Opinión Nacional

Nuestro Lugo

En la Arquidiócesis de Buenos Aires, muy cerca del Compañero Cardenal.

Nuestro LugoEl Arzobispado de Buenos Aires contiene un obispo que puede admirablemente emular al obispo Fernando Lugo, presidente del Paraguay. Sin -al menos que se sepa- demostrar la encendida capacidad para la reproducción de vida en movimiento. O sea, de hijos.

Felizmente, nuestro obispo de la referencia no mantiene, como el Padre Lugo, aspiraciones electorales.
Trascienden, en cambio, las vicisitudes eróticas que se le atribuyen al alto dignatario. Ceremonias de amor. Acostadas derivadas, acaso, de los excesos en materia de consolación generosamente espiritual. Las carnalidades se habrían registrado, según nuestras fuentes, bastante antes que el compañero Cardenal, Jorge Bergoglio, decidiera promover, a nuestro Lugo, con el ascenso consagratorio.

La denuncia pertenece al señor Marcelo González. Trátase de un católico de web propia.
Fue remitida a Su Eminencia Reverendísima, el Cardenal Marc Ouellet, al Palazzo delle Congregazioni, en el Vaticano.
El texto circula por distintas webs católicas, en las que se evidencia un incierto malestar con el oficialismo eclesiástico.
El obispo, JMS, nuestro Lugo, es denunciado por las consecuencias reiteradas de sus presumibles penetraciones. Causales de una separación vincular.
A criterio de González, el alto dignatario de la iglesia argentina, JMS, nuestro Lugo, debería estar convenientemente recluido entre las contenciones de algún monasterio lejano. Entre las montañas de algún pueblito lateral. De ningún modo poderosamente situado al 400 de Rivadavia. Pegado a La Catedral. Frente a la Plaza de Mayo. En silencio. Consciente que el conocimiento del tema, de a poco, se extiende. Saldrá a aclarar sólo si adquiere cierta resonancia, y considera que, para la superioridad, es estrictamente necesario.

El refugio de la hipocresía

Sociedad extrañamente multifacética. Debe convivirse con la vanguardia legitimada del matrimonio homosexual, aquí denominado igualitario.
Sin embargo, en orientación homo u hétero, la sexualidad, para los restringidos miembros del clero, se encuentra rigurosamente vedada.
La multitudinaria feligresía del catolicismo no alcanza, siquiera, a discutir, con algunos rasgos de madurez, la cuestión del celibato sacerdotal.

Ponerla, para los miembros de la iglesia, equivale a una falta indigna. Imperdonable. Desde los excesos registrados en el Concilio de Constanza, siglo XV. Cuando se pidieron por delivery 800 prostitutas para atender el frenesí de los obispos participantes, que no resolvieron los dilemas que se arrastraban desde el Concilio de Augsburgo pero se divirtieron como gentiles.

Por lo tanto, aquel cura que acceda, explicablemente, en el tinellismo del siglo XXI, a la riesgosa tentación de ponerla, debe refugiarse en el campo previsible de la hipocresía. Es espaciosa. En la Avellaneda de los 60, el obispo Podestá supo desafiarla. Debió irse.

El erotismo, por clausurado, tiene que ser, para los curas, inhumanamente clandestino. Desplegado siempre de manera secretamente conflictiva. Entre las sábanas imposibilitadas de cubrir los remordimientos. Sobre todo si el sujeto no quiere salirse de la corporación eclesiástica, como aquel Podestá. Y prefiere proseguir con su vocación abnegada de pastor. E impartir bendiciones. Erigirse como intermediario del mensaje del Señor. O brindar los sermones esotéricamente magistrales. O entregarse a la piadosa distribución de hostias.

Del asunto de los curas y el sexo, para no ser transgresivo, ni se debe hablar.
Ponerla es de obreros. De gentiles.

Tampoco debe mencionarse la caliente fantasía de determinadas señoras excepcionalmente desesperadas. Necesitadas de consolaciones perversas, también terrenales. Damas respetables que están capacitadas para estimular patológicas fabulaciones. Con un brote de historias que aluden a las atracciones prohibidas. La proliferación de Camilas (por Camila O’Gormann) suelen atribuirse, en general, a los desbordes de la mitomanía.
“La hija de p… va todos los días a la Iglesia del S…. porque se quiere levantar al cura”, confiesa una amiga. Acerca de las intenciones seductoras de otra amiga.

Si el director del Portal lo autoriza, pronto podremos difundir los pormenores del caótico drama pasional que atormenta, en la actualidad, a dos mujeres en pugna. Enfrentadas por el calor que les ofrenda el mismo cura. En la iglesia de cierto barrio tradicional. Con confidencias sutilmente empalagosas. Relativas a las noches pecaminosamente memorables, transcurridas junto al Padre G. Una fiera, el padre G.
Quedaron registradas en el Libro de Pedidos y Oraciones.

