los actuales, podemos influir en los patrones del transporte a través del planeamiento urbano y podemos actuar como defensores apasionados del diseño sustentable. La sustentabilidad también está relacionada con la escala. Espero que al avanzar tengamos oportunidades más allá de los edificios individuales para explorar la escala mayor de las comunidades. Además, nuestra profesión no ha abordado las necesidades de viviendas masivas a bajo costo, respondiendo a las cuestiones relativas a las favelas, por ejemplo. Me encantaría poder abordar esa cuestión. ¡Y dejo el legado a los historiadores!

Por Juana Libedinsky

Traducciones de Gabriel Zadunaisky

«MI MUJER ES MUY PERSUASIVA»
Gregorio Belinchon/El País

A Norman Foster no le hacía mucha gracia que alguien rodara un documental sobre su vida. Y así se lo dijo a la productora. Sus plegarias no fueron atendidas, porque la productora era su esposa, Elena Ochoa, motor del documental ¿Cuánto pesa su edificio, Sr. Foster?, que se estrenó recientemente en España. «Ya le dije, es muy persuasiva.»

Es fácil trazar un paralelismo entre el documental y la obra de Foster (Manchester, 1935): visualmente brillante, con espléndidas tomas aéreas que develan al espectador la importancia de entender sus edificios como un todo, pulcro, de fino estilismo y a la vez férreos cimientos. Lleno de tonos blancos y metálicos, redondo, elegante, como el cuerpo y la cabeza de Foster. Parece increíble que haya tanta similitud entre el físico de un creador y su obra.

-Es uno de esos arquitectos que pisa la obra, que mira el paisaje y pasa tiempo donde…

-(Interrumpe) Es muy importante. Hay una paradoja: cuanto más sofisticado y moderno sea el equipo técnico y los ordenadores que usas, más importante es estar allí, pisar el terreno.

-Usted encabeza el proyecto de Masdar (Abu Dhabi), la primera ciudad con emisión cero de carbono. ¿No cree que algunos de sus colegas deberían prestar más atención al medio ambiente?

-La profesión debería estar más preocupada por la ecología, lo que no quiere decir que no haya arquitectos implicados en la lucha contra el cambio climático. Piensa que es un problema reciente en la historia de la humanidad, aunque para mí fundamental a la hora de diseñar una obra.

-Usted nunca está satisfecho.

-Los seres humanos somos imperfectos, y la perfección es un ansia imposible. Los edificios son diseñados por gente, construidos por gente y habitados por gente. A mí, la insatisfacción me nace de la curiosidad.

EL TRANSGRESOR
Por Valeria Shapira

Lord Foster of Thames Bank estaba almorzando con la reina Isabel el día que en España se anunció que le otorgaban el Premio Príncipe de Asturias 2009. «Es un arquitecto de la era global», argumentó el jurado. A los 75 años, con títulos de Sir, Lord y decenas de premios Norman Foster puede sentarse en la mesa del Palacio de Buckinham y, horas después, es capaz de volar hacia cualquier rincón del mundo en busca de nuevos destinos en los que pueda erigir su obra. Su carácter de arquitecto global no reside sólo en cantidades de obras medibles en puentes, edificios o aeropuertos: Foster ha sido un transgresor; un explorador de los materiales y de las formas en un planeta que plantea constantes desafíos a la arquitectura. Un creador cuya obra se inserta en los espacios hasta cambiarlos para siempre.

Hace algo más de tres años, en ocasión de la presentación de sus proyectos con Faena Group en Puerto Madero, Foster entró en la Albion Gallery de Londres, en el Southbank, una zona antes abandonada cuyo crecimiento actual se debe, en gran parte, a este hombre de Manchester. Habló brevemente con un grupo de periodistas argentinos, y nos invitó a su estudio. Foster & Partners está abierto las 24 horas, durante todo el año, con espacios abiertos, mucha luz, una vista maravillosa del río Támesis, sustentabilidad por doquier.

Está allí su pensamiento, que no se lleva bien con los lugares comunes: el diseño sustentable, por ejemplo, no está asociado en Foster con el despojo de la tecnología (lo último, lo más nuevo, constituye un instrumento que permite preservar los recursos genuinos del planeta); su idea de sustentabilidad es aplicable tanto a las pequeñas cosas -el uso responsable de la luz en una habitación- como a los proyectos a gran escala, como el aeropuerto de Beijing.

Norman Foster ha proyectado para Buenos Aires. Buena noticia. ¿Vendrán otros? ¿Llegarán Zaha Hadid o Rem Koolhas? La pregunta no es un modo de bregar por el arribo de «estrellas». Que así se las llame, en definitiva, quizá sea lo de menos. Lo importante es aquello que estos genios contemporáneos tienen para decir y aportar. «La sustentabilidad es una palabra que se ha puesto de moda -remarca-. Sin embargo, no se trata de eso: en el planeta en el que vivimos, es un camino para la superviviencia (…) Requiere pensar holísticamente: la locación y la función de un edificio; su flexibilidad y vida útil; los sistemas de ventilación y los materiales empleados; el impacto del monto de energía requerido para construirlo, mantenerlo, y para ir y venir desde y hacia él. Sólo buscando nuevas soluciones para estos problemas crearemos formas sustentables de construir para el futuro.»

TERCER PROYECTO, UN HOTEL DE LUJO

Se esbozó la noticia a fines de 2010, pero poco se dijo hasta el momento sobre un tercer proyecto de Norman Foster en Buenos Aires. Lo cierto es que sí, habrá otro más, y será un hotel.

Tendrá 160 suites, 30.000 m2 de construción y 7500 m2 de jardines. Su construcción está prevista para mediados de 2011. Se llamará Faena Aleph Hotel, e integrará el Faena Art District, complejo pensado por Alan Faena que incluye también las 52 exclusivas residencias diseñadas por el arquitecto inglés -Aleph Residences- cuya construcción se inició en septiembre último.

«Conjuga arquitectura, espacios verdes y cultura», dice el empresario argentino, que con sus proyectos busca «una manera de redefinir el modo de vivir en la ciudad». La inversión total será de 125 millones de dólares. Las residencias tienen un valor promedio de 7000 dólares el metro cuadrado.

Según Foster, lo emocionante es que «a medida que trabajamos (con Faena) en este proyecto fomentamos el potencial de la cultura como anclaje, no sólo en términos de las artes visuales, sino dibujando los límites entre el ocio, la comunidad, los hoteles y lo residencial.»

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