También florecen otras historias que presentan, de manera destacada, a nuestro Lugo. Y lo enriquecen para la literatura.
Como otra dama, discapacitada, que acaba de cumplir 50 años. Ella cuenta haber mantenido con JMS una “historia de siete años”. Desde que era adolescente.
Confiesa, en su blog, que lo extraña.

Días del pecado

Nuestro Lugo de referencia, JMS, justo ahora que se encuentra tan bien posicionado en la jerarquía, debe toparse con las gotas espesas del fervor diseminado. En su derrotero. Lo llaman “El Obispo Adúltero”.
Se retoman, misteriosamente, las demandas judiciales. La presentada por la Dama Infiel. Hoy tratada como la “adúltera” (Expediente 26201, 1995).
Y la del Marido Burlado (Exp.21039, 1995). Fueron unificadas, ambas causas, a los efectos de las sentencias.
Tanto en Primera Instancia, en junio de 1998, en el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil, N°76.
Como en la segunda, fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Sala G. Doctores Greco, Montes de Oca y Belluci. Mayo de 1999.

La historia arranca, y en simultáneo culmina, con el dolor humillante del Marido Burlado. Con el matrimonio roto, después del descuido. Dos hijos, hoy adultos.
Y con la muerte del desdichado, ocurrida en julio del mismo 1999.
Según denuncia González, pocos días antes de morir, el Marido Burlado, enfermo, se apersonó ante la sede del Arzobispado.
Si no habló con el compañero Cardenal, fue con alguien que, oficiosamente, lo representaba.
A los efectos de pedir, con resignada impotencia, el castigo ejemplar para el párroco “de bragueta fácil”. El que le había soplado la mujer.
Se desprende del expediente que JMS, nuestro Lugo, habría comenzado a amarla, a la Dama Infiel, en la Parroquia de San Cayetano. La misma que es depositaria de tantos miles de pedidos suplicantes de trabajo, en especial los días 7. Para continuar la faena cotidiana de la fornicación, incluso, cuando el párroco fue trasladado hacia la Iglesia Santa Rosa de Lima. En Pasco casi Belgrano.
Para tenerla cerca, a su Camila, el sacerdote, JMS, como corresponde a un sediento español enamorado, la hizo ingresar en el Colegio Patrocinio de San José.

En la versión, quien recibió al Marido Burlado, en nombre del arzobispo, supo contenerlo. Pese a que se encontraba en tratativas, bastante adelantadas, con la muerte.
En la sede del Arzobispado le prometieron, al pobre cornudo, investigar. Le pidieron un poco de lo único que ya no tenía más. Tiempo.
Porque el desdichado se murió. Nuestro Lugo, en cambio, fue ordenado, en el 2000, como Obispo.
Con el desdichado muerto, volvía la paz. De repente pudo no haber pasado nunca nada.
“Todo está como era entonces”. Engañosamente.

Misas Tridentinas

La cuestión que el expediente fue desempolvado. Once años después. Alguien recurrió a los papeles.
“La historia siempre se supo, Rocamora, tal vez se esperó el momento propicio para accionar”, nos confirma la Garganta.

“La persona que avisó, la que entregó el documento al denunciante, no podía soportar más tiempo esta injusticia que conocía”, continúa.
“Es un tema de conciencia”, sintetiza.

Es posible que se asista a las vísperas de un movimiento para incomodar al compañero Cardenal. Bergoglio. Curiosamente no viene por el lado de Verbitsky, el perseguidor oficial.
Probablemente el oficialismo episcopal no supo calibrar, en su justa tonalidad, el fruto de la propia intolerancia.
El menoscabo, para ser precisos, hacia la hipersensibilidad de los católicos tradicionalistas.
Los adictos a los atributos de la Misa Tridentina. Celebradas en latín. Con su liturgia específica. Las que prosperaban en una capilla que estaba casi abandonada en el barrio de Flores. Por Rivera Indarte y Baldomero Fernández Moreno. La Capilla del Sagrado Corazón.
“Pero Bergoglio la hizo cerrar”, confirma otra Garganta.

Otro cura consultado nos esclarece técnicamente:
“La misa tridentina es el modo extraordinario del rito romano”.
Codificada, la Misa Tridentina, por San Pío V, después del Concilio de Trento.
“Son los desestabilizadores litúrgicos los que desempolvaron el expediente de JMS”, asegura otra Garganta. Sugiere que el Portal debería también anexarse al inconveniente del silencio.
“Se reflota el tema del Obispo adúltero sólo porque se trata de un colaborador sustancial de Bergoglio”, agrega. Y en voz baja, casi susurra: “Vienen por El Cardenal, no se confunda”.


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